Terry Pratchett y la parodia del héroe

*Por Silvia Araújo

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Responder a la pregunta acerca de qué es un héroe nos llevaría a desandar los caminos ya transitados por reconocidos mitólogos como: G.S. Kirk, Otto Rank, Carl Jung, Lévi-Strauss, Robert Graves, entre tantos otros. Bástenos, provisoriamente, con la aproximación dada por Campbell al respecto:

“Un héroe es el hombre o la mujer que ha sido capaz de combatir y triunfar sobre sus limitaciones históricas, personales y locales y ha alcanzado las formas humanas generales, válidas y normales” (CAMPBELL, Joseph 1998:26)

Asimismo, en su estudio sobre la función y el significado del mito Echavarría Molloy toma la dicotomía sacro-profano introducida por Durkheim y clasifica a los héroes en dos grandes grupos: los sacros, es decir, los que ameritan un tratamiento religioso que, a su vez, se subdividen en divinos (Jesucristo, Buda), semidivinos (Aquiles, Hércules) y divinizados (César Augusto, Alejandro Magno); y los profanos, a los que agrupa en: históricos (Agamenón, Guillermo Tell), legendarios (el Cid) y ficticios (Robin Hood, Superman, etc.) A éstos últimos corresponde la figura de Cohen, el Bárbaro, personaje que protagoniza la novela El último héroe de Terry Pratchett, ya que su figura no está ligada a la mitología o a la historia, sino que es el producto de la inventiva del escritor británico. A su vez, esta obra es una de las treinta y ocho novelas que forman parte de la Saga de Mundodisco, editadas al español por la editorial Plaza & Janes. En este sentido, vale aclarar que cada una de ellas puede leerse independientemente del resto de las que conforman la saga.

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El Mundodisco es el espacio físico en el que están ambientadas las historias que conforman la colección. Una especie de tortuga gigante que nada por el espacio y que soporta sobre su caparazón cuatro elefantes que sostienen una superficie plana habitada por humanos y seres de distinta índole, cuyo orden y funcionamiento no se rige por las leyes de la ciencia física sino por las de la magia. El lugar de aprendizaje del Mundodisco es la Universidad Invisible, donde los jóvenes e inteligentes magos del Edificio de la Magia de Altas Energías estudian los fundamentos de la taumaturgia. Desde el punto de vista religioso, la concepción que gobierna este mundo es politeísta. Sus dioses habitan en Dunmanesti, una mansión en la cima de una montaña, en la región de Cori Celeste y matan el tiempo jugando al ajedrez con los destinos de los hombres.

La historia principia cuando el aparente orden de Mundodisco se ve amenazado por las temerarias intenciones de Cohen, el Bárbaro, quien junto a la Horda Plateada, planea irrumpir en la morada de los dioses para restituir “algo que les fue robado”. Paralelamente, los magos de la Universidad Invisible al mando de Lord Vetinari, Patricio de la cuidad de Ankh-Morpok, son convocados por los embajadores de todos los reinos del Mundodisco para frustrar los planes de Cohen y sus compañeros de armas. A partir de las disquisiciones de los magos, nos enteramos que aquellos que el héroe pretende devolver a sus originarios dueños, según consta en la mitología de Mundodisco, es nada más y nada menos que el fuego hurtado por Mazeda a los dioses y donado a los hombres. Sin embargo, el peligro de esta restitución estriba en la magnitud y la desmesura de la empresa, ya que Cohen y sus compañeros devolverán el fuego robado bajo la forma de un barril de veinticinco kilos de polvo de trueno Agatiano, lo cual conduciría no sólo a la destrucción de Cori Celesti, y de las deidades que allí habitan, sino de todo el Mundodisco.

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Así queda planteada, entonces, la aventura de nuestro héroe, Cohen, quien, en compañía de sus ayudantes de la Horda Plateada, deberá sortear los obstáculos no sólo de los magos de Lord Vetinari, sino además de los monstruos que custodian los alrededores de las mansiones de los dioses en Cori Celeste.

Ahora bien, como se desprende de lo hasta aquí expuesto la novela de Pratchett está edificada sobre un claro intertexto: el mito de Prometeo. Las fuentes del mismo, con interesantes y significativos matices, son tres: la de Hesíodo (en Teogonía y en Trabajos y días), la de Esquilo (en Prometeo encadenado que formaba parte de la trilogía cuyas dos obras siguientes, La libertad de Prometeo y Prometeo portador del fuego, se perdieron) y la de Platón (en el diálogo Protágoras). En líneas generales, el mito trata acerca del enfrentamiento entre el padre del Olimpo, Zeus, y el titán Prometeo quien le roba unas chispas de fuego en una caña hueca, las transporta desde el cielo a la tierra y se las ofrece a los seres humanos.

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Así, cuando Zeus ve brillar las hogueras desde lo alto de su morada se encoleriza, no solo con el titán, sino también con toda la humanidad y despliega un castigo ejemplar por partida doble. La maldición para los mortales viene de la mano de la bella e irresistible Pandora, quien seduce a Epimeteo (hermano gemelo de Prometeo y menos previsor que su hermano 1) y desparrama por el mundo los males contenidos en la célebre caja, que le había sido prohibido abrir. De esta manera, Pandora queda convertida en la predecesora de todo el linaje femenino, portadora de la seducción y la curiosidad, de la que los hombres ya no podrán prescindir. En cuanto a Prometeo, su castigo también es ejemplar: encadenado por Hefesto a una roca en la cima del escarpado Cáucaso cada día es visitado por un águila que le desgarra y le roe el hígado. Debido a su condición de inmortal no puede perecer, pero sí sufrir el martirio por toda la eternidad en la absoluta soledad de los confines del mundo.

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Así, mientras Hesíodo presenta a Prometeo como un rebelde que desafía la autoridad de Zeus y con sus engaños y artimañas acarrea un dudoso beneficio para la humanidad, Esquilo lo propone como un sabio filántropo que se levanta contra el despotismo y la tiranía del nuevo dios olímpico, y Platón, poniendo el relato en boca del sofista Protágoras da una versión en la que Prometeo aparece como el introductor del progreso técnico, pero no de la moral y la justicia que son las bases de la convivencia política.

Por su parte, Terry Pratchett nos presenta en su obra un reverso del Prometeo clásico en la figura de Cohen, el Bárbaro, quien emprende un viaje en sentido contrario al del Titán. En el primer caso, nos encontramos frente a un héroe considerado como el paradigma de la civilización que, con su accionar, instaura tres elementos decisivos para la cultura: el sacrificio que regula la relación entre los hombres y los dioses, el fuego que posibilita el desarrollo y el progreso técnico, y la creación de la primera mujer que trae consigo la institución matrimonial. En cambio, Cohen, el Bárbaro, como alude su nombre, marcha en sentido opuesto a los ideales prometeicos de civilización y de avance cultural, ya que su restitución del fuego a los dioses comporta la destrucción de la magia del Mundodisco y con ella la aniquilación de la civilización de la que él mismo forma parte.

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Ahora bien, vale la pena aclarar que nuestro héroe desconoce las consecuencias que conllevan sus actos para los habitantes del planeta; simplemente elige enfrentarse a los dioses con la más disparatada empresa que a un mortal se le puede ocurrir porque, finalmente, le dispensará la inmortalidad que tanto anhela. En este sentido, Echavarría Molloy afirma: “la vida del héroe tiene una faceta que lo vuelve peligroso, indeseable, que, en determinado momento, pone por impericia, por ignorancia o por el simple placer de hacer sufrir, en contradicción los principios éticos, el logro de su empresa monumental” (ECHAVARRÍA MOLLOY, G. 2001:19) Siguiendo las categorías de Joseph Henderson, podríamos afirmar que Cohen, el Bárbaro es una especie de trisckter (granuja), es decir, un héroe embaucador o timador que no llega a la deshonra, ya que no busca, en principio, el perjuicio de los hombres sino el de los dioses. Al respecto Henderson agrega: “En este ciclo predomina la conducta indomable, los apetitos intensos, la saciedad de las necesidades primarias… (El héroe) es cruel, cínico e insensible. Tiene la mentalidad de un niño” (HENDERSON, Joseph. 1984:11) De allí, que el enfrentamiento del niño con sus objetos primarios de amor, encarnados en las figuras parentales, resulte necesario y hasta imprescindible para garantizar de manera óptima el pasaje de la niñez a la adultez. En el caso del mito, el protagonista se enfrenta a los peligros que el entorno extracotidiano le depara y a través de la muerte o el sacrificio cura su hybris para, finalmente, recuperar la sensibilidad social que la comunidad de la que forma parte le requiere. Para Henderson, así como también para otros mitólogos, la muerte simbólica del héroe posibilita el alcance de la madurez. Hasta tanto llegue ese momento, Cohen, el Bárbaro desplegará toda su astucia e inventiva para sortear los obstáculos que se interpongan en su viaje para librar a los hombres del yugo de los dioses y así alcanzar, a partir de su perfeccionamiento moral, la inmortalidad.

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Pero más allá de cualquier viaje que emprenda en su camino hacia la trascendencia, todo héroe posee una serie de atributos que lo distingue del resto de los mortales. En este sentido, los teóricos coinciden en una serie de rasgos físicos y morales, tales como la belleza y el vigor físico, el coraje y la rebeldía, y la juventud. Con respecto a este último aspecto, Joseph Campbell afirma que resulta imposible imaginarse a un personaje heroico sufriendo el desgaste de la vejez, padeciendo incontinencia senil, parkinson o cáncer de próstata, ya que, en definitiva, una vida corta pero gloriosa es la condición a la que aspira. Allí estaría sin dudas Aquiles para atestiguarlo, quien opta por una existencia breve pero gloriosa y no una larga, despojada de los honores que como héroe le corresponde. Sin embargo, Pratchett en clave paródica nos presenta a Cohen, el Bárbaro y a sus compañeros de la Horda Plateada como los ancianos de una dinastía de héroes, ya en decadencia, que padecen toda clase de achaques propios de la edad:
“Eran, todos, muy viejos. Su conversación de fondo era una letanía de quejas sobre los pies, los estómagos y las espaldas. Se movían poco a poco. Pero tenían “algo”. Estaba en sus ojos. Sus ojos decían que, fuera el lugar que fuera, ellos ya habían estado allí. Que fuera lo que fuera, ya lo habían hecho, a veces hasta más de una vez (…) y no conocían el significado de la palabra “miedo”. Eso era algo que les pasaba a otra gente”. De allí, que entre los obstáculos a sortear en el camino hacia la consecución de su aventura, estos héroes también deberán lidiar con sus propias limitaciones físicas y con la frustración de una juventud que ya no podrán recuperar. Esto nos lleva directamente a tratar otros de los aspectos que hacen a la conformación de la personalidad heroica: la búsqueda. El héroe es un buscador, allí donde le toque actuar emprenderá su viaje para encontrar aquello que, como individuo y como encarnación de los ideales de la comunidad, le falta para completarse como tal. Para el psicoanálisis, este objeto extraviado o anhelado no es otra cosa que el objeto de deseo del hombre. Como héroes ya maduros Cohen y la Horda buscan aquello que ya han perdido: la belleza, el vigor, la virilidad, la inocencia y sólo les queda por delante la muerte. Como su condición heroica lo impone prefieren renunciar a beber en las aguas de la Fuente de la Vida para beber en las de la Inmortalidad. Por esta razón, cuando Cohen tenga que dar cuenta del motivo de su enfrentamiento con los dioses a los que ansía destruir, la respuesta será contundente: “Porque (…) han dejado que envejeciéramos (…) Un héroe debe morir en un campo de batalla”.

 

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Esta afirmación del protagonista coincide con lo expresado con Campbell acerca de la reconciliación del héroe con su tumba, es decir, con la pérdida del temor frente a la muerte. En la disyuntiva entre la vida o la fama, Cohen y sus amigos no dudarán en optar por una muerte gloriosa, a través de la cual alcanzarán la inmortalidad. Siguiendo los lineamientos de Richard Dodds podemos encontrar aquí un punto de contacto con los personajes de la épica griega: “El sumo bien del hombre homérico no es disfrutar de una conciencia tranquila sino disfrutar de timé, de estimación pública (…) la mayor fuerza moral que el hombre griego conoce no es el temor de dios sino el respeto por la opinión pública, aidos (…) el heroísmo no trae la felicidad, su única y suficiente recompensa es la fama”. Fama y gloria que sólo se consiguen mediante la intervención del aedo, quien recoge las historias de los héroes y las cantan de pueblo en pueblo.

Pero esta imperiosa necesidad de trascendencia inherente al héroe es parodiada por Pratchett, al hacer que los ancianos de la Horda rapten a un bardo, con el objetivo de que lleve un registro minucioso de los acontecimientos vividos a lo largo de la aventura, para luego volcarlos en la epopeya que les concederá la fama y la inmortalidad tan anhelada. El elemento paródico estriba en que debido a la inexperiencia del joven poeta al que secuestran tendrán que ser los mismos protagonistas de la historia los que intervengan en la composición:

“Al frente de la expedición, Cohen le estaba dando al trovador algunas pistas:
– Primero de todo tienes que describir cómo estaba el tiempo
– ¿Quieres decir algo como “Era un día claro”?
– Nah, nah, nah… Tienes que hablar como en una epopeya … tienes que poner las frases en el orden equivocado
– ¿Quieres decir algo como “Claro era el día”?
– ¡Exacto!… Ese es el estilo ¿Qué más? Ah, sí… nadie habla en las epopeyas “Fablan”
– ¿Fablan?
– Como “Así fabló el mío Wulf, el Vagabundo de los Mares” ¿Ves?”

Pero si hay un rasgo que diferencia a los héroes de Pratchett de la narrativa homérica es en lo referente a la noción de responsabilidad humana frente a las acciones cometidas. En la épica griega el hombre aparece como un mero juguete del destino y en innumerables ocasiones sus actos quedan supeditados al capricho divino 2. Según Mondolfo: “sea el destino superior a los dioses, sea identificado con la voluntad de ellos, se trata siempre de un concepto de sujeción del hombre a un poder superior: el hombre es impotente para forjar su propio destino; lo recibe y se somete; víctima más bien que culpable de los propios males”. De esta manera, la disculpa del héroe griego frente a sus desbordes y exabruptos tiene la forma de una divinidad menor expulsada por Zeus del Olimpo: Até. Para algunos teóricos como Dodds es considerada la personificación de la locura, para Mondolfo, sin embargo, adquiere otros matices:
“Até desde Homero a los trágicos es una representación muy compleja; es al mismo tiempo poderío de la desgracia, la desgracia misma, el crimen, sus principios, sus consecuencias y sus castigos (…) Puede ser inspirado por un dios, como puede ser la aberración de quien se levanta contra los dioses”

En Mundodisco, en cambio, el héroe, en pleno uso de su libre albedrío, lleva adelante su empresa con plena  conciencia, persiguiendo deliberadamente las consecuencias que ésta le acarreará: la muerte negada por los dioses. La venganza, planeada cuidadosamente por el personaje, no es producto de un rapto de locura, ni es provocada por un agente externo al protagonista. Proviene del corazón mismo del héroe, de saber que es El último héroe, en un mundo en el que los ideales heroicos de antaño han quedado relegados y sus hazañas de juventud condenadas al olvido. Nada más perturbador para un héroe. De allí qué, cuando finalmente se encuentre cara a cara con los dioses en la cima de Cori Celesti y éstos le increpen su falta de consideración y su osadía al pretender enfrentarlos, nuestro protagonista responda con la más acabada metáfora de la lucha del héroe contra su más implacable enemigo: el Tiempo

“Creo que estamos haciendo esto porque vamos a morir (…) Y porque alguien llegó al confín del mundo en algún lugar y vio todos los demás mundos allá afuera y rompió en lágrimas porque había una sola vida. Demasiado universo y tan poco tiempo. Y eso no está bien”

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Lord Vetinari

En el epílogo de la obra, cuando el protagonista ya ha detonado el dispositivo que hará saltar en pedazos la mansión de los dioses acudirá la comitiva de magos de Lord Vetinari para detenerlo e informarle que su acción acarreará la destrucción total del Mundodisco. Por lo tanto, no quedarán en el planeta mortales capaces de recordar su gesta y su hazaña perderá todo su valor. De esta manera, el héroe depondrá su hybris y se inmolará, junto a sus compañeros de la Horda, para salvar a la humanidad que él mismo puso en peligro. La obra culmina con Cohen muerto dirigiéndose a rescatar a Mazeda, el Prometeo de la mitología de Mundodisco, de su ejemplar castigo. Ya en la apoteosis, el héroe se ha desprendido de la inmadurez y la necedad propia de su condición mortal y ha reconquistado la más alta virtud humana: la piedad. Actitud que en más de un sentido nos remite al Aquiles homérico, quien en el último canto de la Ilíada transforma su cólera en compasión por aquel anciano suplicante que reclama el cadáver de su hijo.
Si bien cambian los escenarios, se disfrazan los nombres de los protagonistas, se transmutan las aventuras, el mito sigue estando allí, en el inconsciente, en nuestros sueños, para hablarnos de lo que somos o de lo que vamos en camino a ser.

Tapa libro original
Tapa original de la edición inglesa

1- El nombre de Prometeo alude a la “previsión”, prométheia, o “sabiduría divina”
2- Con respecto a la concepción de destino-responsabilidad humana habría que señalar el pasaje del Canto I de la Odisea en el que Zeus, a partir del delito de Egisto, eleva un reproche a los mortales que se niegan a reconocer la responsabilidad que tienen sus propias acciones. Si bien algunos teóricos consideran este pasaje pertenece a una edad más tardía tenemos allí un germen sobre la oposición hado-voluntad humana en los griegos.

BIBLIOGRAFÍA:

• CAMPBELL, Joseph: El héroe de las mil caras. FCE. Bs As. 1998
• DODDS, Richard: Los mitos griegos y lo irracional. Alianza. Madrid. 1980
• ECHAVARRÍA MOLLOY, Guillermo: Una vida de héroe: función y significado del mito. Biblos. Bs. As. 2001
• HENDERSON, Joseph: “Los antiguos mitos y el hombre moderno” en JUNG, C y otros: El hombre y sus símbolos. Caralt. Barcelona. 1984
• MONDOLFO, Rodolfo: La conciencia moral de Homero a Epicuro. EUDEBA. Bs As. 1997
• PRATCHETT, Terry: El último héroe. Golancz. Londres. 2002

* Silvia Araújo es Profesora en Letras por la UNPSJB y Especialista en Literatura Latinoamericana por la UNILA (Universidade Federal de Integracao Latinoamericana- Brasil) Es co-editora de #ND

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