Poesía y docencia: Gerardo Diego escribió estas cosas.

Por Sandra Milani

diego

Gerardo Diego, poeta español, crítico literario y musical, amante de los toros y educador (no sé si le hace honor el orden) dejó el  mundo el 8 de julio de 1987. Fue miembro de la generación del 27, que amó a Góngora y abrazó el vanguardismo de posguerra. Participó del Creacionismo con Huidobro y del Ultraísmo con Cansino Assens y nuestro Borges. Al tiempo que proponía una poesía experimental y desrealizada, cultivó una escritura que rinde culto a las más profundas raíces de la tradición  española. Demasiado nuevos y demasiado antiguos, dijo alguien sobre la Generación del 27. En 1979, recibió el premio Miguel Cervantes ex aequo, por primera vez compartido, con Jorge Luis Borges. Al respecto, ambos dijeron, con una cortesía sin límites, “Se trata de una injusticia que de cualquier manera acepto” (Diego), y “Se trata de una generosa equivocación que con impudicia acepto” (Borges).

En un reportaje que la TVE les hace a propósito del premio, Borges recuerda un pasado juvenil compartido: “Gerardo estaba entonces a favor de Góngora y yo de Quevedo”. Esta sola frase patentiza la disputa que tratan de salvar. Borges conducirá su escritura por los caminos de las ficciones barrocas (caminos de espejos, de pliegues y repliegues de la escritura sobre sí misma) y Gerardo Diego, sin abandonar nunca la tradición temática y formal, abrazará la escritura barroca[1] ( juego sin fin de imágenes y metáforas novedosas).

Reconcilian así, los dos escritores, la disputa feroz que mantuvieron Góngora y Quevedo en el siglo XVII, aunque posiblemente, dicha disputa sea irreconciliable.

En el siglo XVII, la institución del mecenazgo permitiría quizás abogar por posturas poéticas que el mercantilismo editorial no le permitió a Borges y a Diego.

Borges cultivó la ficción barroca y todos sabemos en qué derivó. Gerardo Diego abrazó la metáfora creacionista, la imagen ultraísta para hablar de España y del hombre que la crea. Aunque, quizás, sus mejores poemas dicen cosas de todos los días.

 

Me conmueve este poema que lo reivindica como profesor:

 

    Amigos:

dentro de unos días me veré rodeado de chicos,
de chicos torpes y listos,
y dóciles y ariscos,
a muchas leguas de este Santander mío,
en un pueblo antiguo,
tranquilo
y frío,
y les hablaré de versos y de hemistiquios,
y del Dante, y de Shakespeare, y de Moratín (hijo),
y de pluscuamperfectos y de participios,
y el uno bostezará y el otro me hará un guiño.
Y otro, seguramente el más listo,
me pondrá un alias definitivo.
Y así pasarán cursos monótonos y prolijos.
Pero un día tendré un discípulo,
un verdadero discípulo,
y moldearé su alma de niño
y le haré hacerse nuevo y distinto,
distinto de mí y de todos: él mismo.
Y me guardará respeto y cariño.

 

Como yo soy docente, este poema  interpela zonas profundas de mi subjetividad, y me pone a decir y a desdecir cosas extrañas. No sabemos muy bien qué hacer y qué decir,  cuando enseñamos lengua y literatura, nosotros los docentes.

Quizás lo que podemos (lo que queremos) es solo pasar la posta de algo  que fraguó bien en nuestras almas.

 

A mí, de Gerardo Diego, me gusta este poema. Lo comparto

Un día y otro día y otro día.
No verte.

Poderte ver, saber que andas tan cerca,
que es probable el milagro de la suerte.
No verte.

Y el corazón y el cálculo y la brújula,
fracasando los tres. No hay quien te acierte.
No verte.

Miércoles, jueves, viernes, no encontrarte,
no respirar, no ser, no merecerte.
No verte.

Desesperadamente amar, amarte
y volver a nacer para quererte.
No verte.

Sí, nacer cada día. Todo es nuevo.
Nueva eres tú, mi vida, tú, mi muerte.
No verte.

Andar a tientas (y era mediodía)
con temor infinito de romperte.
No verte.

Oír tu voz, oler tu aroma, sueños,
ay, espejismos que el desierto invierte.
No verte.

Pensar que tú me huyes, me deseas,
querrías encontrarte en mí, perderte.
No verte.

Dos barcos en la mar, ciegas las velas.
¿Se besarán mañana sus estelas?

 

Vean ustedes qué hacen. Léanlo más. Júzguenlo. Abrácenlo. Abandónenlo.

Gerardo Diego escribió estas cosas.

 

 


[1] Sigo acá las definiciones postuladas por Gamerro en Gamerro Carlos. Ficciones barrocas, Bs As. Eterna Cadencia, 2010

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*SANDRA MILANI es profesora de Letras y francés. Actualmente forma parte del equipo de cátedra de Literatura Española I de la carrera de Letras UNPSJB y es capacitadora nacional en la Provincia de Santa Cruz, en la Patagonia Argentina.

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