Veroka Velásquez y el fruto de las narrativas en conflicto

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Por Celina Salvatierra

Narrativas en conflicto 1.

Dice Rossana Reguillo en  Culturas juveniles. Formas políticas del desencanto, reeditado recientemente por Siglo Veintiuno, que, aunque con excepciones, el Estado, la familia y la escuela siguen pensando a la juventud como una categoría de tránsito, como una etapa de preparación para lo que sí vale: la juventud como futuro, valorada más por lo que será o dejará de ser; mientras que para los jóvenes, el mundo está anclado en el presente, situación que ha sido finamente captada por el mercado.

Narrativas en conflicto 2.

Veroka Velásquez, una artista visual y autogestiva, del sur, de esta Patagonia, que vive en Buenos Aires, inauguró en enero, en Comodoro Rivadavia su muestra “La fruta prohibida”, una conjunción de retratos en tinta y marcador, de mujeres de cuerpo entero sobre diarios, o de rostros, bajo la premisa de tentar al deseo, de mostrar desde el género hoy, teniendo en cuenta una deuda social que se traduce en deuda también dentro lo de privado: entender aquello que vivimos y que nos es impuesto, para romper, para liberar en presente. Por ejemplo, el género, es, básicamente un concepto relacional que aparece muchas veces ligado desde el sentido común a configuraciones biológicas, aunque en realidad no es así. Por el contrario, el género, no tiene  “bordes delimitados” dice Reguillo, a pesar de que es un terreno donde lo biológico despliega con mayor nitidez su uso político-cultural.

Por todo esto; aunque en la vida cotidiana pensemos que “ser niño o joven” o “ser adulto” es algo cerrado, que “ser mujer”, o “ser hombre” también lo sean, en realidad todo lo que podamos imaginar estático entra en un entramado de juicios y prejuicios y de prácticas, en un ruedo de construcción colectiva. Por todo esto, y ante la preocupación de esta artista por lo que ocurre a su alrededor, por los hechos de violencia contra menores de edad, por la falta de información y de acompañamiento, Veroka Velásquez propone.

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Veroka Velásquez expuso su anterior trabajo en Alemania. Esa otra pieza se llamó “Espejos -La esclavitud “ en la que la premisa fue romper también con lo que se espera del cuerpo fenemino. Además es una artista autogestiva, colaboradora del periódico MU, de la cooperativa La Vaca, diseñadora de moda alternativa y constructora de cajones peruanos junto a su hermano.

La narrativa visual de “La Fruta Prohibida” integró dibujo, fotografía, audio y video, mientras la propuesta fue pensar los anclajes de la violencia del presente, escapar del mercado, habilitar otras miradas hacia la libertad y la diversidad en un clima de respeto. He aquí que por eso “La fruta prohibida” no fue sólo la manzana mítica, asociada a los deseos del espíritu y a las pasiones; sino también un emblema y/o un problema para aquellos que se resguardan en ciertos prejuicios, para quienes normativizan la violencia o la ven como obviedad.

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Andrea Digorado y Naty Pedroza

Las imágenes de desnudos de “La Fruta Prohibida” fueron de la fotógrafa Mónica Bonavia. Las fotos de Bonavia jugaron desde los cuerpos a mover esos límites impuestos. También en el mismo sentido fue el trabajo de Andrea Digorado, que junto a Naty Pedroza performancearon durante la tarde de inauguración: sirvieron tarta de manzana y jugaron con una pluma a incomodar, a intimidar; mientras que también se pudo ver el video y oír el audio que aportó Micol Metzner. Y como es costumbre de Veroka Velásquez, también se integró más expresión, sumando a la Murga Batucada comodorense. En ocasión de la muestra, ND recomendó sendos recorridos: por el Museo Ferro Portuario, y por sus blogs.

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Una foto en conflicto 3. 

A pocos de días de cerrar la exposición, se habló mucho de esta foto que aparece a continuación.

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Esta otra historia es así.

Tal como lo relató Veroka, la muestra había sido aceptada por Daniel Vlemich, secretario de Cultura, Comunicación y Turismo de la municipalidad de Comodoro Rivadavia. En principio iba a ser expuesta en el Ceptur, otro espacio que depende de ese área, aunque por su propuesta curatorial se llevó a la Sala de Arte del Museo Ferro Portuario cuyo director general es Patricio Pozos.

El día de la inauguración, le solicitaron retirar una de las fotos de Bonavia, que estaba ubicada en una primera sala de ingreso. Cuando la artista pregunta el motivo, le dicen que por allí pasaban los niños de las colonias de vacaciones. “En la inauguración, ante el público presente, comentó la situación de la foto, explicando que no es para activar pelea, sino que es para que pensemos en colectivo qué les transmitimos a los niños; porque un niño de 5 años no va solo a un museo generalmente, va acompañado de adultos que pueden explicar que está viendo. Además, en las fotos nada de lo que se ve es malo ante los ojos de un niño. Y, en definitiva, la sala es para expresiones artísticas (reveamos conceptos entonces). Visibilizar la problemática hizo que se resuelva y la foto queda sin problema alguno”.

El lunes 3 de febrero, la periodista Cynthia Francisco exhibió en redes sociales (con una foto propia) que la pieza había sido cubierta por un panel que formaba parte de la muestra. Esta acción hizo que se publicara en los medios locales la situación, y que los lectores de algunos de esos diarios hicieran comentarios diversos, a favor y en contra de la propuesta. No obstante, pasaron los días, se desmontó “La Fruta Prohibida” y, hasta ahora, no hubo declaraciones sobre este hecho en particular, ni respuesta a la carta que la artista dirigió a los encargados del espacio.

Ante lo ocurrido en su ciudad de origen, Veroka se preguntaba, entre otras cosas: “¿No podemos tomar conciencia que los niños van a ver los adultos les expliquen? ¿No podemos tomarnos el tiempo de explicar que esto es una expresión artística, que es un mensaje femenino, que es importante saber que la desnudez no es pornografía con la cantidad de prostitución que hay en comodoro? ¿Hasta cuando Comodoro vamos a seguir alimentando esta hipocresía?”.

Lo cierto es que la muestra ya está desmontada pero es imposible transitar por la ciudad y evitar ver los trazos de Veroka. Ejemplo es el mural frente al Hospital Regional y otras pintadas, teniendo en cuenta que este verano sumó nuevos lugares que intervino junto a la Murga Batucada Comodorense.

 

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