De las cartografías virtuales

Por Celina Salvatierra

Los más apocalípticos y críticos de las nuevas tecnologías y sus posibilidades miden hoy su alcance destacando una brecha, no solo de acceso sino de conocimiento, de la mano de un indicador estadístico, esto es, pensando si las redes, si Internet es un bien al que todos, sin importar condicionantes geográficos o políticos y sociales logran acceder y operar.

Pensando en esto es que no he logrado encontrar ni en mi memoria ni en publicaciones momentos en los que los medios de comunicación hayan estado al margen de las tensiones y condicionantes que impone la Historia, sus asimetrías en torno al poder, y recuerdo entonces en específico a los debates de hace 40 años, sobre la necesidad de equilibrio en la información cuando (al menos en apariencia) dos fuerzas mundiales se disputaban el mundo.

Más allá de estos elementos que marcan el terreno de estos debates, quiero pensar en los alcances de Internet y de las redes sociales y su relación con el conocimiento y la comunicación, y en segundo términos su aporte a la construcción de una Sociedad del Conocimiento y de la Comunicación; no tan sólo de la información, pensando que esta variación de términos tiene implicancias políticas y sociales en pos del cambio.

Un indicio de lo expuesto a favor del modo de relacionarnos que formulan las redes sociales tiene que ver con la posibilidad de pensar al mapa virtual, pero también al “real” es decir, a  las redes de ordenadores interactuando y extendiéndose geográficamente a la medida del territorio mismo. Ahora bien, ¿qué con esto?.

En El Hacedor Borges cita a Suárez Miranda en sus Viajes de varones prudentes, refiriéndose al mapa que, es de igual tamaño que el espacio geográfico percibido. Es decir un mapa de un imperio que tenía el mismo tamaño que el imperio. He aquí el fragmento (leído por el mismo Borges).

“En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al Estudio de la Cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas”.

Suárez Miranda: Viajes de varones prudentes, libro cuarto, cap. XLV, Lérida, 1658.

La afirmación de Borges nos lleva a pensar en que el valor del mapa es la síntesis, su capacidad de representar según una escala.

No obstante, los mapas que hoy se diseñan y se utilizan en las redes sociales, en Internet, tienen que ver con la posibilidad de crear un mapa aún más grande de los objetos que representa (cualquier persona con conexión en el planeta puede conocer qué ocurre en el Zócalo de la Ciudad de México mediante el uso de cámaras en Streaming y ubicarse mediante el uso de Google Maps, o conocer posibles recorridos entre dos puntos, con GPS) pero más allá de estas opciones, las totales se multiplican: en el sitio chicago.everyblock.com/, puede verse una radiografía del crímen en Chicago, teniendo como herramienta esta base de datos actualizada automáticamente y desplegada en un mapa electrónico.

Recuerdo que una vez le comenté a una amiga que es experta en redes sociales y comunidades que la aplicación Storify podría concentrar, básicamente todo lo que organizaba una puesta en página, un reportaje periodístico de los que los diarios escritos publican en varias páginas mediante la combinación del uso de distintos géneros y voces, para armar diferentes aspectos de una misma historia.

Mi amiga me dijo “no. Los formatos de los medios virtuales tienen profundidad. Los usuarios pueden armar el orden de la historia por sí mismos, buscar otras fuentes, ir mucho más allá del medio mismo”.

Una gran lección.

Este mapa interactivo del crimen en Chicago respondia así a preguntas tales como ¿qué pasa a mi alrededor? ¿es peligroso mi barrio? ¿es peligrosa la zona que rodea la plaza donde juegan mis hijos? ¿compro un departamento en esa calle? ¿Es peligrosa de noche la zona donde está ese restaurante?. Y las respuestas vinieron de los vecinos. Entonces, no sólo debemos considerar la posibilidad de representar, sino también la de interactuar y construir juntos un mapa social que refiere al mapa del crimen, que refiere al mapa geográfico, es decir, con una profundidad infinita que se organiza en torno a un tema. Así las palabras claves que colecciono son representación; interacción, profundidad, y organización ciudadana.

También en un ensayo publicado por #ND, “Máquinas deseantes en el desierto de lo real”, Fabián Giménez Gatto  decía que, “parafraseando a Michel Foucault, las prácticas discursivas y no discursivas hacen entrar a lo real en el juego de lo verdadero y de lo falso. En Internet, la virtualidad es, para muchos, el mapa que precede al territorio, la quintaesencia de la simulación, la crisis de lo real” pero para otros, la virtualidad es una instancia de profundidad y de escritura hipertextual, o transtextual nunca antes vista.

De hecho, la iniciativa interrelacional que los ciudadanos del Distrito Federal desarrollan desde hace tiempo en Twitter, tiene mucho de eso, quizá aún sin cruzar bases de datos o sin analizar en profundidad las limitaciones de accesibilidad sino potenciando en términos de herramientas tecnológicas, y capacidad para organizarse. Lo que ha hecho es crear cuentas en Twitter para dar anuncios, mensajes y avisos sobre lo que ocurre en las colonias (LasAguilasDF, EnCoyoacán, Narvarte, LaNapolesDF, LaRomaDF, entre otras). No se sabe si fue primero la amenaza de la violencia que traspasó los límites de la ciudad –hacia dentro–, o si una idea creativa que depende más de la necesidad de vincularnos, ( o ambas) pero esta conexión entre vecinos, que además están empezando a conocerse personalmente es un éxito en términos de otorgar información y permitir el intercambio.

Entonces, la pregunta es ¿contribuye la virtualidad a pensarnos de un modo distinto –a organizarnos y vincularnos también en el territorio que llamamos real?

Google Maps, Chicagocrime y otros miles de mapas que cada día aparecen en Internet (Googlemapsmania) son posibles gracias a la cartografía global, pero no son mapas sin profundidad como sus antecesores, sino que nos ofrecen navegar en la red y monitorear lo que pasa en nuestra calle, en nuestra esquina, y mucho más. Esto evidencia que seguir pensando a la Internet como en momentos en los que sólo nos permitía chatear o leer diarios refiere a un desfasaje que no considera la capacidad de representar, crear y organizarnos.

*@celinasalvatie

Lic. Com. Social, periodista digital.


 

 

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