Ciberpunk: ¿Para qué un nuevo género?

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Por Santiago Kamerbeek*

Una de las franquicias de videojuegos más famosa de la historia en el ámbito de la Ciencia Ficción es el Fallout, una serie de entregas de acción y rol en el que el jugador asume la identidad de un elegido que, en un futuro apocalíptico, debe encontrar una tierra prometida (o sobrevivir). La acción se desarrolla en un futuro primitivo y radioactivo en el que la tecnología ha sido olvidada (o mejor dicho, se ha olvidado como generarla) y donde pululan robots, androides, drogadictos, mutaciones y decadencia. Sobre todo eso. Montones, toneladas de decadencia. Si bien, el juego termina con una cierta cuota de esperanza (el héroe, respetando su papel, cumple con su labor titánica de ganarle tanto al azar como a las reglas de imposibilidad lógica del mundo), es de destacar la ambientación y la psicología reinante en este mundo futuro que se reduce, justamente, a esa palabra: decadencia.

 Y es dicha palabra, justamente, la que proponemos para describir el subgénero de la Ciencia Ficción que nos convoca. El Ciberpunk.

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El maravillosamente decadente libro de William Gibson, Neuromante, abre con la siguiente oración: El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto. Es justamente Gibson, en 1982, quien provoca la creación del término Ciberpunk cuando el editor de Ciencia Ficción Gardner Dozois no encuentra mejor palabra para describir su estilo y temática. ¿Pero por qué no encuadrarlo simplemente en la CF? ¿Para qué un nuevo género?

Así como la posmodernidad es el resultado cíclico de un conjunto de ideas (la modernidad) que han sido desmentidas o caen bajo su propio peso, lo mismo ocurre con la CF. Iniciada como un género dentro del cual la tecnología ayuda al hombre y sirve como base de un futuro venturoso en el que viajamos al espacio, colonizamos otros planetas y convivimos con robots y computadoras de última generación, tuvo su más duro golpe en los 80, momento en el que el hombre cambia de paradigma y empieza a preguntarse sobre lo existencial ,más que sobre lo meramente práctico. La tecnología ¿ayuda al hombre o lo esclaviza? ¿es la llave o la jaula? ¿ayuda a alterar la realidad o nos hace creer que aquello que vivimos es la realidad? ¿somos la tecnología? ¿qué somos? Todas estas interrogantes constituyen el centro del Ciberpunk como movimiento cultural que, a pesar de que Gibson lo declaró muerto en 1988, se mantiene más vivo que nunca.

Ante todo, el Ciberpunk se localiza en el futuro, pero no en cualquier futuro, sino en uno apocalíptico o a punto de caer en el apocalipsis. El individuo es un engranaje más del sistema (sistema autosustentado y transformado en fin último), sumido inconscientemente en la nada de la existencia por la publicidad, la presión tecnológica, el consumismo y un capitalismo salvaje que más allá de negar el individualismo, lo altera, lo vuelve ilusión permanente para generar división y control. El futuro nos muestra llenos de implantes y sumidos en dos realidades que a veces se vuelven una: aquella en la que existimos y aquella en la que vivimos (bah, sobrevivimos): la realidad virtual, el mundo binario de las computadoras que transcurre en la red de redes. Estamos anclados en un mundo que odiamos y la tecnología no ha traído certezas ni respuestas, solo dudas. Estamos en el futuro, y el futuro es igual al presente.

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CIBERPUNK Y CINE. Ahora bien, así como el Fallout, existen muchísimos videojuegos más centrados en el género (Beneath a Steel Sky, liberado y descargable gratuitamente; Deus Ex; la saga de Shadowrun). Pero más allá de la literatura y el joystick, el mundo del cine se ha apropiado permanente y efectivamente de él. Si bien los videojuegos son algo ya globalizado y todos los géneros se expanden en todas las plataformas, es el cine (siempre el cine) el que acerca a todos, sin distinción de credos o capacidad de jugabilidad, el futuro cableado de nuestro (posible) porvenir.

Veamos a continuación un listado de películas con algunas de las mejores y peores producciones del medio.

Aclaración MUY necesaria:

Este artículo no busca generar discordia ni discusión inútil acerca de qué película es buena, mala, ciberpunk o no. Cientos de películas quedaron afuera, merecidamente o no (espacio y tiempo de lectura, ya saben). Además del gusto personal y la subjetividad, nos apoyamos en el acuerdo general promulgado por innumerables listas y rankings a lo largo de todo el globo. Sobre gustos hay demasiado escrito.

Por el SÍ.

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Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Una película imposible de evitar, un clásico del cine que, si bien se aleja un poco de la novela de Philip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), funda oficialmente el Ciberpunk cinematográfico. Aquí tenemos androides que se vuelven conscientes de sí mismos y niegan el control humano y su exterminio. “¿Por qué debo morir? ¡Yo soy!” parecen decir, mientras un cazador de Replicantes (tal el nombre de estos androides) los busca en una ciudad oscura y opresiva, llena de avisos luminosos de neón que impiden ver el cielo.

La frase final del replicante Beatty, con Vangelis (el primer compositor con sintetizadores de la historia) de fondo, es eterna: “He visto cosas que ustedes no creerían. Cruceros de ataque en llamas detrás de Orion. Vi rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhauser. Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Hora de morir”.

Terminator 2 (James Cameron, 1992). Otro clásico aunque no tan fuerte. En el futuro, las máquinas no sólo esclavizaron al hombre. Lo exterminaron y buscan hacerlo también en el presente, viajando en el tiempo para matar al líder de la resistencia, quien es defendido por… una máquina.

Se debe evitar el futuro, pues el futuro es ignoto. El hombre aspira a más de lo que puede controlar (otro de los puntos centrales del Ciberpunk: el hombre no controla lo que crea) y así fragua su propia perdición, su apocalipsis seguro. ¿Puede cambiar el tiempo? ¿Podemos cambiar como raza? ¿O sólo somos un pasaje evolutivo antes de la vida mecánica?

Matrix (los hermanos Wachowski, 1999). La película que originalmente revolucionó el mundo de la estética, la filosofía y la cultura desde un punto de vista ciberpunk. ¿Quiénes somos? ¿Qué vida estamos viviendo? ¿Qué es la realidad y qué queremos como realidad? ¿Queremos realidad? Más allá del consabido y repetido hasta el hartazgo esquema de “el elegido”, Matrix explora con éxito la idea de los límites de la mente y el cuerpo (y la famosa alegoría de la caverna de Platón), la unión de hombre y máquina, el control de la realidad artificial y la lucha no contra el orden establecido sino contra el orden sustentado por nuestro propio desinterés. Ah, y el hombre no pelea con su cuerpo, sino con su mente, en el ciberespacio. A las máquinas se las enfrenta en su terreno, un terreno tan real como el suelo que pisamos.

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Brazil (Terry Gilliam, 1985). Una maravilla onírica que, como Neuromante, mezcla cultura japonesa y occidental, los sueños y la realidad, el control y la libertad. Su ánimo surrealista la alejan del resto de las películas más duras del género, pero indudablemente pertenece. El hombre está devorado por la burocracia (mención aparte a la desaparición del personaje de De Niro), consumido y dedicado solo a su trabajo. El escape, imposible.

Por el NO.

Total Recall (Len Wiseman, 2012). Una remake del clásico de 1990, pero fallida. Se mantiene el problema de la realidad virtual y las memorias borradas, además de los implantes y los tres pechos (fue una de las primeras preguntas que surgieron cuando el fandom se enteró del inicio de filmación de esta cinta). Pero nada más. La tierra, aniquilada por la contaminación radioactiva y química, persiste en Inglaterra y Australia, comunicando ambos países con una ascensor que atraviesa el planeta. Por alguna razón, este ascensor es el culpable de las diferencias sociales y la resistencia combate su uso. A pesar de ser una cinta de acción entretenida, sólo podemos mencionar como interesante la ansiedad de esperar a que los tres pechos aparezcan. No más.

Matrix Recharged y Revolutions (los hermanos Wachowski, 2003). Dicen que no hay una sin dos ni dos sin tres. Pero estas continuaciones en búsqueda de la trilogía que hoy impera en el cine sólo jugó en contra del mensaje original de la primera cinta de 1999. De lado quedan las preguntas acerca de la realidad y la máquina, el hombre y la vida, el futuro y el presente, la desidia y el acostumbramiento. Estas dos películas son un desfile (muy efectivo, eso sí) de efectos especiales y machaque de agentes Smith y robots interminable. No son películas olvidables, en absoluto, pero están a años luz de la primera entrega.

 Cosmópolis (David Cronenberg, 2012). La contraparte surrealista de Brazil, quizás, pero fallida. Las discusiones sobre sexualidad, información digital, corporativismo electrónico e individuo, que pueden llegar a ser interesantes, carecen de receptores. Parece un enorme monólogo en el que cada personaje se turna para hablar al vacío. Una premisa interesante que se pierde.

 Johnny Mnemonic (1995, Robert Longo). Con un inanimado Keanu Reeves, lejos aún de Matrix, este filme sobre piratería virtual y transporte de información en sendos chips cerebrales, no hace más que pegar pelotazos en el palo. No sólo las actuaciones son horribles y olvidables, sino que además el sinsentido del desarrollo (a años luz del relato corto de W. Gibson en el que se basaron) transforma a esta producción en una de las peores del género. ¿Respeta las convenciones del género? Sí, lamentablemente no puede compensar la mala calidad de la producción.

Mención especial aparte al actor Dolph Lundgren, que destaca enormemente gracias a su papel como monje cibernético asesino continuamente apaleado.

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Menciones especiales a producciones recientes que demuestran que aún se puede pensar en un Ciberpunk vivo.

Looper (Rian Johnson, 2012). Esta película renueva la estética Ciberpunk desde un lugar diferente a la acción. En el futuro, el viaje temporal no existe, pero en el futuro del futuro sí. Desde ese futuro del futuro, la mafia envía condenados para ser ejecutados en el presente (o sea, el futuro no tan futuro, ¿se entiende?). Uno de los asesinos de este presente se encuentra con su yo futuro y empieza una lucha por la vida de un niño sospechoso de ser el gran líder de la mafia del futuro futuro. No es tan complicado como suena.

Elysium (Neil Blomkamp, 2013). Una película reciente del mismo director de Distrito 9. Una tierra superpoblada por las clases pobres y devastada por la contaminación, vive mirando hacia arriba, a un anillo orbital ocupado por las clases ricas que viven lejos de la suciedad y la desesperanza de nacer, vivir y morir en la supervivencia sin goce. Un devastado obrero con un exoesqueleto implantado y poco tiempo de vida parece no estar contento con esto.

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¿Y EN ANIMACIÓN?

Como detalle aparte, hay que hablar de animación Ciberpunk. A diferencia de las películas live-action, las películas animadas no tienen límites de producción y/o efectos especiales, por lo que a veces, estéticamente, han logrado representar la idea del Ciberpunk mejor que sus contrapartes con actores reales. Podríamos mencionar 9 (Shane Aker, 2009) o Wall-E (Andrew Stanton, 2008), pero creemos que las únicas películas que realmente demuestran este ideal ciberpunkiano no son norteamericanas.

 Akira (Katsuhiro Otomo, 1988). Quizá, la película más famosa del cine de animación japonés (y no sólo por su costo: es considerada la más cara). Transcurre en el 2019, 31 años después de que Tokyo fuera destruido casi completamente por una explosión de origen desconocido y se iniciara la 3ra Guerra Mundial. La humanidad resurge en neo-Tokyo, un lugar aparentemente gobernado por un concilio en las sombras. Las calles están definidas por guerras de pandillas y ruinas por doquier. En medio de todo ello, resurge Akira, un ser de inconmensurable poder psíquico a quien se considera responsable de la destrucción de la ciudad en el pasado.

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La película es interesante, pero no llega al nivel del manga en el que se basa (especialmente porque la película se hizo mucho antes de que el manga terminara, en 1990). El ciberpunk se delata en el poder tiránico, la mutación humana autoinducida, el poder de las drogas sintéticas, las preguntas incontestables acerca de la existencia y la identidad y sobre todo el miedo al apocalipsis constante.

Paprika (Satoshi Kon, 2006). Bella, electrónica, confusa y veloz película sobre terapia y tratamiento de trastornos del sueño mediante máquinas que permiten entrar al inconsciente. Realidad y sueño se funden en esta obra que juega con el futuro y la identidad. Calderón, un poroto.

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Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995). La obra más reconocida del cineasta japonés Oshii. Esta película asfixiante nos muestra un futuro en el que una androide policía busca a un terrorista informático, un ser compuesto de información pura que busca alterar el orden, dominando personas clave del gobierno mediante la red. Provisto de una atmósfera terriblemente fuerte (acompañada por una efectivísima banda de sonido), GITS resume casi completamente la esencia del Ciberpunk. Un futuro sin futuro, vacío, contaminado, con gente sin gustos, deseos o identidad. La mejor película animada ciberpunk, lejos.

Metropía (Tarik Saleh, 2009). Un desconocidísimo film europeo con una técnica de animación extraña y llamativa (fotos de personas desconocidas o cercanas al equipo de producción, recortadas, editadas y animadas). Un hombre se encuentra, de pronto, conversando con una voz en su cabeza que no es de él. ¿Quién le habla y por qué? Pero sobre todo, ¿cómo? Las grandes corporaciones no están contentas con controlar el transporte del mundo entero, ahora buscan controlar los deseos inconscientes y las ideas de la población mediante la publicidad subliminal.

¿Por qué el Ciberpunk llama tanto la atención? Nos sabemos amantes de las ruinas, el apocalisis, la realidad virtual y la tecnología. Soñamos con los implantes biónicos, las mejoras genéticas y, en definitiva, vivir eternamente gracias a nuestro conocimiento. También somos de naturaleza trágica y tendemos a desvalorar todo aquello que surgió en algún momento como ideal. El Ciberpunk es la caída del gran relato tecnológico de mediados de siglo: la tecnología no nos va a salvar. Somos nosotros los que tenemos que salvarnos de nosotros mismos.

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Bibliografía: Los sueños Mecánicos de las ovejas electrónicas. El ciberpunk y el cine. Naief Yehya. 1994, México.     ——-

*Santiago Kamerbeek

Es docente, (Lengua en primer y segundo año); bloguero e ilustrador en deconstruyendonos.wordpress.com; colabora con la editorial La Duendes con columnas de opinión de cine. Estudiante de letras; tiene un programa de radio de cine (Ya veremos) en Radio Universidad (fm 93.1) que se emite todos los jueves y que puede escucharse por Internet.

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