¿Quién escribió la necrológica de Tabucchi?


Por Celina Salvatierra

Escribir una necrológica es trazar un puente con palabras. Contar un poco que, un personaje público y noticiable se ha ido, y los requisitos indispensables que podrían consolidar el mito de la inmortalidad. Decir porqué su presencia ineludible estará en la memoria colectiva. Necrologizar, podría ser, valga el término, dar consistencia a lo que se está esfumando, hacer con palabras una foto, un recorte sobre la vida de alguien y –tal vez/según el caso– explicitar porqué es que quien se ha ido (lamentablemente, siempre es así) ha de ser recordado.

Bueno, las necrológicas se volvieron un tema que reviví dentro de mi interés gracias a Sostiene Pereira, en ocasión del fallecimiento de Tabucchi y a propósito de preguntarme, como no pocos, ¿quién escribió la necrológica de Tabucchi?.

El asunto es que, reitero, escribir un obituario no es cosa fácil. El camino se vuelve sinuoso. Puede ser en el mejor de los casos liberador para quien escribe, o poco comprometido y clausurado dirían mis amigos derridianos. Simplemente lanzarse a construir un artefacto que despega solo, más allá de lo que el personaje-vida ha sido, simplemente, en un acto de egolatría de su redactor, que en el mejor de las veces pudo haberlo conocido, o aún más excelente; haber sido amigo de.

Por todo esto me puse a pensar en los insumos de este género periodístico que camina por el rango de periodismo narrativo; por sus connotaciones poéticas y la reconstrucción del personaje; por todo eso que desea  hilos para tejer nuevos entramados, por todo lo que implica.

Seguro que si me hubiese tocado a mi hubiera descartado los títulos académicos y los demás de rigor; el número de hijos-árboles-libros producidos; y hubiese acentuado derivas por barrios bohemios; el compromiso con el contexto histórico, /librosleídos-escritos/historias coleccionadas, el amor al periodismo y la enseñanza sobre el oficio.

Quizá haya quien prefiera explicar ese proceso de transformación desde lo más simple de lo cotidiano. Tal vez pudiera decirlo todo narrando una escena. Una anécdota.

De cualquier modo sigo pensando en la difícil tarea de escribir algo así como una necrológica. En la genial verosimilitud del inmortal que escribe su autonecrológica como expresión de deseo.

Todo esto me lleva a considerar interrogantes personales que se vuelven tropos: la cercanía de la muerte, la ausencia/presencia; los acontecimientos fortuítos: léase sismos, rayos que caen a pocos metros, la pregunta transferida a otros y que refiere a su propia muerte y el punto determinante de cumplir una equis cantidad de años que no será jamás duplicada antes de encontrar la muerte.

El hecho de haber hallado que otros hacen ejercicios similares, o que éstos aparecen en la literatura  (Glaxo).

Una necrológica es definida como la biografía de una persona en ocasión de su muerte. En los manuales de estilo y periodismo incluso hay quienes detallan su estructura que destaca los aspectos más notiacibles, que a veces evidencia y otras calla el motivo del deceso y que después cuenta más o menos cronológicamente aquello que es indispensable.

En Sostiene Pereira Tabucchi cuenta la historia del periodista que escribe necrológicas políticamente correctas, aunque la mutación del personaje lo lleva a aplaudir que se diga algo más sobre la muerte de García Lorca. Por esto, retomo la idea de que una necrológica, aunque pertenezca al género que tiene menos hojas de manual destinadas, y a pesar de que vaya el 90 por ciento de las veces en “servicios” o en “información general”, es un género que nos permite denunciar, volver a mirar el presente para cambiarlo, y que nos hace conscientes de que sólo somos dueños de este preciso minuto.

Finalmente, sobre la pregunta ¿quién escribirá la necrológica de Tabucchi? la respuesta es Vila-Matas. Hacé click para leer la nota de El País.

Otro link o necrológica.

 Sostiene Pereira.

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Un comentario en “¿Quién escribió la necrológica de Tabucchi?

  1. La muerte es, quizás, ese lugar en el que cesan las palabras. Sin embargo, a sabiendas de esa imposibilidad ensayamos preguntas, preguntas infructuosas de antemano. O tal vez, no. Tal vez, hay preguntas como las de este artículo. Me encantó!!!!

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