La novela que Borges nunca escribió

Por Silvia Araújo

Si preguntarse qué es un clásico puede resultar una pregunta remanida a estas alturas, “¿Por qué leer los clásicos? “ no sólo sería un interrogante trivial, sino que además es el título de un ensayo de Ítalo Calvino, que no tiene nada de fútil o banal.

A modo de catálogo, el escritor italiano pasa revista por las grandes obras de la literatura universal. El resultado es un singular reportorio de textos y autores entre los que figuran: Homero, Jenofonte, Ovidio, Ariosto, Voltaire, Stendhal, Balzac, Dickens, Mark Twain, Henry James, Montale, Hemingway y, por supuesto, Borges. En el primer capítulo de su libro, Calvino ensaya una serie de máximas que intentan, con más retórica que eficacia, definir la clasicidad de un texto: “Clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene para decir”, manifiesta en el acápite VI.

Quizá, nadie dentro de la literatura argentina supo sacar tanto rédito de esta postulación como Jorge Luis Borges. Amparado bajo esta premisa, le pone fin al Martín Fierro, le inventa una biografía apócrifa al sargento Cruz, postula a Pierre Menard como autor del Quijote, reescribe el exemplum XI del Conde Lucanor, etc. Sin embargo, bajo ese gesto que parece una mera provocación se esconde toda una teoría literaria. La de la intertextualidad perpetua, la de la falta de originalidad, la de la perversión de la cita, aquella que pone en boca de su personaje de El inmortal:

Palabras. Palabras desplazadas y mutiladas. Palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos”

Esa teoría, hasta entonces solo practicada como gesto militante en cada texto, la desarrollará muchos años después un filósofo francés tan obsesionado como él en la ausencia de un origen absoluto como clausura al libre juego de los significantes que proliferan en una obra. Pero como en la vida misma, a todo burlador le llega el turno de ser burlado. En el año 2007, Pablo Katchdjian, escritor y editor de la Imprenta Argentina de Poesía (IAP) practica una operación insólita y singular sobre uno de los textos más celebrados del escritor argentino.

Pablo Katchdjian

A la manera de un Carlos Argentino Daneri, Katchdjian va en sentido inverso a la economía expresiva y al rigor concentrado que caracteriza el estilo de su predecesor y se procura la ardua tarea de ensanchar y hacer prosperar las fronteras del relato El Aleph. Y lo consigue. De las cuatro mil palabras que tiene el original borgeano, Katchdjian alcanza las nueve mil seiscientas lo que da por resultado una nouvelle, de la cual se editaron apenas doscientos ejemplares y que lleva por título: “El Aleph engordado”. “Una sola regla me puse”, dice. “No quitar ni alterar nada del texto original, ni palabras, ni comas, ni puntos, ni el orden. Eso significa que, si alguien quisiera, podría volver al texto de Borges desde éste”.

Como era de esperarse la polémica no se hace esperar. En el 2009, María Kodama le inicia el correspondiente juicio por violación a la propiedad intelectual. Compelido entre las armas y las letras, el acusado opta por las últimas y tiene como defensor de su causa al abogado y escritor Ricardo Strafacce, quien llama al estrado como testigos a Beatriz Sarlo, Jorge Panessi, Cesar Aira y Leonor Acuña.

Sospecho que en algún lugar de los Campos Elíseos existe una vasta biblioteca que alberga todos los volúmenes del mundo y es custodiada, celosamente, por un bibliotecario cuya erudición y ceguera resultan proverbiales hasta para el mismísimo Dios. En uno de los tomos que pueblan los anaqueles se anoticia del extraño incidente y sonríe. Recuerda que alguna vez escribió: “Clásico no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con misteriosa lealtad”. Y su risa persiste, sobre todo cuando se entera de que Pablo Katchdjian, está por sacar una nueva edición de El Matadero de Esteban Echeverría, pero ahora con las frases invertidas.

 

Para seguir leyendo sobre el tema:

ALEMIAN, Ezequiel: La hermandad de los desconocidos y la experiencia literaria: El Aleph engordado, de Pablo Katchadjian, IAP, Buenos Aires, 2009. En BAZAR AMERICANO 

CABEZÓN CÁMARA, Gabriela: MaríaKodama: juicio a un joven escritor experimental en Revista Ñ 

GASLOLI, Pablo: Help a él. En Blog ETERNA CADENCIA

TERRANOVA, Juan: Entrevista a Pablo Katchadjian 

(nuevo) Casación definirá si hay culpa en engordar “El Aleph”

 

 

*Silvia Araújo es profesora en Letras especializada en Letras Latinoamericanas  -Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA).

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