Pacheco: un caso singular de las letras mexicanas

Por Celina Salvatierra

¿Mito? Hasta hace algunos años, José Emilio Pacheco (1939-2014) hizo más de un retoque a su maravillosa novela breve Las batallas en el desierto.  El dato se vuelve significativo hoy, marco en el que muchos harán distintos homenajes para recordarlo tras su muerte, aunque este apunte pretende traer a este presente, ya sin Pacheco, un dato más sobre el autor que retocaba su novela cada vez que era reeditada. Lo que podría ser un mito es que hayan sido correcciones esenciales. En cambio, lo que podría ajustarse más a la realidad es que las mismas fueron en términos de detalles, o al menos, consecuencia de la re-lectura que el propio autor hizo ante las reediciones de la novela.  Lo que sí puede decirse es que, finalmente, el ejercicio de reescritura y el vínculo de Pacheco con su obra hace del Premio Cervantes 2009,  un caso singular de las letras mexicanas.

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Pacheco y Gelman

LAS BATALLAS

Publicada por primera vez en el suplemento Sábado del diario mexicano Milenio, “Las batallas” es sin discusiones, además de una obra de arte, una pieza preciada de cualquier museo de literatura mexicana. Pero no sé si la analogía va del todo. Porque se trataría de un objeto estático cuando en realidad la novela breve fue visitada por generaciones y en su 30 aniversario se leyó colectivamente en la FILO de Oaxaca. En aquella ocasión fue reeditada en su homenaje en una tapa roja. Pacheco, por su parte, aseguraba al recibir el Cervantes que “Nada de lo que ocurre en este cruel 2010–de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México–era previsible al comenzar el año. Todo cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye. Sin embargo en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie,y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas,el misterio y la gloria del Quijote”. Además, decía a los medios de su país que “la nostalgia es un estado engañoso”. Siempre me pregunté si quizá en la ambivalencia y la nostalgia, hubiese algún tipo de pista en torno a la inquietud por la reescritura, de parte de este escritor que ahora deja textos inéditos y que escribió con distintos seudónimos como Julián Hernández, J. E. P. (las iniciales de su nombre), Daniel López Laguna, Juan Pérez Pineda, Ricardo Ledesma y R. L.

EL ARTESANO QUE FUE SU PROPIO VERDUGO

Desarrollada en la Ciudad de México de 1948 , Las batallas en el desierto expone a través de los ojos de Carlos —su protagonista— la vida cotidiana de la clase media asentada en la Colonia Roma; su aspiración a alcanzar el estilo de vida estadounidense; sus costumbres aún de provincia; sus terrores e hipocresías justificados con extractos de los sermones de párroco. Pero todo con ese regusto a infancia, a recuerdo de juguete polvoso, que lentamente va abriendo camino a la adolescencia y sus descubrimientos. En el caso de Carlos, el despertar sexual acompañado de la imagen de Mariana, la madre de uno de sus amigos.

Yo me topé con el librito en el Programa de Escritura Creativa de la UCSJ; seminario de la gran Ana Clavel, cuando la propuesta fue leer literatura breve y desarticular procedimientos.

En aquel momento, Ana nos compartió el dato con el que ahora juego en este texto: que Pacheco corregía cada vez que podía Las Batallas. Incluso, esa actitud del escritor inconforme relucía en muchas notas y artículos que se le dedicaban. Las preguntas que emergieron entonces de este dato curioso tuvieron que ver con qué grado de perfección imponía el poeta a la arquitectura de su narrativa, cuánto podía apoyarse en el artilugio de narrar como un adulto que recuerda su infancia y que apela a la memoria, y hasta me pregunté si sería que Pacheco pensaba todo el tiempo en su obra, en cada sitio en el que había construido y puesto un punto o una coma. Lo cierto, es que fue nítido artesano del lenguaje. Escritor y editor, artesano y verdugo, en personalidad múltiple.

En tres décadas, con o sin correcciones, Las Batallas inspiró otras expresiones, canciones  como Las Batallas de Café Tacuba, la película Mariana, Mariana —cuya adaptación cinematográfica fue obra de Vicente Leñero— o en la puesta en escena teatral del mismo nombre, dirigida por Ghalí Martínez, cuyo estreno aplaudió el mismo autor.

EL PASADO ES UN PAÍS EXTRANJERO

En 2011, la Editorial Era —responsable de su primera publicación como libro—, lanzó la edición conmemorativa de la obra más leída de Pacheco. Similar al suplemento donde vio por primera vez la luz, con una viñeta de Vicente Rojo y fotografías de Nacho López.

La edición aniversario de “Las Batallas” tenía una errata como novedad.  Es que las dos breves frases del epígrafe que a la vez fueron las primeras de la novela del escritor inglés L. P. Hartley, estuvo escrita diferente a cómo la escribió Hartley, y por ende, tuvo un sentido distinto. (Hartley no escribió dos frases separadas por un punto y seguido, sino una sola frase dividida por dos puntos. The past is a foreign country: they do things differently there).  “El pasado –escribió Pacheco– retrabajando quizá sin querer en el epígrafe la cita de L.P. Hartley– es un país extranjero. (Punto) Ahí la gente hace otras cosas”.

Es posible bajar de varios sitios Las Batallas en Internet, que también está en formato de audiolibro.

Leer o releer esta novela breve u otras de este autor que falleció ayer a los 74 años, es sin duda el mejor modo de recordarlo.

Ver Diez cosas que hay que saber de Pacheco.

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