“¿Me cigarras un regalo?”. Cuento.

*Por Rocío Sánchez Sánchez

Dos mujeres que no se conocen entran por separado al baño, pero casi al mismo tiempo. Elisa entra y se detiene en el espejo, revisa sus dientes, debe comprobar que no tenga ninguna brizna de comida entre ellos. Mientras tanto Mónica ya ha entrado a uno de los cubículos donde están los excusados, ha cerrado la puerta, pone papel en el asiento, sabe que lo que va ha hacer va llevarle unos minutos, varios minutos. Últimamente cagar no ha sido nada fácil, es estreñida, eso aunado al problema de hemorroides que viene desarrollando. El doctor le ha explicado que tiene el ano muy estrecho y recomienda inyecciones de botox, unos pequeños puntos en el culo para relajar el músculo. Ella se lo sigue pensando, aún no se atreve a poner botox en la cara y ahora tiene que decidir si inyectarlo o no en el ano.

Elisa, por su parte, entra ahora al cubículo del excusado que está junto al de Mónica.  Escucha levemente que la mujer que está de al lado emite ruiditos controlados, como pujar sin querer ser escuchada. Por un momento, Elisa se cuestiona si orinar o no. Si la mujer de junto empieza a cagar, ese olor le puede revolver el estómago y más ahora que acaba de cenar. Recuerda que aún falta por llegar el postre y lo que pidió esta vez de cena fue realmente delicioso, como para llevarse un mal sabor ahora con la compañera de al lado. Mientras se decide, ya se ha bajado los calzones y orina rápidamente.  Termina y escucha que la otra mujer le dice: “Disculpa, se ha terminado el papel aquí ¿Me pasarías un poco por debajo?”

Elisa corta unos cuantos cuadritos de papel y, por el espacio vacío que hay en el panel de separación,  se lo pasa. Mónica lo toma y las  manos de las dos mujeres se rozan. En ese instante, Mónica le toma la mano y le dice: “No me sueltes por favor”. Elisa, de manera natural, se queda tomada de su mano. No piensa si lo debe o no hacer, simplemente lo hace. Mónica sentada, medio cuerpo agachado, tomada de la mano de una desconocida, ni siquiera puede mirarle la cara, no lo necesita tampoco, siente lo que tantas veces ha sentido en el doloroso momento de no poder cagar, de estar cagando, dolorosamente cagando, ano violentado, el mundo se detiene. Ahí está, la imposibilidad, la desesperación, la absoluta soledad de estar echada a la suerte y la desventura de no poder hacer llegar a su fin el movimiento de traslación, la última etapa de la digestión, la luna gira alrededor de la Tierra, ese sí es un movimiento donde la energía fluye, aquí por el contrario, energía colapsada, ganas de usar las propias garras y arrancar lo que no puede el culo cortar. Con la soledad sobre su cuerpo contraído, junto a la que ofrece  su solidaridad sin saber a quién. Mónica expulsa y respira nuevamente. Exhalar e inhalar sin ser consciente.Cuando la angustia nos asalta es el momento de escuchar, controlar y vivir la respiración como ente intruso dentro del propio cuerpo.

Mónica resbala su pulgar sobre dos dedos de Elisa y suelta su mano poco a poco, solo en ese momento es cuando todo este extraño acto del papel y la mano, cobra su extraña dimensión. Se escucha un tímido y sincero: “Gracias”.

Las miradas se encuentran frente al espejo mientras se lavan las manos y Mónica le pregunta a Elisa: “¿Me cigarras un regalo?” Después ríe.

***

*Rocío Sánchez Sánchez es profesora de artes visuales y serigrafista profesional. Estudió en la Esmeralda, Escuela Nacional de Pintura, Escultura  y Grabado,  dependiente del Centro Nacional de las Artes, México DF. Ha expuesto su trabajo en reiteradas ocasiones tanto México como en el exterior.

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