La carta de un escritor: escritura y praxis

Foto: http://sharonfrost.typepad.com/day_books/
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Se dice de Rodolfo Walsh que quizá no ahondó en complejos y laberínticos experimentos de la literatura, pero en cambio, inventó (si, antes que los norteamericanos Truman Capote y Tom Wolfe) la no ficción; el periodismo narrativo. Como si eso fuera poca cosa, un distintivo esencial fue el compromiso político y social con su realidad. El autor de la Carta abierta a la Junta Militar, leída tantas veces por los estudiantes de periodismo y utilizada (bien o mal) por las dirigencias, es el disparador de este ensayo. Su autor, Jorge Spíndola, lo titula “Walsh, la escritura y la praxis”.

 

“De todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía”. R.W.

 

De los múltiples oficios terrestres en la vida de Walsh, hay tres que definen su paso por el mundo: el escritor, el periodista, el militante revolucionario. Una praxis vital que reunió cuerpo y lenguaje como nunca antes en la literatura argentina.

 Arrastrado por las circunstancias, como el mismo lo dice, se sumó al movimiento intelectual y político de resistencia que surge tras el derrocamiento de Perón en el 55. Es en ese período en el que saldrá de su perplejidad más intima hasta llegar a escribir Operación masacre, la novela de investigación que fue más allá del contrato entre escritura y realidad que había profesado el verosímil realista. “Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior – escribió en su brevísima autobiografía[1].

De la intimidad de las batallas del ajedrez, de las charlas en el café o en las redacciones de diarios, fue arrastrado a los basurales de José León Suárez, basurales de la historia, para desenmarañar los indicios del Terrorismo de Estado, aquellos fusilamientos nocturnos de la llamada “Revolución Libertadora” que reinstaló en el poder a los sectores oligárquicos aliados al capital extranjero.

Aquel amenazante mundo exterior instaurado por La Fusiladora es reconstruido minuciosamente y luego denunciado por Walsh en ese impresionante ejercicio de contra inteligencia y denuncia que resulta ser su novela. Cada renglón de Operación Masacre, cada dato allí escrito, está corroborado por sitas que remiten a testigos reales, a testimonios, lugares, fuentes de verdad y no de “verosimilitud aristotélica”. Hay un contrato riguroso entre la búsqueda de la verdad y la escritura.

 “Haciéndola, comprendí”, dice Walsh cuando se refiere a su novela. Comprender desde una hacer- escribir, comprender como una actividad, una construcción que lleva tiempo y análisis , y materiales muy concretos, y voces y datos y pistas que él debió seguir, aún a riesgo de llegar a ningún lado para volver a empezar y hablar con otros y modificar lo escrito porque lo que se modifica es la comprensión de los hechos. Una escritura como praxis, que se hace construyendo nuevas formas de aprehensión de ese mundo amenazante.

Efectivamente fue él quien dio las claves de comprensión y denunció la acción de los grupos paramilitares y parapoliciales vinculados al bajo mundo del delito y su actividad terrorista sobre la clase obrera y los militantes de La Resistencia. Su trabajo intelectual y político implicó un salto de comprensión, salto que fue posible gracias a su propia escritura realizada dese su compromiso con los cuerpos que quedaron inertes y los cuerpos que huyeron desesperados bajo la noche de José León Suarez, una noche de 1957.

De allí en más Walsh será Walsh, el que hoy conocemos y mejor recordamos; un hombre y una escritura llevados y traídos por los tiempos, como él afirma. El escritor revolucionario, que exactamente 20 años después, el 24 de marzo de 1977 va a publicar  la Carta de un Escritor a Junta militar de Gobierno.

La Carta de un Escritor

Pasaron 20 años desde los fusilamientos de José León Suárez y de Operación Masacre. En ese tiempo Walsh fue criptógrafo en Cuba, secretario de prensa de diversas organizaciones revolucionarias, fundador de agencias de noticias legales y clandestinas, militante de las FARP y luego de Montoneros; dirigente crítico y resistido por la conducción de sus organizaciones. Denunció errores estratégicos gravísimos y otros tácticos de la lucha armada en general que costaron vidas de muchos cuadros revolucionarios, entre ellos su amigo Paco Urondo.

Pasaron 20 años y aquel hombre que, desde su escritura, fue reconociéndose a sí y su historia, hoy está “hasta las manos”. Es marzo del 1977, tiene una hija muerta en un enfrentamiento armado; su organización está destrozada, sus mejores amigos muertos o en el exilio, vive de incógnito y perseguido. El país está en manos de los mismos sectores que el denunció en la década del cincuenta; las organizaciones populares políticas y armadas surgidas a la luz de la resistencia y de la perspectiva del  socialismo latinoamericano están derrotadas por el nuevo Terrorismo de Estado que ahora es una máquina extraordinaria a la que ya no le alcanzan los basurales; hay campos de concentración, tortura sistematizada, vuelos de la muerte, secuestros y desaparaciones a lo largo y ancho del país e incluso un Plan Cóndor dirigido por la CIA que une a las dictaduras sudamericanas en su práctica genocida. Martínez de Hoz es el protagonista central de la enajenación y endeudamiento más veloz que haya  vivido la nación.

En ese contexto Rodolfo Walsh escribe la Carta de un escritor a la Junta Militar, a un año de su gobierno. Y nuevamente cada renglón, cada afirmación, cada denuncia que allí realiza puede ser leída y corroborada en ese mundo exterior amenzante. Una carta cuyo texto hace visible lo que ocultan los genocidas en complicidad con los medios de comunicación y propaganda sobre la población.

Esa Carta constituye un nuevo salto de comprensión ante un terror inédito ahora desatado en cada rincón de la Argentina. Según Lilia Ferreyra, su mujer, hoy sabemos que Walsh (sabiendo que en cualquier momento venían por él) se pasó al menos tres meses escribiéndola, reuniendo los datos precisos, haciendo inteligencia, redactando, ordenado cada uno de los párrafos que remiten al accionar militar, económico, político y a las consecuencias, el país que dejaría la dictadura cívico militar, proyectando ya la cifra de entre 15.000 y 30.000 desparecidos. Otra vez, su escritura es una actividad rigurosa de comprensión y de denuncia acerca de las causas y las consecuencias  históricas del Terrorismo de Estado sobre los sectores populares. Confrontar los relatos del poder, denunciar sus prácticas lo obligaban a crear escritura y con ella un tipo de conocimiento vinculado a la memoria y la verdad de las víctimas.

Una memoria- verdad que hace visible a aquellos y aquello que los vencedores estaban haciendo desaparecer. Decía W. Benjamin que el sujeto capaz de contemplar esa totalidad de la historia sería capaz también de contemplar en el presente lo que está en peligro de ser excluido, es decir, la totalidad del presente. Ese sujeto, capaz de contemplar y comunicar esta verdad íntegra, no es una persona cualquiera, es el que vive “un instante de peligro” y es capaz de avisar a los demás.

A 35 años de la desaparición de Rodolfo Walsh, su Carta de un Escritor a la Junta Militar, debe ser repensada como parte fundamental de la memoria de nuestro pueblo, aquel que tiene historias y héroes distintos a los de las clases dominantes, como el decía. Pero una cosa más: no debiéramos olvidar que Walsh firmó esa carta como escritor, más aún tratándose de él, un hombre cuya escritura se construyó con una precisión de bisturí, no debiéramos dejar pasar por alto ese título: Carta de un escritor.  Un texto literario que marca el final de una experiencia vital, que hizo de la literatura un acto cognitivo en búsqueda de la verdad, hasta comprometer su cuerpo y su propia existencia.

“Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que la literatura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez”, escribió Walsh alguna vez. Releer la Carta 35 años después, sigue siendo una invitación a nuestra lucidez, a comprender aquello que hoy sigue en riesgo de desaparecer.

*Jorge Spíndola C.

Nació en Comodoro Rivadavia, Patagonia Argentina, 1961. Actualmente reside en Valdivia, Chile. Licenciado en Letras por Universidad Nacional de la Patagonia. Cursa el Doctorado en Ciencias Humanas de la Universidad Austral de Chile.

Ha publicado: Mátame si no te sirvo, Editorial Último Reino, 1994. Calles laterales, Editorial Sur del Mundo, 2002. Jerez volcado, Editorial Suri Porfiado, 2008.

Docente de Arte y Literatura. Fundador de la Biblioteca Rodolfo Walsh, Trelew. Integra el Colectivo Artístico “Bajo Los Huesos”.

Integra el Consejo de redacción de La Costurerita, revista de arte y literatura Argentina. Integra la Cátedra Libre de Pueblos Originarios de la UNP.

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