Elogio del fan, o lo que ocurre cuando pedís un autógrafo a Bellatin

Cholulo:  palabra de uso cotidiano en Argentina. Muchas veces se usa como peyorativo de “fanático” “fan” o “admirador”.

http://forum.wordreference.com

Por Celina Salvatierra

Cinco elementos. La máquina de escribir de sus 8 años, el asma o la enfermedad toda, los perros, la bicicleta y la escritura. Objetos que permanecen. Que no tienen un significado más o menos profundo, pero que generan historias. Quizá la máquina da esa atmósfera de supervivencia, (pero eso es mío). Él, en cambio dijo que hay investigaciones sobre sus textos y que hay pruebas de que esa máquina de escribir lo acompaña desde hace décadas. Que la enfermedad se evidencia en su inhalador, el que al fallar demuestra una dependencia que parece no tener inicio ni final. Al parecer lleva en el bolsillo el spray porque lo necesita, por su dolencia misma, o reflexiona –quizá la necesidad de estar enfermo se hace presente gracias a un fetiche–. Después aclaró que los perros están ahí porque así es. No se cuestiona cuánto le gustan, o siquiera si le gustan. Lo que sí estuvo presente: el miedo de “no ser” (escritor?). MARIO BELLATÍN WAS THERE.

“Un escritor es un menospreciado”.

MB comentó desde una mesa ubicada a lo alto que cuando vivió en Cuba aprendió lo que significa “no ser”. No es que te encarcelaban si eras disidente sino que te daban un trabajo en una biblioteca y te confinaban a vivir sin publicar, sin poder compartir lo que se escribe. A él no le pasó, claro. Pero como todo ser sensible, como escritor, lo recuerda. Terrible, el no ser pensado por un sistema con sutileza, el no ser. Él es, claro. Todos lo sabemos menos uno de entre el público (que llegó tarde) que le pregunta de qué vive. De escribir, dice y pide perdón por usar la pregunta para ejemplificar lo que venía diciendo. Porque escribir es entonces aquello que emerge como búsqueda, como proceso, ni siquiera importa saber si estamos realmente enfermos, para vivir la escritura como síntoma y como cura. Él sabe que, puede que cuando la escritura brote a borbotones, será momento de jugar (otra vez) con la idea de la dependencia infinita. El estigma que por invisible quizá sea de verdad terrible.

AMORES; RECUERDOS; PAÍSES. PASAN. (MB nació en México pero fue llevado de niño a Perú, y ha vivido en distintos países aunque dijo que ya decidió morirse en su país natal). Pero ciertos objetos permanecen, nos definen y abren portales al descubrimiento de ese camino de búsqueda, de esa forma de hacernos la pregunta acerca de lo que somos y lo que no.

Entonces, al mejor estilo de mi presidente Cristina F. frente a la embestidura papal, lo besé como la más vergonzante de las cholulas, como quien esconde cierto temor de tocar y por eso, romper el protocolo. Le pedí un autógrafo, a pesar de que la noche anterior habíamos estado hablando de eso con compañeros de escritura en la presentación de un libro de un maestro que, intenta ser vagabundo y sin embargo “es clavado”. Discutíamos sobre pedir autógrafos. La pertinencia de acercarnos a los autores que admiramos (no es regla) y pedir que, inmortalicen nuestro nombre en las páginas en blanco que las editoriales dejan quizá como señuelo, como estrategia de mercado, apuntando claramente al nicho de los cholulos. Entonces, entre Montejo y Pacífico heladas, decían lo ilógico de pedir un autógrafo si el escritor no te conoce, si no sabe quien sos. “D” decía que había pedido un autógrafo a un escritor ya anciano que no tenía ni la menor idea de quien se lo pedía, y además justo un par de meses antes de que éste se muriera. Entonces el resultado había sido una onomatopeya surrealista, algo así como una palabra equis; que dejó traumado a mi amigo y a su libro con una marca absurda.

También hablamos de la necesidad de robar libros, de las estrategias, de las librerías más vulnerables, de las penas que podrían aplicársele a un ladrón en México, y del perfil profesional que tenía uno de mis compañeros de mesa y de charla en lo que refiere a este arte. Nos dijo que hasta un malhechor de su talla tiene reglas: no robar a escritores vivos ni a editoriales independientes. Al día siguiente, recordé la charla. Y me quedé pensando que quizá eso ocurra con los cholulos: queremos robarnos las ideas de los grandes escritores, y hacerlas nuestras, observar sus estructuras desafiantes, los sentidos que le imprimen a las cosas y dormirnos bajo la sombra, hasta que llegue el momento de tener una voz o la suficiente sensatez para darnos cuenta de que es más productivo leerlos en serio, quizá coleccionar sus libros pero más que nada criticarlos, y porqué no? tal vez amarlos y por eso también odiarlos.

Debo decir por otra parte que no sé cómo se pide un autógrafo y que por eso, ensayo. Siempre me pongo nerviosa, sudo, y el peor de los minutos es cuando me emociono y lucho por esconderlo. Se los he pedido a mis maestros Cristina Rivera Garza, Ana Clavel, a Luigi Amara, a Vivian Abenshushan, y a otros, aquí en México. Nunca lo hice antes, aunque me tocó estar frente a frente con personas conocidas públicamente cuando era periodista de papel. Afortunadamente México me ayudó a explorar lo que realmente me describe: la certeza de entender que un autógrafo se consigue en un segundo o no se consigue nunca más. Hay cierta clase de oportunidades que por deducción, sólo llegan una vez.

A todo esto, Mario tomó el libro entre la barbilla y el hombro, como si fuera un violín y firmó. Antes de terminar de inmortalizar mi ejemplar de El libro uruguayo de los muertos, el bolígrafo dejó de funcionar (quizá por la inclinación?) entonces, Bellatin metió la mano en su morral de piel y sacó uno propio. Con afecto, Mario. “2013″. Y yo fui feliz habiendo probado una vez más mi cholulaje. Porque el otro no sabe quien sos, pero nadie nos quita los tres (?) minutos insignificantes en los que estamos cerca de un ente al que quisiéramos robarle alguna idea existencial, aunque sea nada más y sobre todo, para alimentar nuestra pasión por la literatura. Finalmente, todo eso ocurre cuando el escritor dice “con mucho gusto” y pone el gancho.

 
Anuncios

2 comentarios en “Elogio del fan, o lo que ocurre cuando pedís un autógrafo a Bellatin

  1. Buenísimo, Celina! A Luigi lo conocí en 2007 en una feria de editoriales independientes en La Pirámide. Mi acompañante y yo nos quedamos perplejos al saber que Luigi estaba ahí. Nos lo presentaron y después nos dijo “pues vayan por un mezcal” y se acabó. jajaja… como buena víctima del cholulaje, me inscribí a sus talleres en el PEC. Hay que ser fan!

    Me gusta

    1. Si, la cultura del fan presente. Sobre todo si es gente que despierta desafíos o interrogantes para escribir. Respecto al mezcal…eso es muy Luigi!!! genial el profe.

      Me gusta

Los comentarios están cerrados.