¿Porqué es polémica y política la narratividad del pasado reciente?

Por Celina Salvatierra

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No hay discusión respecto a cómo deben establecerse debates en el marco de ponencias y conferencias. No obstante, y más allá de las explicaciones que el escritor y ensayista Martín Kohan expresó en su ponencia del 3 de octubre en el marco del XII Congreso Nacional de Literatura Argentina, si nos ajustamos a lo que el texto  “Memorias de guerra. Las cosas que Videla dijo” expresa, es válido decir que su posicionamiento y correspondiente estilo resultan provocadores y por ende este plus nos permite revisitar sus aspectos más polémicos.  En tal sentido, ND consultó a Alejandro Kaufman respecto a “Memorias de Guerra (…) “, texto en el que la noción de guerra aparece forma explicativa del pasado reciente, considerando la salvedad de que dicha categoría se circunscribiría a un período anterior al golpe de Estado de 1976.

En tal sentido, Kaufman –consultado por ND–sostiene que no comparte la categoría o noción de “memorias en disputa”, de hecho ha escrito también al respecto. El fundamento expresado por el investigador del Instituto Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales, UBA) Profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Quilmes, pone de manifiesto la lógica a la que podría responder dicho concepto –hegemónico en el campo de los estudios sobre la memoria– el cual, “debilita toda resistencia conceptual a la delimitación de los crímenes de lesa humanidad, al admitir como posibles interlocutores a perpetradores y cómplices, dado que también ellos concurrirían directa o indirectamente a la construcción de la memoria en lugar de quedar excluidos de ella, en términos de verdad y justicia, y dado que fueron quienes suscitaron el olvido como método y principio”. En tanto, este desacuerdo ha llevado al investigador a defender su crítica a la idea de “memorias en disputa”, en sentido adverso a lo expresado tras entrevistas a JRV, y ejemplo de esto es su libro La pregunta por lo acontecido,  publicado por La Cebra el año pasado. 

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Como se dijo, el mismo Kaufman ha  escrito más páginas que defienden su posicionamiento y que pueden encontrarse on line. Uno de ellos es “Sobre el silencio y las palabras: Vaticano y dictadura” (La tecla Eñe) donde también establece diferencias ante la noción de “guerra” como instrumento que permite explicar  las tramas del pasado.

Dice Kaufman: “un dispositivo exterminador requiere un régimen de pertenencia subjetiva, relevamiento psíquico, contención normativa, narrativa ideológica y fundamento moral. Ninguna guerra puede librarse tampoco sin un dispositivo específico de contención de la masa homicida. Sin narrativas, símbolos, nacionalismos, pensiones a las viudas, hospitales de veteranos, nada de ello se puede hacer. Es tan crucial un film como “Rescatando al soldado Ryan” (que nosotros vemos como entretenimiento o narrativa culturalmente importada), en el que se cita un caso similar de la Guerra Civil del siglo XIX, como la disponibilidad de las armas, tácticas y estratégicas. En este aspecto el colectivo homicida bélico “legal” exige tramas de sustentabilidad afiliadas a la historia cultural tal como procede desde Homero y mucho antes, por dar una referencia literaria precisa, para de inmediato recordar una y otra vez que el acontecimiento exterminador del siglo XX no tiene antecedentes en aquella historia bélica, y entonces el ocultamiento, la clandestinidad, el terrorismo difuso e implícito, la incredulidad con que se lo recibe cuando se lo conoce son sus rasgos distintivos. Así también de distintivo será en consecuencia su respectivo régimen de sustentabilidad, con sus narrativas clandestinas, sus secretos, sus ideologías, sus justificaciones, sus implicaciones inconscientes y latentes en la población que consiente con las atrocidades, sin “saber” que acontecen, y “olvidándolo” luego, para finalmente concurrir al Nunca más, que se profiere frente a lo irreductible, lo inaceptable, lo imperdonable, lo que no debería haber sucedido y no debe volver a suceder. Es una diferencia inconmensurable con la guerra, respecto de la cual no surgen enunciados semejantes, dado que todo Estado reside su entidad en la preparación para la guerra. Súmase que la juridicidad emergente interestatal posterior a la Segunda Guerra Mundial, el actual fundamento de la vigencia universal de los derechos humanos, sostiene la ilicitud del exterminio a la vez que la plausibilidad de la guerra”.

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Por otra parte, en  “Jorge Rafael Videla, ¿Habla?”, publicado por Página12, el mismo autor propone una crítica a las entrevistas dadas en su momento por Videla, ya que el represor “confirma el silencio sobre el destino de los cuerpos, perturba la memoria de las víctimas al remover las heridas, al profundizar el trauma”.

Asimismo agrega más adelante que la palabra de JRV “nunca puede ser otra cosa que pura amenaza, demostración de su impermeabilidad al castigo, de su competencia para establecer `estoy aquí, intacto, y puedo decir exactamente lo mismo que dije en 1977, cuando quiero, y todavía me lo celebran”. La amenaza no consiste en la inminencia de algún suceso truculento, sino en la persistencia de las condiciones que definen la singularidad de la desaparición. Solo podría consentirse con su palabra frente a los tribunales, ya sea como defensa en ejercicio de garantías, o como confesión, en efecto, pero no de la manera obscena en que se dijo, sino en esclarecimiento del destino de los cuerpos de los desaparecidos y las identidades robadas de los centenares de nacidos en cautiverio que falta encontrar, así como las pistas o certidumbres que permitan establecer la suerte de Jorge Julio López. Cualquier otra cosa forma parte de la condición perpetradora, la actualiza y la mantiene viva en detrimento de la sociedad que requiere del ministerio público protección, defensa frente a las secuelas del horror”.

Finalmente, el texto de Kaufman formula un interrogante que denota la dimensión política de toda lectura sobre el pasado. En tal sentido escribe:  “¿Sabrán reconocer las nuevas generaciones en estas tramas la naturaleza de las matrices civiles de la dictadura?”. En tanto, aquí lo que nos interesa es seguir sumando voces para pensar la complejidad del presente.

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