Thoreau: “simplemente desobedece”

Por Celina Salvatierra

¿Qué tienen en común Gandhi, Tolstoi, Emma Goldman, Martin Luther King, Assange y los hackers?

La respuesta correcta es Henry David Thoreau.

Situémonos. Son los albores de la era de la industria. Henry David Thoreau, filósofo, naturalista, escribe “Desobediencia civil” (1849) obra que posteriormente influyó en el accionar de figuras diversas previamente detalladas. Sólo por mencionar algunas anécdotas: Gandhi contra el Black Act, Martin Luther King, en apoyo al boicot contra el encarcelamiento de Rosa Parks (la mujer que se negó a dar su asiento a un blanco); y Emma Goldman en la defensa de su propia ciudadanía, esgrimiendo su libertad individual de disentir.

Los principios de esa herramienta política que sigue viva hasta nuestros días, tiene como centro a la acción ciudadana desobediente, insurrecta, aquella que subvierte, que no apoya al Estado por el solo hecho de hacerlo si éste no da cuentas de sí mismo.

La idea de Thoreau es diferenciarse de aquellos que parecían máquinas, no pagando impuestos para el apoyo a la guerra de EEUU contra México; como forma de manifestarse contra la esclavitud, lo que deviene en una noche de encarcelamiento. Si el Gobierno no representa lo que desea el ciudadano que lo votó, entonces, cabe la acción directa. Y vale aquí hacer una aclaración que se desprende de la lectura de “Desobediencia civil”: el insurrecto debe ser un ciudadano cabal y el Estado, debe respetar los derechos del infractor. Otro cantar será si hablamos de sistemas carniceros y despóticos, donde no se garanticen derechos y, por el contrario, se utilicen vías alternas para acallar al denunciante. La desobediencia civil se vuelve así una radiografía del funcionamiento de la sociedad, una crítica al voto, –desenfundando la espada de la intervención ciudadana—y pone en escena a la libertad de expresión y la individualidad del pensamiento.

 Al ser apresado durante una noche, Thoreau se muestra de manera pacífica y pública en contra de una ley que afecta a terceros, y así escribe. Traza entonces precedente para formas de participación política que llegan a violar la norma, pero teniendo como fin que se modifique. Detrás de esa idea estuvieron Gandhi y Martin Luther King, como ya se dijo pero también Tolstoi quien apoyó claramente a los “doukhobors”, una secta protestante pacifista rusa que se negaba a cumplir con el servicio militar.

El ensayo de Thoreau aparece en las lecturas de estos pacifistas, y también emerge entre los principios de la “Desobediencia civil eletrónica”, cuyo primer antecedente es a fines de los 90, y como acción del colectivo Critical Art Ensemble (CAE) que desarrolló la táctica de la amenaza simbólica fundamentada en el bloqueo a páginas oficiales en reclamo por las acciones de sus gobiernos. La acción más representativa de esta modalidad de cibersabotaje FloodNet con el que se recargaron y “tiraron” páginas de distintos órganos oficiales que se oponían a movimientos sociales. Más allá del fenómeno “viral” de Thoreau, lo más destacable, quizá, es en realidad el procedimiento de escritura y funcionamiento del ensayo personal como herramienta de transformación.

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Portada del nuevo cómic de Thoreau “La vida sublime”.

DEL ENSAYO COMO FORMA INSURRECTA

Siguiendo a su mentor Ralph Waldo Emerson, Thoreau cree en que cada quien tiene en su individualidad una expresión de humanidad compartida; por tanto, no elige como sintaxis para sus postulados un alegato teórico o un llamado político a la insurrección sino un ensayo libre, precisamente esa forma de escritura que apela al encuentro de otros a partir del yo. Su intención parece ser poner en palabras el paso por el encarcelamiento bajo un fin, quizá premeditado, incluso antes de cometer el delito: el de hacer un distanciamiento de sí mismo para encontrarse, comprenderse y comprender mejor a los habitantes del Estado contra el que protesta.

El ensayo personal o ensayo libre puede ser pensado bajo estas señales como género literario. Tiene como formas de reconocimiento la elección de una forma insurrecta: puede ser en parte un cuento, narración, argumentación, poesía, puede usar palabras de otros sin citar, puede hacer uso de las notas al pie al mejor estilo macedoniano, referirse a obras aún no escritas (hay toda una interesante lista de autores del ensayo de ficción, siendo quizá Borges, quizá el más leído en Pierre Menard), puede ser quizá y por momentos una crónica; presentándose como género artístico anfibio que genera cierta urticaria cuando niega, desde el adjetivo “libre” la posibilidad de ser institucionalizado o convertido en forma escrituraria académica. El ensayo libre o personal utilizado por Thoreau también es distanciamiento y proceso, y se puede llamar tal ante la evidencia de una transformación.

Dice Thoreau: Estar tendido allí aquella noche fue como viajar a un país remoto que jamás hubiera esperado conocer. Me pareció que nunca antes había escuchado las campanas del reloj del pueblo ni lo ruidos de la noche (como corresponde a una jaula, dormíamos con las ventanas abiertas). Era como si contemplara mi ciudad natal a la luz del Medioevo y nuestro río Concord se hubiera convertido en un brazo del Rin, con visiones de caballeros y catillos desfilando ante mí. Lo que yo oía eran las voces de los antiguos burgueses en las calles.  Me convertí en el espectador y oyente involuntario de todo lo que pasaba y se decía en la cocina de la posada contigua: una experiencia  totalmente nueva y extraña para mí. Fue un acercamiento más íntimo a mi pueblo natal. Estaba completamente dentro de él. Nunca antes había conocido sus instituciones. Y puesto que es cabecera de un condado, me encontraba en una de sus instituciones más peculiares. No fue sino hasta entonces que empecé a comprender de verdad a sus habitantes.

 

En el mismo sentido, en “Walden” (1854), otro de sus ensayos personales, Thoreau se somete a un proceso parecido. Quiere experimentar el distanciamiento, y parte al bosque casualmente en el día de la independencia norteamericana (4 de julio) cerca del lago Walden, abiertos los sentidos para escribir. El cambio, la metamorfosis, parece aquí en auspicio de la vida natural y lejos de la sociedad industrial y lo explica del siguiente modo:

Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido.

Thoreau, el ensayista libre, escribe de esa manera una obra fundamental: un manual sobre cómo crear una separación en torno al mercado, en defensa de una libertad individual, no ya sólo contra los abusos de la institución Estado, sino también como forma de vida. En su técnica, el arte de observar se afila: en el bosque, los detalles inspiran reflexiones y, por ende, nuevas dimensiones.

El tiempo sólo es el río en el que voy a pescar. Bebo en él; pero mientras bebo, veo el lecho arenoso y descubro cuán superficial es. Su fina corriente se desliza a lo lejos, pero la eternidad permanece.

En la premisa de “vivir intensamente de principio a fin” propuesta en “Walden”, el narrador encuentra el fundamento: mirar allí donde parece no haber posibilidad de transformación, y percibir la belleza, para dar lugar al cambio.

Es aquel potencial transformador el que emergió a fines de los 90 y parece sostener hasta hoy la performance activista en el ciberespacio.

Después del  Critical Art Ensemble (CAE)  hubo otros, siendo quizá el más sonado el fenómeno Assange y Wikileaks, los anuncios de la comunidad Anonimous y los movimientos ciudadanos organizados en redes sociales que derivaron en protesta callejera como el Yosoy132 en México. 

En estos días, la campaña para la libertad de Edward Snowden y Bradley Manning, y la reciente reunión de Richard Stallman y Julian Assange difundida en Twitter por Wikileaks, renueva los pensamientos asociados a la desobediencia civil, bajo la frase de “Yes we can” utilizada en la campaña electoral de 2008 del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. El “Vuelo de la Libertad’ parece haber sido pensado para  Thoreau y en bandeja. La convocatoria podría explicarse al reparar en la web Darket Net, que refería al plan de viaje de Snowden hacia Latinoamérica bajo ‘escudos humanos’ de relevancia internacional.

Estas tentativas dejan a la luz porqué los hackers y crakers son un principal problema de los sistemas de seguridad estatales (que como está probado, tienen sus propios dispositivos de espionaje): es que esas comunidades no están interesadas en el rédito económico sino que, para gusto de Thoreau, se apoyan firmemente en sus chances de transformarse en un factor para el cambio.

Thoreau, Henry David. Desobediencia civil. Editorial Tumbona, 2012, México.

 

 

 

 

 

 

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