Todo lo que debes saber sobre el libro álbum

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Por Sandra Milani

Celebración de la palabra y la imagen: el libro álbum

Quisiera partir de una convicción íntima, profunda, militante casi: el contacto asiduo con la buena literatura, y con el arte en general, desde los primeros años infantiles, expande el horizonte de experiencia, ensancha el mundo poético interior y proporciona herramientas valiosas y duraderas para afrontar la vida.

¿Para qué sirve la ficción? ¿Tiene alguna utilidad, alguna funcionalidad en la formación de una persona, en nuestro caso de un niño, es decir, justamente de una persona en formación?

Siguiendo a Andruetto podemos decir que vamos al diccionario, a los libros de ciencia, a los periódicos para saber de las cosas que pasan. Pero ¿a qué sitio vamos para saber acerca de nosotros mismos? Los lectores vamos a la ficción para intentar comprendernos, para conocer algo más acerca de nuestras contradicciones, nuestras miserias y grandezas, acerca de lo más profundamente humano. Es por esa razón que el relato de ficción sigue existiendo como producto de la cultura, porque viene a decirnos acerca de nosotros de un modo que aún no pueden decir ni la ciencia ni las estadísticas.

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El investigador francés Roger Chartier, posiblemente el mayor exponente actual en el campo de la Historia de la lectura, sostiene que no hay texto fuera del soporte que lo da a leer. Es decir, que además del texto es necesario considerar y reflexionar acerca del espacio en el que se construye ese texto: el libro. Esto es así porque cada soporte impone una manera de leer. Hagamos este ejercicio: leamos el texto de El árbol rojo de Shaun Tan.

A veces el día empieza vacío de esperanzas

Y las cosas van de mal en peor

La oscuridad te supera

Nadie entiende nada

El mundo es una máquina sorda

Sin sentido ni lógica

A veces esperas, y esperas, y esperas, y esperas, y esperas, y esperas,

Pero nada ocurre

Y entonces todos tus problemas llegan de golpe

Ves pasar de largo cosas maravillosas

Los más espantosos destinos resultan inevitables

A veces no tienes ni idea de qué debes hacer

Ni de quien se supone que eres

Ni de dónde estás

Y parece que el día va a terminar igual que empezó

Pero de pronto ahí está delante de ti

Rebosante de color y vida, esperándote

Tal como lo imaginaste.

 Volvamos a leerlo ahora en el soporte libro álbum, ilustrado por el propio autor y editado por Bárbara Fiore. Las ilustraciones potencian, plurifican nuestras interpretaciones. Nuestra experiencia se amplifica como en un sueño. Esto pasa cuando leemos un libro álbum.

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Ilustración de El árbol rojo

Un poco de historia

En la segunda mitad del siglo XX el libro para niños se fue convirtiendo, paulatina y decididamente en un objeto artístico, confluencia de lenguajes de la literatura, y las artes gráficas. Los editores, entre los que se destaca el francés Ruy Vidal, comienzan a pensar el libro para niños como unidad de texto, ilustraciones y diseño gráfico. Fue Ruy Vidal quien afirmó:

“No existe el arte para niños. Existe el Arte. No existen las ilustraciones para niños, existen las ilustraciones. No existen los colores para niños; existen los colores. No existe la literatura para niños, existe la Literatura.” Y agrega: “Partiendo de esos cuatro principios, podemos decir que un libro para niños es un buen libro, cuando es buen libro para todos”.

 

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ilustración de Un rey de quiensabedonde

El problema del poder

En Un rey de quiensabedonde de Ariel Abadi se plantea el problema del poder en un tono aparentemente ingenuo y humorístico, que permite a los niños reírse de los que ganan y los que pierden, y a los adultos cuestionarse acerca del problema del poder, la propiedad, la guerra.

En nuestro país, a pesar de una rica tradición en libros ilustrados para niños, el mercado no impulsó el libro álbum, cuyo auge es notable en otras latitudes. Recientemente esta situación está cambiando (ver post para ampliar) y es el propósito de esta entrada difundir calurosamente un género que consideramos primordial a la hora de formar lectores lúcidos, críticos y competentes desde los primeros años.

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¿Qué cosa es un libro álbum?

Cecilia Bajour y Marcela Carranza, precursoras en el estudio de este género en la Argentina lo definen así: “Contrapunto de imagen y palabra, donde la imagen narra lo no dicho por la palabra, o la palabra dice lo dejado de lado por la imagen. En un libro álbum la imagen es portadora de significación en sí misma y está en diálogo con la palabra. Ilustración, texto, diseño y edición se conjugan en una unidad estética y de sentido.” De todas maneras, por ser un género recientemente descubierto y valorizado, el concepto está aún en debate y constituyéndose. Uri Shulevitz proporciona un mecanismo para darse cuenta cuándo se está frente a un  álbum: “el significado de las palabras en un libro álbum no está claro o queda incompleto sin las ilustraciones. Por ejemplo, no es posible leerles a los niños un libro álbum a través de la radio, porque no sería comprendido.”

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Irulana y el ogronte de Graciela Montes
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Caperucita tal como se la contaron a Jorge de Pescetti

El libro para niños empieza, entonces a ser algo más que texto, como lo era en el Siglo XIX, y las imágenes crecen en tamaño y valoración. Se produce lo que Díaz Armas llamó el desbordamiento de las imágenes. Hoy día, en que el hombre contemporáneo vive sumido en un mundo audiovisual y que está siendo bombardeado por una importante cantidad de imágenes, el libro álbum, en vez de rechazar esa realidad, aparentemente contraria al libro, la recoge y la devuelve en un objeto cultural de alto significado artístico.

¿Cómo se lee un libro álbum? 

Siempre ha existido una preocupación de cómo leer un texto escrito. Al leer una novela por ejemplo, sabemos que hay varios elementos que debemos considerar para hacer una buena lectura: el tipo de narrador, el tiempo del relato, personaje principal, personajes secundarios, la trama, etc. Se tratan de elemento continuos que forman, por así decirlo, la estructura de la novela. Por otra parte, nuestro ojos han “aprendido” que deben leer línea tras línea, de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha, y  sabemos que sólo de esa manera  se logra re-articular el mensaje contenido en una página escrita. Durante mucho tiempo, la lectura de la imagen fue relegada a un segundo plano.

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En el fondo, la imagen debe ser considerada como un texto. La imagen es el resultado de una serie de decisiones efectuadas por su creador, que al seleccionar algunos signos por sobre otros configura un mensaje determinado. Toda imagen es polisémica, y sus distintos sentidos se encuentran de  manera subyacente entre sus significantes. La denotación, en una imagen, se refiere a la relación  que une el signo icónico con un referente. La connotación sobrepasa el marco estricto de la imagen para atribuirle un significado en el plano de los códigos culturales (Ejemplo del cetro de Un rey de quiensabedonde de Abadi).

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Cetro del rey

Dice el narrador oral Claudio Ledesma que cuando leemos un libro álbum vamos haciendo ajustes, calibramos lo que quieren decir las imágenes de acuerdo a lo que afirman las palabras y lo que quieren decir las palabras de acuerdo a las ilustraciones, esta oscilación de ajustes y reajustes es permanente y única en cada lectura. En un álbum, un discurso siempre limita o expande al otro, lo que quiere decir que un código siempre simplifica o complica, o reinterpreta lo que el otro asiente.

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Ilustraciones de Marjolaine Leray

Los experimentos de desplazamiento narrativo hacia la imagen provocan ciertos efectos como por ejemplo:

  • Confiar a la imagen la descripción de los personajes, los escenarios e incluso las acciones

Personajes y escenario (Caperucita de Pescetti)

Acciones  (La escoba de la viuda de Van Allsburg, Finn Herman de Mats Letén)

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La escoba de la viuda
  • Interrelacionar  texto e imagen a partir de códigos  generados por el cómic

Una caperucita roja de Marjolaine Leray,  Los tres cerditos de David Wiesner

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Los tres cerditos de David Wiesner
  • Desdoblar el hilo argumental para incluir una historia dentro de otra, una contada por el texto y otra contada por la imagen

Ejemplo: “Quiero ganar este concurso. Un libro sobre los números y otras artes” de Istvansch. Ilustraciones del autor. Fotografías de Marcelo Perinetti. Buenos Aires, A-Z Editora, 2008.

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  • Introducir complicaciones que afectan la interpretación de la historia. Por ejemplo, establecer juegos de ambigüedad entre la realidad y la ficción de lo que se explica. La ilustración ofrece pistas para poner en duda lo que afirma el texto.
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Donde viven los monstruos de Maurice Sendak

 

 

En algunos casos se presenta un narrador infrasciente (es decir que sabe menos de lo que sucede) y un ilustrador omnisciente (que sabe y muestra mucho más de lo que se cuenta) Ejemplo: Los tres cerditos David Weisner.

 Más ejemplos: (Shaun Tan la cosa perdida, Un rey de quiensabedonde, Los misterios del señor Burdick)

Los misterios del señor Burdick

 

  • Construir alusiones culturales y literarias Caperucita de Gotlibowski

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Así como en la literatura se habla de intertextualidad cuando el texto se relaciona con textos anteriores, en el mundo de la imagen podemos hablar de intertextualidad visual: detrás de una imagen, podemos encontrar muchas otras con las cuales el ilustrador dialoga, cuestiona, imita, ridiculiza, etc. (ver Caperucita de Pescetti y la de Leicia Gotlibowski, Los tres cerditos de David Wiesner, cualquiera de Anthony Browne, Las pinturas de Willy por ej)

Las pinturas de Willy
Las pinturas de Willy

El placer del lector consiste en develar los medios, las estrategias por los cuales el texto, nos interpela.

El libro álbum produce literatura, textos que tratan de cuestiones fundamentales de la condición humana, que no intentan dar respuestas, sino que proponen, por el contrario, nuevas indagaciones sobre la experiencia humana; libros que utilizan el lenguaje de una manera poética, explorando su ambigüedad y complejidad, proponiendo una pluralidad de significados; textos que pueden ser leídos por adultos con intenso placer literario, pero que también pueden ser leídos y comprendidos, a un nivel más superficial, por los niños. Ninguna materia le es ajena: puede tratar sobre el amor, la guerra, la adopción, la sexualidad, el abandono, el problema del género, proyectando estos temas en una pantalla en la que el arte como catalizador permite construir sentidos nuevos y armar la propia subjetividad (Por ejemplo en Rey y Rey donde los príncipes no se casan con princesas).

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Rey y rey de Linda De Haan y Stern Nijland

En este texto se impugna la lectura tradicional de los cuentos de hadas y la naturalización de los lugares de las jerarquías y el poder falocéntrico y etnocéntrico hegemónico. No hay un rey sino una reina, las princesas elegidas vienen de todos los lugares del mundo, y, sobre todo, el príncipe tiene derecho a elegir una pareja de su mismo sexo. Y de estas cosas hay que hablar, en la escuela y en la literatura (Como una guerra, La composición de Skármeta, Choco encuentra una mamá de Keiko Kasza)

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Choco encuentra una mamá
Choco encuentra una mamá

El entrañable Maurice Sendak ha dicho: “Muchas personas están empeñadas en proteger a los niños de lo que creen peligroso. El artista genuino tiene la misma preocupación. A pesar de esto su obra puede no responder a lo que los especialistas manifiestan que es correcto para los niños. El artista pone elementos en su obra que vienen de lo más profundo de sí mismo. Él comprende que los niños saben más de lo que la gente supone. Los niños están dispuestos a enfrentarse con temas dudosos que los adultos quisieran que no conocieran. Si un libro no sigue el trayecto de lo que el especialista considera correcto, es un mal libro para niños. De manera que los que hacemos libros ilustrados somos condenados más fácilmente que otros artistas creadores porque tratamos con sujetos tan delicados: los niños. Nosotros debemos proteger a los niños y sin embargo no están protegidos de otras cosas. No están protegidos de la terrible televisión. Nadie los protege de la vida porque es imposible hacerlo. Todo lo que tratamos de hacer seriamente es hablarles acerca de la vida ¿Qué hay de malo en esto? Y, de todas maneras, ya saben de la vida.”

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Una clasificación posible

  1. A.    Textos clásicos: el texto clásico siempre viene a decir algo sobre la infancia. En sus versiones originales continúan hablando de los terrores y las fantasías infantiles, y la posibilidad de proyectar las vicisitudes de la vida en una salida tolerable y feliz.
  • Textos clásicos revisitados desde la escritura (Una caperucita roja, de Marjory Leroy, Habla el lobo de Patricia Suárez)   
  • Textos clásicos sostenidos en sus versiones originales pero renarrados por las imágenes (Caperucita de Pescetti, de Gotlibowki, Hansel y Gretel en versiones bellamente ilustradas, El sastrecillo valiente)
  • Textos clásicos renarrados en imágenes y textos (Los tres chanchitos de Wiesner, Caperucita roja tal como se la contaron a Jorge de Pescetti)
  1. B.    Textos con alusiones metaliterarias

En estos libros el enunciado está puesto en cuestión desde la enunciación, y el narrador o el ilustrador pueden todo el tiempo comentar el enunciado de la misma enunciación (Lobos de Gravett, Cuento con ogro y princesa de Mariño ). Proponen poner en evidencia la construcción de la ficción, tratando al texto como un artefacto construido mediante una serie de convenciones compartidas con sus lectores. Se trata de los textos que la crítica llama metaficcionales.

       Vale aclarar que la metaficción es un término que se aplica a la escritura ficcional, que  de manera    consciente y sistemática llama la atención sobre su naturaleza de artefacto para plantear interrogantes acerca de la relación entre la ficción y la realidad.

La metaficción impulsa al lector  a levantarse de la butaca de terciopelo rojo desde la que, absorto, contempla el drama y lo guía para que se mueva tras bambalinas y observe la tramoya y demás parapetos que rodean la escena, distanciándolos de este modo de la representación.

(Mal día en Río Seco de Van Allsburg, Trucas de Juan Gedovius, Lobos)

 

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Trucas
  1. C.   Libros con textos e imágenes contradictorias y no complementarias

De esta clasificación vamos a mostrar como ejemplo el texto clásico renarrado por las imágenes (Los tres cerditos de Weisner) y el texto con alusiones metaficcionales (Lobos de Gravett): el libro dentro del libro, el texto enciclopédico convertido en texto ficcional en este juego de duplicación, el doble final que pone en cuestión los gustos infantiles y la moral tradicional, la presencia autorial interactuando con la historia, el relato y el lector, los guiños paratextuales.

El libro objeto

Pero no sólo la ilustración es portadora de significado en un libro álbum. También tiene valor semántico la cuidada edición  en la que interviene el diseño, el tamaño de la letra, la densidad y la tipografía. Por eso, el autor del libro álbum no es sólo un artista sino un conjunto de creadores que han generado un idea. Con frecuencia en un libro álbum confluyen un escritor, un ilustrador y un diseñador gráfico.  Los libros objeto podrían definirse como objetos funcionales (una caja, un acordeón, una cinta de moebius, reúnen sus contenidos en un soporte no convencional. Dice Istvanch: “Pienso al libro objeto como un todo pleno de inteligencia, fundado en una idea original y única, que incorpora un recurso extraño a los libros corrientes para multiplicar significados literarios y gráficos, y no para acotarlos…”  Refrains sans freins de Istvanch, Tener un patito es útil de Isol, Los piojemas del piojo Peddy, Francis David Zoo.

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del piojemas  

Podría extenderme hasta el infinito: están los maravillosos libros sin texto escrito (Zoom, Re zoom, Del otro lado de Itsvan Banyai, Trucas de Juan Gedovius, Los botones del elefante de Noriko Ueno). Están los que interpelan el aparato paratextual (El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos de Lane Smith Ed. Continente, El libro más genial que he leído, de Christian Voltz). Están los que revisitan la historia con humor (1492 de Cuello).

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El libro más genial que he leído

Pero los dejo investigando, leyendo, buscando por este camino, con  una hermosa cita de Daniel Goldín sobre los libros álbum:

“Como el amor, la lectura y la contemplación del libro álbum expanden nuestro ser a través del contacto con otro que nos invita a olvidarnos de nosotros mismos y a reencontrarnos en esa pérdida. Y uno no se enamora de alguien porque es bello, sino porque le suscita emociones, recuerdos, anhelos, sorpresa intelectual, un gesto, una forma de ver el mundo y actuar en él, una invitación a participar en un relato íntimo que sentimos que nos definirá. Conforme uno se interna en la relación, es más difícil separar las partes del todo. De hecho, uno se descubre enamorado cuando percibe que cada parte de su amado es esencial. Y pocos géneros editoriales pueden suscitar tal forma de amor como los álbumes”.

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Finn Herman de Mats Letén ilustrado por Hanne Bartholin

 

De la autora de este post:

*Sandra Milani es colaboradora en #ND y capacitadora del Equipo Nacional Ampliado del Proyecto de Alfabetización Inicial, Provincia de Santa Cruz, en la Patagonia Argentina. Profesora de Letras y de Francés. Actualmente, forma parte del equipo de cátedra de Literatura Española I de la carrera de Letras UNPSJB.

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