De la historia y (pre) historia de EL BÚNKER

Por Celina Salvatierra

https://twitter.com/CelinaSalvatie

 

NO SÉ SI ALGUIEN HA CONTADO cuántos escalones separan la planta baja del segundo subsuelo de nuestra universidad. No sé si han reparado en cuántos peldaños unen como cordón umbilical y en espiral ese antro que podría representar la cantina y el comedor de los demás espacios signados por los horarios y los gestos de la vida adulta; si han huido o no de ese lugar en el que muchos evitábamos quedarnos demasiado de camino a las aulas. En el recuerdo, la cantina era uno de esos lugares etiquetados como evitables, pero es cierto, fuimos todos para allá porque era parte del itinerario. Parecía que transitar los mismos lugares (planta baja, estacionamiento, baño, aulas, cantina, a veces facultad) era lo único posible en el ejercicio de apropiación. Pero eso es prehistoria.

A veces, la experiencia no se puede compartir hasta tanto se encuentra para ella una sintaxis, una forma que permita poner en común, bajo la idea de universalidad de la experiencia humana. “Descender”, equivale ahora a descubrir una puerta ubicada en ese descenso.

De Certeau diría que con nuestros pasos hacemos la ciudad –podría aplicarse aquí los lugares, los cuartos de baño–, y que cargamos todo con nuestros espíritus y trayectorias.

Por eso, es de esperarse que si una se sienta dentro del famoso búnker haga lo que todos. Mirará las paredes, intentará leer sus frases, preguntará acerca de los pedazos de historia que se exhiben como consignas, como bromas, como golpe irónico-creativo al afuera. Entonces, podría llegar a ser lógico preguntar no sólo sobre los pasos que confluyen sino también por los discursos, por lo ya dicho, el manifiesto fernandista, en el que un fantasma recorre los pasillos de la universidad, por aquella foto de Freud, por estos cómics que están un tanto más acá.

Estando dentro, puede que alguien le explique que no se puede fumar (si no se puede fumar en la universidad, ¿porqué lo haríamos nosotros en este cuarto?). Y si se pregunta sobre lo que pasó después de la toma del edificio de la sede Comodoro Rivadavia (Patagonia) de la UNPSJB, en 2005, Lucho Serrats –uno de sus actuales impulsores y quien suele estar por esos lares—puede que le aclare que no estuvo en aquel momento. Entonces recurrirá a la memoria, a esas otras voces que están y que emergen de ese espacio.

Lucho es, por así decir, parte de una segunda ola, que inició cuando “alguien” le pasó la llave. Entonces, habría una historia del búnker, una que explica el dentro-fuera de él, y yo pienso que también otra, allá a lo lejos, cuando otros estudiamos y pasamos cuatro o cinco años por la universidad sin saber todo lo que podía decirse de lo que hay detrás de una puerta. Hay entonces un inicio rastreable después de la toma, con estudiantes de Letras que quisieron seguir pidiendo claridad, reordenamiento y participación estudiantil en el manejo de los fondos de la universidad y también un espacio libre, un reinicio de la etapa actual más volcada a un accionar concreto artístico-cultural, y por todo, por la historia completa, y quizá también por la prehistoria que esbozo, existe hoy una comunidad de referencia, en la que los profesores y los departamentos de Comunicación y de Letras se acercan a firmar y dar avales, en la que está –o quizá estuvo latente- el fantasma del desalojo pero también la fuerza de la voz y la experiencia de muchos.

Son 43 “pasos”. Bajar desde la planta baja de la universidad hasta el segundo subsuelo implica poner el cuerpo a 43 escalones. Vale decir que también depende de quien sea el caminante y de dónde se encuentre. De los recorridos que haya internalizado, del tipo de rutina que tenga. Se me ocurre que hay distintos modos de vivir este lugar material y simbólico por distintas razones que nos llevan a hacer otros recorridos, aunque cuando esos recorridos se cruzan abren los ojos a nuevas dimensiones.

 

Si se pregunta entonces, qué es el baño, qué representa El Búnker, Lucho aclara que depende bastante de la corriente o la agrupación a la que le toque contestar.

Para unos es el símbolo de la derrota (de no haber cumplido con la democratización de las formas de administración del presupuesto, por decir algún elemento que consideran); si el interrogante se formula otra agrupación, el búnker es un espacio simbólico donde se lograron reivindicaciones (por la participación comprobable que generó y su historicidad); y  tampoco faltan otros que dijeron que “no existe”, aunque las posturas cambiaron después de la asamblea.

 

Y QUÉ ES PARA VOS, EL BÚNKER.

El baño es un lugar que nace del espíritu de la toma, me dice. Cuando la movida estudiantil terminó, se supo que hacía falta en la universidad un lugar autogestionado, de construcción colectiva. Claro, se pensará que para eso están los centros de estudiantes. Pero no. La idea era no caer en asistencialismos y resignificar un espacio libre.

En aquella toma, en 2005, los estudiantes –mayormente de la carrera de Letras- permanecieron por las noches en el edificio de la UNPSJB. Entonces “alguien” avisó de un baño que había permanecido abandonado durante décadas, y otro “alguien” pensó que era oportuno entrar. Hubo ahí una señal de presencia de quienes conocen la universidad en esa otra dimensión, tanto como las palmas de sus manos.

Entonces, el cuarto del segundo subsuelo pasó a llamarse El Búnker.

UN BÚNKER (plural búnkeres, del alemán bunker) es una construcción hecha de hierro y hormigón, que se utiliza en las guerras para protegerse de los bombardeos, tanto de la aviación como de la artillería. Los búnkeres tienen un uso militar, aunque a veces también civil o mixto. Desde tiempos inmemoriales los soldados han considerado básico el ataque, por sorpresa o no, del enemigo, y por ende la necesidad de una buena defensa de su patrimonio.

Otro intento. Si tuviéramos que definir al búnker podríamos hacerlo de la siguiente manera: es un cuarto, ubicado en el punto medio del descenso desde la PB hacia cantina donde se escribieron las paredes con consignas, se pegaron cómics, se decoró bajo la lógica kitsch del acopio afiebrado, se acumularon libros y alrededor de 3 mil apuntes de cátedra (mayormente de Humanidades: Letras, Historia, Comunicación, pero también de otras facultades). Allí puede uno tomar mate, estudiar, encontrarse con otros, imaginar esa otra universidad que subyace. El búnker-trinchera. El búnker-estrategia de comunicación.

Ante todo, también se llama El Búnker al programa de radio abierta que transmite Radio Universidad, que tiene estrecha conexión con el espacio antes citado, con el antro de ideas, el laboratorio. El Búnker Radial sale de lunes a viernes de una a tres de la tarde por Radio Universidad (93.1).

                      

NO PREGUNTÉ MUCHO.

L-Los de Democracia Obrera trajeron el cerrajero para abrir (en 2005) y ellos querían que el rector se eligiera con los estudiantes, habían puesto un programa para que el presupuesto se manejara y saber para donde va la plata. Por eso, ven este lugar como una derrota. Aguantaron tres meses para quedarse con el comedor, siendo que el comedor es una re-lucha. En cambio, a mí este lugar me sirvió para canalizar un montón de cosas que dentro de un centro de estudiantes no podía. No lo siento como una agrupación. O una privatización, como dicen.

¿Y qué pasó después?

L-Me dieron la llave y no pregunté mucho. Me acuerdo que al principio yo estaba solo acá. Pero este último año, sobre todo con el programa de radio se dio un giro a un perfil cultural. No hay arte sin una postura política. Yo creo que es así, lo voy a discutir a muerte. El arte es algo que atraviesa toda la esfera universitaria, lo político, pero también lo cotidiano.

(Otras versiones de los hechos dicen que la llave pasó de mano en mano, o que la entregó un sector específico. Lo cierto es que en este segundo momento, el recambio resignificó el perfil del espacio).

-¿Qué significa estar en el Búnker?

L-Estar en el baño, significaba estar en un espacio libre. Una relación como de cultura y contracultura. Más en un ámbito universitario, cuando la gente que viene tiene incertidumbres, críticas y ganas de cambiar las cosas, cambiar la universidad y a veces terminan en un centro de estudiantes sacando fotocopias ocho horas por 500 pesos. Por ahí de esa frustración nace en este tipo de espacios. Para que no haya que meterse a un Consejo Consultivo donde supuestamente se tiene voz y voto, pero es mentira.

Lucho entonces comenta a qué supo la posibilidad de desalojo. El delegado zonal había “bajado” desde el cuarto piso para decir “Ustedes están privatizando el lugar”.

-Nosotros siempre planteamos tener un perfil bajo. Tampoco nos autorreconocíamos como un colectivo cultural. Antes del posible desalojo, nos preguntaban qué era el búnker y nosotros no sabíamos. Es medio raro…no, después dentro de todo hay cosas que es bueno que pasen. Nos preguntaban ¿Y quiénes son y quién los avala? Porque con lo primero que nos corrieron fue con eso “¿quién sos?, ¿quién te avala?” y ahí saltó la cantidad de actividades que habíamos hecho durante todos estos años. Y te das cuenta que conociste un montón de gente y hasta los docentes venían a firmar solos. Los departamentos de Letras y de Comunicación y muchos otros.

EN LA ASAMBLEA DE PRINCIPIO DEL 2 DE MAYO PARTICIPARON 80 PERSONAS, de la Cátedra Libre de Derechos Humanos, pueblos originarios, Franja Morada y otras agrupaciones. Lucho dice que el Búnker es de todos, aunque un grupo de estudiantes representa pero la puerta está abierta a todo el que quiera participar. En asamblea, hubo dos posturas. Una basada en la lógica de la autogestión, el autogobierno, pero claro, no sin reglas sino con reglas propias. Recordé a Castoriadis, que define la autonomía como autogestión que interpela a todo gobierno que no da cuentas de sí mismo. Los que eran de esa postura sostenían que un papel, un proyecto extensionista no podía definir al búnker, lo que desde allí se hace. Sin embargo, Lucho dice que, a pesar de eso, votó la otra postura. La de armar un proyecto.

 

L-Esa semana lo que me pasó es que sentí que el hecho de replantearnos lo que nos pasó nos jugó a favor. A mí un papel no me va a decir si soy libre o no soy libre. Quieren un papel con un autor que leíste hace 25 años, genial, lo hacemos. Una cosa es pedir el aval de Extensión y otra es depender de Extensión. Tampoco era hacer cosas para que nos salgan a matar, porque en esos días venían los medios y nosotros salíamos a decir lo nuestro, al siguiente los funcionarios lo suyo, y así.

Hubo seis votos de diferencia. Nada. O casi. Las posturas están divididas. Habría proyecto y no se descarta ceder el espacio, si es serio el plan de obras para adaptar la universidad y darle acceso a discapacitados. Si es igual de serio que la universidad se vuelve de a poco, un tanto más inclusiva. Claro, otro lugar no sería lo mismo y Lucho sabe que los costos de no tener afiliación partidaria podrían ser terminar en un espacio perdido en el cuarto piso (donde está el Rectorado), quizá más cerca de quienes durante ocho años no vieron lo que crecía en el segundo subsuelo.

 

¿QUIÉN TIENE LA LLAVE?

Siguiendo el relato, hace algo más de un mes, un funcionario “bajó” desde el cuarto piso para hablar. Había ocurrido que quienes administran no podían conseguir la llave del búnker. Fueron a todos los centros de estudiantes, a bedelía, y nada. Mientras, los estudiantes decidieron no cambiar la cerradura, estrategia que provocó ese “descenso”.

L- No cambiamos la cerradura a propósito. De hecho nos tiraron lo de la privatización de espacios públicos y charlamos y nos dijeron “yo estoy con ustedes” y cuando nos llevaron para Extensión tuve que hacer una pausa  y cerrar con llave. Entonces (este funcionario) nos dijo “Yo no los quise desalojar. Si quería, forcejeaba la puerta y ya está pero como estoy con ustedes, no quise”.

Lucho se ríe y cuenta.

L-En ese momento hubo 20 tipos que me decían: “Nosotros hacemos turno y tomamos el lugar”, pero se iba a armar, los medios iban a decir que estaba tomada la universidad y lo quisimos evitar.

Después, aclara: “La toma es el último recurso siempre”.

 

 

LO MEJOR DEL BÚNKER ES SU SECRETO.

Al Búnker lo sostiene la gente que pareciera ser invisible en la universidad. Lo sostiene esa conexión entre los estudiantes y esos otros que día a día recorren el edificio y lo dejan listo, los que lo hacen funcionar para los que aprenden, los que enseñan, para todos. Pero ese secreto que es simple y sencillo como los estudiantes mismos, era desconocido desde el cuarto piso, desde donde fue más fácil conjeturar, ver complejos fantasmas cargados de intencionalidad política.

Ahora la puerta está abierta, ya no hay perfil bajo. Por el contrario, la idea es salir, habrá pronto una apropiación del espacio simbólico, y las frases que miro en las paredes estarán escritas en otros soportes fuera del baño. La propuesta que está en el aire y que va tomando forma es hacer una galería de arte, con artistas de la ciudad y de la misma universidad. La amenaza de desalojo se vuelve cambio.

  

LA GENTE ANDA DICIENDO.

 -¿Cómo nos dijeron el otro día?

 -Nos dijeron el otro día “esto es una covacha”.

-ja!

En el Búnker hay gente que estudió periodismo, comunicación. Dentro del grupo de referentes hay un chico que está dirigiendo “Wall Kintun TV” canal de televisión abierta que empezó a emitir en diciembre del año pasado desde Bariloche. Es un canal mapuche, el primero de un pueblo indígena en el país, y se enmarca en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual promulgada en 2009. Pronto tendrá presencia en Internet.

En este punto, es necesario hablar de esa estrecha vinculación entre el baño-El Búnker y el programa El Búnker de Radio Universidad. Ahí participa como refente de la carrera de Letras, Milton Avalos, un amante de la lectura al que la radio también le nace desde chico. Milton cuenta que en Cholila, su lugar, hacía radio escolar. Pasaron ocho años y volvió a “agarrarle el gusto” a eso de hablar por un mic para compartir algunas cuestiones que lo apasionan. El micro “Milton y sus libros ladradores” sale los jueves después de las dos de la tarde. El año pasado hizo treinta micros. Este año van ocho. La idea es construir cánones personales, ir más allá de lo que proponen las carreras, explorar, navegar por la literatura, sumar autores no vistos (brasileros y otros) y compartir, hacer que la escritura sea de todos siempre que los textos estén mediados por algún valor literario. La selección se define “por lo que vale la pena”, pero detrás de la frase está el ejercicio de reflexionar sobre lo que se lee, y abrirlo a otros para autoevaluar al seleccionador, para que éste elija y profundice sobre eso.

M-Empezamos con autores malditos, y la dinámica es un autor diferente cada jueves, contar lo que fue su vida, tratar de poner temáticas específicas de la literatura y leer algo del autor. Gracias a la tecnología tenemos algo de los autores leyendo.

Milton cuenta que sus libros no deben ladrar mucho más que algunos minutos: que el medio hace que haya que aprender a sintetizar, a pensar un espacio radial teniendo como consigna no aburrir, pero sin prescindir de la necesidad de contar.

M-Después pensamos en autores más cercanos al periodismo; que tienen un lenguaje llano, o estilo periodístico para generar algo en el lector.

En El Búnker –el programa de radio en el que se incluye el micro de Milton–se producen noticias que tienen que ver con reclamos, críticas a los medios convencionales, problemáticas sociales y ecológicas, situaciones que atraviesan a los estudiantes universitarios. La forma de monitorear a su comunidad de oyentes es por las redes sociales. Entre sus seguidores u oyentes hay profesores. La página, Bunkerianos.com.ar tiene 50 visitas por día, más o menos. Ese home page y Radio Universidad tienen una audiencia específica.

Los que hacen el programa El Búnker saben que la radio tiene algunos problemas. Hay superposición de señales, limitaciones en sus recursos. La situación tendría que cambiar con la aplicación de la Ley de Medios, aunque no ha pasado. En tanto, si sopla fuerte el viento del sur, la señal deja de escucharse. El medio, como lugar de transmisión que requiere de inversión y de actualización, desapareció del presupuesto de la Secretaría de Extensión hace tiempo.

 

TRAS LA AMENAZA DE DESALOJO se escribió una carta abierta. Ahí cuentan que por El Búnker pasaron Marco Esqueche, el cubano Axel Milanés, el escritor y profesor de la UNPSJB, Martín Kohan, Julio Leite, Hugo Salas, y sigue la lista. También hicieron en conjunto con Bienestar Universitario una varieté, de pintores, músicos, malabaristas, escritores, y más. Se hizo a modo de intervención. La idea fue que la gente pasara y desestructurar así las rutinas de los estudiantes de la universidad.

Si se siguen pensando definiciones y sus implicancias; El Búnker, suma una red fuera de la universidad que crece y crece. El año pasado y en lo que va de este se hicieron eventos en horarios nocturnos, se hicieron recitales y se recaudaron fondos para comprar insumos pensando en el programa de radio; computadora, disco externo, micrófono. Se sabe que la próxima recaudación podría ser para estantes con los que organizar los miles de materiales que se acumularon en el búnker. Por ahora, y hasta tanto hayan más definiciones, todo está en stand by.

Mientras, lo que no está quieto son las ganas de hacer proyectos. Habrá una revista con crónicas de estudiantes; una videoteca (Milton recuerda que el año pasado se proyectaron cortos de arte en el segundo subsuelo); y ya algunos chicos participaron de un taller de encuadernación para compartirlo y organizar la biblioteca de apuntes aunque no estén los estantes. La biblioteca de apuntes está en una segunda parte del cuarto de baño que nunca funcionó como tal porque sus cloacas estuvieron mal hechas.

 

EL PAYASO ENTRA AL AULA REPLETA DE ESTUDIANTES. Así se cuestionan los discursos establecidos, para decir otras cosas y contar de otra manera. Por ejemplo, algo como “apagá la tele y encendé el pensamiento”. Cuentan que el payaso dio una clase de sociología en el Aula Magna. Con un tonito circense explicaba a una audiencia donde estaban sus profesores de Comunicación, qué es la sociología. Por ahí después de hablar un rato se le dio por preguntarles entonces a ellos, ahora sentados en su rol de alumnos, qué era la sociología. Y desde abajo, uno de ellos le contestó “lo que el payaso diga”.

Dice la ensayista Vivian Abenshushan* que a las bibliotecas y a las escaleras las rige una misma simetría (un libro, un peldaño detrás de otro), el mismo principio de la multiplicación ascendente (o descendente), la misma voluntad de permanencia. También el mismo vértigo. Vistas a distancia, parece que nunca terminan; de cerca, son monstruos que se nos vienen encima.

La misma escritora dice que para acceder a los volúmenes necesitamos de una escalerita, porque –siguiendo su lógica, que apela directo a nuestras experiencias—a mayor número de libros, de historias, más estantes y más rodeos. Existe también, en esta historia esa complementariedad de geometrías. Un subir y un bajar posibles. Un ver donde antes no hubo. Pensar en relaciones, en escaleritas, en trincheras, para andar y desandar los 43 escalones.

  

 * Una habitación desordenada. Ensayos. Vivian Abenshushan (2007) Universidad Autónoma de México.

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Celina Salvatierra. Es coeditora responsable en ND.  Cursa el doctorado en Comunicación en la UNLP. Es magister de Planificación y Gestión de Procesos Comunicacionales por la misma universidad argentina y es periodista digital, con capacitación del Centro de Formación en Periodismo Digital (CFPD), México. Tiene un diplomado en Escritura Creativa otorgado por la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ), y uno de sus ensayos libres aparecerán en  la Antología de Narrativa 1 (en prensa), del Programa de Escritura Creativa de la UCSJ. México, 2013.

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4 comentarios en “De la historia y (pre) historia de EL BÚNKER

  1. Muy buen post. Me gusta cómo está tratada la articulación entre lo espacial y lo identitario. Cuando era estudiante (es decir, cuando subía y bajaba por esas 43 escalones todo el tiempo, entre otras cosas), participé en la fundación de una agrupación que, en su primer volante, decía algo como “para que vos no pases por la universidad sino para que la universidad pase por vos”. La idea era esa: tomar la institución como algo más que como un espacio al que uno concurre para buscar una acreditación. La propuesta de El Búnker demuestra que eso es perfectamente posible y que los saberes circulan y son recontextualizados en diferentes ámbitos, muchos de los cuales -afortunadamente- están más allá del alcance de los docentes y el curriculum. ¡Aguante El Búnker!

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  2. Muy buena nota, tengo la suerte de conocer a los chicos del Bunker, y compartir algunas actividades, son una gran fuerza impulsora, de las que no abundan.

    Es bueno que de la revista puedan valorar el trabajo de ellos. En mis años de contacto con la universidad, no recuerdo muchos grupos con las caraceristicas del Bunker.

    Que sigan así!

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  3. Gracias Sebastian, por creer que El Bunker representa algo tan simple y a la vez importante para los estudiantes… Visto desde adentro, El Bunker siempre tuvo esa meta: no pasar por la universidad cual si fuera un comercio donde por X tiempo de dedicación te llevas X título personal. De hecho, si esto permaneció “en voz baja” todo este tiempo fue por propio impulso de hacerlo así, ya que encontrabamos mas satisfacción en intervenir los espacios universitarios como estudiantes sin mas interés que el acto realizable y realizado.
    Sin embargo, gracias al estado desatado luego del problema del “espacio” notamos, con gran alegría, que existía un reconocimiento de diferentes sectores de la universidad y externos.
    Gracias a Celina y a Silvia por este trabajo que realizan con Narrativas Digitales! y, sobre todo, por entendernos!

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  4. Esta privtizado el lugar, es mentira que puede ir cualquiera al bunker y pasar el rato ahi para despejarse un poco. Andrés estudiante de LIGA.

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