SUPERCLÁSICOS: Cuatro historias de amor en el cine y en la literatura para revisar este verano (o para dejarlas al olvido)

*Por Florencia Taddey. 

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“Un chico conoce a una chica, el chico se enamora de otra, y se da cuenta (probablemente demasiado tarde) que debería haberse quedado con la primera”, parece una historia que emerge de las nuevas narrativas mediáticas o novelas actuales pero en realidad es el argumento de Wings, la primera película ganadora del Oscar (1927). Incluso antes que los films fueran sonorizados,  muchas de esas películas habían sido anteriormente, obras literarias. O dicho de otro modo, antes de invadir el celuloide, habían hecho latir con fuerza los corazones de miles de lectores. Pero la pregunta que sigue a continuación es, ¿siempre han sido buenos los resultados?. La intención de este post es, entonces, hacer algunas observaciones sobre esa peligrosa relación entre literatura y cine, poniendo en juego historias que deben ser vistas y/o leídas de nuevo, o guardadas en el olvido.

Romeo y Julieta 1597-el libro: Un amor imposible en los tiempos de Isabel I. Desde que Shakespeare inventó esta tragedia todas las mujeres comparamos cualquier romance con el de este par de adolescentes.

Romeo y Julieta la película: Baz Luhrmann (El gran Gatsby) nos presentó en 1996 una versión moderna e inspirada en MTV, cuyo peligro fue precisamente que era una historia demasiado conocida con un texto del que afloró una pregunta ¿No había mucho más que decir de ella?

Sin embargo, cualquier loveholic va de cabeza a ver todas las versiones posibles de este drama. Habría que considerar que el cine de Hollywood y Bollywood ya han dicho lo suyo con Romeo y Julieta y que podrían mencionarse como películas recordadas las de 1968 de Franco Zeffirelli, y la de los 90 con Leonardo Di Caprio (Luhrmann). Sabemos también que en 2013 hay una nueva versión que propone otro round al desafío de llevar a la pantalla el texto de Shakespeare.

La pregunta es la de siempre:  ¿le damos una revancha o nos conformamos con bajarnos la app de la historia al celular?

 

Anna Karenina (1877): Los rusos y el amor tienen un vínculo especial y difícil de explicar. No sé qué será, supongo que es el frio, los sombreros de piel, los trenes, el té endulzado con cerezas negras, no lo sé, pero los romances rusos, como los franceses, son especiales. Y un día, Lev Tolstoi nos contó la bella historia de Anna Karenina y Alekséi Vrosnky, un romance correspondido pero incorrecto,  cargado de pasión, riqueza y deseo. Esta novela es, paradójicamente, un viaje en tren, con idas y venidas. De Rusia con amor.

-Contra de la versión 2012: La obra tolstiana tiene una característica central, la abundancia: abundancia económica, abundancia fashionista, abundancia de personaje, abundancia de descripciones, y otros abundantes etc. Y al parecer, cuando Joe Wright (Orgullo y prejuicio) decide llevar a la pantalla grande esta historia, también tomo como punto de partida la abundancia. Escenarios majestuosos, vestidos vaporosos y un toque de pasión pero ¿Y la historia? ¿Dónde queda Anna y Alekséi? La importancia de la riqueza hace que los protagonistas no tengan, precisamente, protagonismo. Demasiado de todo, menos de historia. Olvidable.

Diario de una pasión (1996): esta es una novela de un escritor comercial como lo es Nicholas Sparks. Narra un amor adolescente, entre Noah y Allie (chico de campo, chica de ciudad) durante un verano sureño de los años ’40. Sus diferencias sociales hicieron que se separarán, sin embargo, nunca pudieron olvidarse. Catorce años más tarde, ambos se encuentran y descubrirán que el amor sigue intacto. Indispensable en la biblioteca de cualquier romántico.

-Contra: si bien la versión cinematográfica es muy buena, el problema central radica en que Nick Cassavetes (director del film) presenta todos los detalles ordenados, “servidos”, eliminando el suspenso y misterio permanente, característico de la obra. Sin embargo, el largometraje entretiene. Comodín de una tarde de lluvia.

Hemingway, en el amor y la guerra (1997) Este libro no es una obra literaria, es la recopilación de cartas, diarios personales y testimonios de un romance que no pudo ser, hecha por Henry Villard y James Naguel.

Ernest Hemingway tenía 18 años y Agnes Von Kurosky 26. Él aun no era Premio Nobel, solo corresponsal durante la Primera Guerra Mundial; ella era enfermera y le salvó la vida. Se enamoraron y antes de finalizar el conflicto bélico, la joven de ojos grises lo abandonó por correspondencia. El genial autor nunca pudo olvidarla y ella se convirtió en la inspiración de las heroínas de sus obras. Años más tarde, antes de su consagración, escribió Adiós a las armas, donde narra el triste idilio entre un joven periodista y una enfermera en plena guerra ¿Coincidencia? No lo creo.

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-Bonus: el texto epistolar es el protagonista de esta obra, junto al diario personal de Agnes Von Kurosky. No obstante, es la carta de ruptura la verdadera joya, haciendo del libro un miembro imperdible para cualquier biblioteca. 100% recomendable.

-Contra: el film emociona, y atrapa al público femenino con la interpretación de Cris O´Donell como un Hemingway apuesto y encantador. Sin embargo, el film resulta ser obvio y previsible, un cliché romántico. No es mi favorita.

Como hemos visto, el cine y la literatura continuarán su matrimonio con productos más o menos logrados, y sus protagonistas enamorarán o defraudarán a miles de lectores y/o, espectadores. Pero son los autores quienes realmente conquistan el alma del público, quienes se encargan de crear momentos, y de perpetuar, en frases, situaciones y sentimientos, como la dedicada por Allie a Noah cuando olvidarlo era algo inevitable: “Te amo mientras escribo estas líneas, y te amo ahora mientras las lees”.

 Sobre Adiós a las armas: La escena en El lado bueno de las cosas David O. Russell, 2012 .

 

 

*Florencia Taddey es Profesora en Letras  y blogger.

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