Libros para chicos: estado de situación y títulos interesantes

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Lobos, de Gravett

Por Sandra Milani*

Durante muchos años la literatura infantil estuvo signada en nuestro país por algunos de estos aspectos:
  • La proliferación de versiones de cuentos tradicionales, banalizadas por el mercado editorial, de escaso valor literario o artístico (pongamos por caso las versiones de Disney).
  • El valor del texto por sobre el de la ilustración, y del autor, por sobre el del ilustrador, considerado un mero decorador y no un artista.
  • La presencia de textos tradicionales (cuentos de la tradición folclórica europea, leyendas nacionales) y de autores argentinos más o menos consagrados, en las editoriales locales, de lo que se derivó un absoluto desconocimiento, en el campo de la formación inicial docente, de la producción actual latinoamericana, europea y asiática, por ejemplo, en materia de literatura infantil.
  • El mandato pedagógico (de poco sustento teórico) de enseñar valores morales por sobre el valor artístico o literario, cuando se lee una obra literaria.
  • El mandato del texto adecuado por edades (en el que participan intromisiones tanto del mercado como de la psicología evolutiva), que supone que hay libros para cuatro años, para cinco o para seis, y desconoce otras variables a la hora de la selección de textos, o por lo menos no se interroga acerca de estos condicionamientos, muchas veces explicitados en el paratexto sin ninguna fundamentación.

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En los últimos años, la literatura infantil ha conocido en nuestro país un enorme florecimiento. Congresos nacionales e internacionales, acercamiento a la producción de otros países, reconocimiento de autores nacionales nuevos multipremiados, reconocimiento del valor artístico de la ilustración, debates profundos acerca de la inclusión de la literatura infantil dentro del campo literario canonizado, difusión de libros álbum y de libros objeto de alto valor artístico y formativo1, y una apuesta por el tratamiento de temas a veces urticantes o incómodos, pero que están en el centro mismo de problemáticas que incluyen a nuestros niños en la agenda educativa actual.
Las políticas educativas de la última década se han hecho eco de estos avances, y, en un esfuerzo económico sin precedentes, han puesto a disposición de escuelas primarias y de salas de nivel inicial un rico, novedoso y variado material que merece ser debidamente explorado y atentamente leído por los docentes.
La isla del pequeño monstruo negro- negro, de Davide Cali
La isla del pequeño monstruo negro- negro, de Davide Cali
En cuanto a las Bibliotecas Áulicas para Nivel Inicial, es importante detenerse en algunas valoraciones:
-El convenio de Nación con algunas editoriales que se destacan por la calidad de sus traducciones, como Adriana Hidalgo- Pípala (La isla del pequeño monstruo negro- negro, de Davide Cali, Pinzón en la tormenta de Van Reek, Romeo nunca está contento de Hiroko Ohmori) y con editoriales sudamericanas como Ekaré, que permiten el acceso de todos los niños a textos internacionales de elevado valor literario y artístico. Estos convenios permiten poner en contacto a nuestros chicos con obras hasta ahora no difundidas en el país (Chiguiro de Da Coll, Chumba la cachumba, por ejemplo), que permiten la construcción de identidades tendientes a incorporar lo latinoamericano, a recuperar raíces autóctonas, pero también a conocer y a comprender la diversidad cultural desde los inicios mismos de la escolaridad. La bruja rechinadentes, por ejemplo es una leyenda de lectura obligatoria en regiones de España.
Pinzón en la tormenta de Van Reek
Pinzón en la tormenta de Van Reek
- La incorporación de libros álbum y de libros objeto, de autores e ilustradores nacionales (Mi cuerpo y yo de Luján e Isol, Has visto? o Detrás de él estaba su nariz de Istvanch), e internacionales (En el bosque de Anthony Browne, o Lobos de Gravett). Estos libros, verdaderas obras de arte para el disfrute de adultos y de niños, además de poner a disposición un universo cultural en el que se conjugan la excelencia literaria con la exquisitez plástica, proponen desafíos cognitivos de lectura en los que se juegan la anticipación, la inferencia, la elaboración de hipótesis en base a lo que el texto o la imagen proponen, la necesidad de completar con la imagen lo que el texto no dice, la necesidad de argumentar con el texto lo que la imagen desdice o agrega, y viceversa. Se constituyen así, en puertas de entrada privilegiadas al mundo de la lectura y de la construcción de sentidos, y se proponen como recursos insoslayables a la hora de iniciar a los más pequeños en la alfabetización.
Mi cuerpo y yo de Luján e Isol
Mi cuerpo y yo de Luján e Isol
-La difusión de autores argentinos contemporáneos, autores de textos e imágenes, valorados por la crítica internacional (Isol, Itsvanch, Liniers). Pongamos como ejemplo Lo que hay antes de que haya algo, de Liniers, en donde con una pizca de humor e ironía, se revisitan los terrores infantiles a la hora de dormir, quitando carga dramática y revalorizando el rol del abrigo paterno.
Lo que hay antes de que haya algo, de Liniers
Lo que hay antes de que haya algo, de Liniers

-La presencia de portadores novedosos que incitan a la exploración y desarrollan la curiosidad: los clásicos en mini álbum de Pictus, Monstruo triste, monstruo feliz, las cintas de moebius de Istvanch, El animalario universal de Murugarren.

 

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-Los libros que rescatan textos de la tradición poética tradicional, rimas, retahílas, trabalenguas, ideales para el desarrollo de la oralidad y de la lectura por sí mismos, con el plus de una excelente ilustración: el Trabalengüero, Nos miramos, Dame un besito, Una gata ética o todos los textos de la colección “Los morochitos” resultan buenos ejemplos.
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Chiguiro y el lápiz

Otras ponderaciones podrían tener lugar en este recorrido, que no es ni pretende ser exhaustivo. La intención es aportar algunos indicadores para leer con ojo crítico. Esto es, con criterios pedagógicos y didácticos, literarios y artísticos.

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Es importante aclarar que una comunidad de lectura no se constituye si no es, valga la redundancia, con otros. Así como alentamos calurosamente instalar la hora de lectura y conversación sobre los textos, de manera asidua y frecuente, con los más pequeños, también recomendamos buscar los tiempos institucionales sistemáticos que permitan a la comunidad docente leer, analizar, disfrutar, apropiarse de estos textos, para incorporarlos paulatinamente a la planificación de situaciones de lectura y escritura con los chicos, explotando todo su potencial formativo.

 

1 Para ver más sobre este tema, se recomienda indagar en la producción de ALIJA y en páginas virtuales como la revista Imaginaria.
*Sandra Milani es colaboradora en #ND y capacitadora del Equipo Nacional Ampliado del Proyecto de Alfabetización Inicial, Provincia de Santa Cruz, en la Patagonia Argentina. Profesora de Letras y francés. Actualmente, forma parte del equipo de cátedra de Literatura Española I de la carrera de Letras UNPSJB.
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