Deconstruyendo el relato patagónico: Música desconocida para viajes

Por Carolina Bórquez Ciolfi (*)

“Desierto, del latín desertus…” de Cristian Aliaga no es en sí mismo un relato de viaje como los restantes que integran Música desconocida para viajes, sino un breve ensayo en el que Aliaga abandona la ficción para fijar los puntos de referencia que otorgan significado a sus relatos, pretendiendo establecer cómo deben ser leídos. Comenzar la operación de deconstruir sus textos a partir de éste nos permite establecer cuáles son y cómo se estructuran jerárquicamente las oposiciones binarias que fijan los puntos de referencia y otorgan significado a los relatos.

El orden del discurso establece la palabra jerarquizada en la primera oposición que encontramos en este breve ensayo: desierto. En el primero y en el segundo párrafo, Aliaga juega con el significado etimológico del término y el que posee en uno de los textos más importantes para la cultura occidental, la Biblia: el desierto como “lugar vacío” y el desierto como “morada”. El autor  toma posición respecto de estas dos lecturas posibles y elige el modo en que su desierto debe ser leído: “… El desierto es un hueco, meramente, un lugar vacío. Las cosas que contiene son insignificantes, o invisibles, eso dicen”.  Los otros, no él, entienden al desierto como lugar vacío. Esta es, desde mi punto de vista, la segunda oposición binaria que pretende fijar los sentidos del texto: yo-nosotros / los otros (“la mayoría ”). Este yo-nosotros son los “agobiados por la inmensidad”, los habitantes de este desierto al que consideran su “morada”. El segundo término de la primera oposición corresponde a la localización de ese “otro”: “el mundo conocido”. Si tenemos en cuenta que los primeros términos de las oposiciones son los jerarquizados, los pares que presuntamente estructuran los relatos de Aliaga serían: desierto / mundo conocido, agobiado-s / mayoría. El primer relato seleccionado del libro de Aliaga, “Polvo mojado”, nos interesa en tanto asimila la idea de “mundo conocido” directamente con el concepto de “ciudades”, e indirectamente con el de “civilización” (si tenemos en cuenta que ambas han sido casi sinónimos en la cultura occidental): “… No vendrán ladrones hasta aquí, serían devorados por la desesperación, pero estamos nosotros, ladrones de fuego escaldados por el incendio de las ciudades.” En consecuencia, la primera oposición que encontramos en Aliaga puede reescribirse como desierto / civilización. El desierto de Aliaga parecería ser aquello que, por su lejanía, ha sobrevivido al incendio de las ciudades, al derrumbe de la civilización; releamos un breve fragmento del ensayo previo: “Es muy difícil ver desde lejos, y aquello que la ‘mayoría’ -…- no logra percibir no existe a ojos del mundo.”. Poco importa que esta lejanía sea espacial (tal como la propone el mismo Aliaga: “… que puebla los confines.”, “… No vendrán ladrones hasta aquí,…” cuando el aquí de la escritura se fija al pie del ensayo o de los relatos y son localidades o parajes de la Patagonia argentina y chilena, entre otros lugares igual de periféricos / no centrales); lo que, al parecer, sí importa es que Aliaga concibe el desierto como aquello que ha sobrevivido a los embates de la civilización o a su propia destrucción. Esta concepción tiene implicancias también en los sujetos que lo habitan, son seres escarmentados[1] por la destrucción de la ciudad / civilización, dueños de una mirada singular y única no sólo del desierto que habitan, porque ven lo que ese “otro” no ha logrado percibir, sino también de la civilización cuyos significados y valores necesariamente deben cuestionar.

Habiendo detectado las oposiciones binarias, el método deconstructivo nos propone invertir las jerarquías para hacer decir al texto lo opuesto a lo que había dicho anteriormente. Creo que la mayoría de estos breves relatos de viaje nos permite contradecir los sentidos fijados en “Desierto, del latín desertus…”, pero a pesar de ello he elegido aquellos en los que esa contradicción me parece más evidente.

“Señales de la pasión” es, quizá, el relato más paradigmático. Las rosas son las señales de la pasión para Aliaga, y representan en este relato, como en el imaginario occidental, el concepto universal de belleza. En este texto, las rosas son el elemento jerarquizado en la oposición rosas / plantas rastreras. Aliaga no encuentra belleza alguna en la vegetación del desierto, su concepción de lo bello no se aparta de los cánones civilizados y occidentales: “…, las señales de la pasión han desaparecido, las plantas rastreras acosan el espíritu. La belleza desaparece bajo tierra cuarteada, sus jardines están secos…”. La vegetación desértica no sólo no es bella sino que además tiene una influencia negativa sobre el espíritu; la RAE define el término ‘acosar’ como perseguir sin dar tregua a una persona o animal y, en sentido figurado, como perseguir, apremiar, importunar a una persona con molestias o requerimientos. Aliaga no puede percibir ninguna belleza en el desierto. Pero puede ser más contradictorio aún; les propongo reescribir un fragmento de la cita anterior: la civilización desaparece bajo el desierto. O, en el desierto la civilización es una construcción imposible. Esta metáfora asume variadas formas en los relatos: la estación de servicio abandonada y el Ramber Classic desguazado en “Los cuerpos son blandos”, la chatarra oxidada (barcos y buques varados) en “Un mar que tiemble”, la vitrina repleta de objetos inútiles en “Aspas de un molino”, el buzón y el edificio de correos en medio de la meseta como abandonados en “De enfermedad o hambre”. Creo que Aliaga lamenta este fracaso, lo que supone que los relatos “hacen” distinto de lo que el ensayo “dice”, y síntoma de ello es su elección. No elije celebrar las construcciones posibles a partir de las potencialidades de este desierto (mirada nueva y singular). Sí, mostrar el fracaso exhibiendo autos, buques, estaciones de servicio en ruinas. Quizá haya un argumento más para sostener que es posible invertir las jerarquías en los relatos de Música desconocida para viajes. La mayoría de los relatos presentan al desierto como un lugar vacío, no hay sujetos que lo pueblen. También en este sentido Aliaga repite la concepción del desierto como barbarie que ha marginado la civilización occidental.

Fuente: http://www.modeljunkyard.com/

Hasta aquí hemos intentado mostrar cómo es posible invertir las jerarquías dentro de las oposiciones que fijan los sentidos en el texto de Aliaga. A partir de ahora, procederemos con el tercer paso del método deconstructivo: desplazar los términos de la oposición (desierto / civilización, agobiado-s / mayoría) dentro de una relación no jerárquica de diferencia.

Quisiera empezar por citar un breve fragmento del último párrafo del ensayo: “Odi et amo;…” que significa ‘Odio y amo’. Aliaga se relaciona de la misma manera contradictoria con ambos términos de la oposición, se debate en la ambigüedad de una relación en tensión que no logra conmover los sistemas de representación heredados. Odia el desierto porque en él cualquier construcción de la civilización es imposible pero lo ama porque, por eso mismo, es el lugar que sobrevivirá cuando todos  los proyectos civilizatorios se derrumben. De allí que el desierto sea el lugar de las utopías. Odia la civilización porque los elementos que la simbolizan han representado el despojo a los primeros habitantes del desierto (en “Últimos herejes” el alambrado delimita no sólo las propiedades privadas de los hombres sino también el futuro del cacique y su pueblo) o la trampa mortal capaz de acabar con la fauna local, habitantes del desierto que pueblan la mayor parte de los relatos (los coleópteros que mueren estrellados contra los faros y los cristales de los autos en “Los cuerpos son blandos”, la libre muerta en el interior del edificio de correos en “De enfermedad o hambre” y, por último, la oveja con el alambre de púas al cuello obligada a esperar una muerte lenta pero inexorable). Sin embargo, la ama porque habita el sistema de pensamiento del mundo occidental en cuyas ideas se educó.

[1] Escarmentar es sinónimo del término escaldar utilizado por Aliaga. Escarmentar. (De escarmiento.) 3. intr. Tomar  enseñanza de lo que uno ha visto y experimentado en sí o en otros, para guardarse y evitar el caer en los mismos peligros. [Diccionario de la Real Academia Española]

Bibliografía

Aliaga, Cristian. “Desierto, del latín desertus“, “Polvo mojado”, “Los cuerpos son blandos”, “Un mar que tiemble”, “Aspas de un molino”, “De enfermedad o hambre”, “Señales de la pasión”, “Últimos herejes” y “La oveja” en Música desconocida para viajes. Buenos Aires: Deldragón, 2002: 21, 47, 56, 58-59, 63-64, 71, 81.


 * Carolina Bórquez Ciolfi es Licenciada en Letras por la U.N.P.S.J.B. Forma parte de los equipos de cátedra de Metodología de la Investigación Literaria y de Literatura argentina II.

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