El universo de las series y la seducción del antihéroe

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*Por Julieta Álzaga

 

Si les dijeran que pueden elegir sólo un programa de televisión para ver el resto de sus vidas, ¿Cuál sería? ¿Por qué?

TODA LA TELEVISIÓN, TODA

En  El Especialista o La verdad sobre “El Aleph”,  Fontanarrosa nos propone una nueva lectura sobre el cuento original, escrito por Borges. Nos plantea que, en realidad, lo que el autor vio en el subsuelo de la calle Garay, de la casa de Carlos Argentino Daneri y Beatriz Viterbo, fue un televisor. Y nos suena verosímil, es posible. Qué otra cosa, sino la televisión podría ser una pequeña esfera tornasolada en donde cada cosa fuera infinitas cosas, donde puedan verse todos los puntos del universo, el populoso mar, el alba, la tarde, las muchedumbres de América… el inconcebible universo.

En apariencia, podría decirse que la televisión no se define en sí misma. Dicha sospecha, podría validar lo que le permite ser nada, y al mismo tiempo, todo lo que ella quiera devenir, encarnar el espacio donde todo es posible. A la vez, la televisión es narrativas, historias, imágenes, formatos y géneros tan disímiles entre ellos, que en un simple zapping podrían no comprenderse. Al respecto, dice Omar Rincón, en Narrativas Mediáticas (2006), que “la televisión es, ciertamente, la marca de nuestro tiempo. La televisión reina porque es la máquina narrativa de la actualidad. Más que asistir a programas, géneros o formatos, cuando vemos televisión estamos presenciando un relato total”.

Por otra parte,  debemos diferenciar a la “televisión” como productora de lenguaje siendo ícono de la transmisión, del artefacto tecnológico que, provocó distintos usos, y modos de ver, es decir, en un regreso al eje hogar-familia. En resumen: «La televisión continúa siendo nuestra realidad y continúa contando y contándonos, entreteniéndonos con los hechos y los deseos», dice el mismo autor, que a su vez, cita a Carlos Monsiváis.

Pero no todas son rosas. También hay que considerar que la televisión tiene sus detractores: «la televisión es culpable del pecado de superficialidad, de una grotesca ambición estetizante, de una indiscriminada espectacularización de la crónica cotidiana, de la producción de una ideología hedonista» dicen Abruzzese y Miconi (2002).

El uso del artefacto, entonces, no se consolidó hasta después de la Segunda Guerra Mundial, ya que como todo medio de comunicación está indisolublemente ligado a las prácticas de la vida cotidiana. Y en este período adoptó la figura del nuevo objeto doméstico que prometía unir a la familia a través del entretenimiento atravesado por la ideología neoconservadora. De este modo, los críticos han reducido su sentido al de una industria ideológica que fabrica productos culturales para mantener el orden establecido. Pero esta estigmatización de la “caja boba” que no nos permite pensar, nos obstruye apreciar su verdadera naturaleza y su virtud, como postula Raymond Williams, ese modo caótico en el que se nos impone la TV, representa su verdadera madurez: es un flujo, es una mezcla constante de imágenes, géneros y contenidos. Aunque señala que estos últimos son débiles, y que la estructura del flujo se ancla en el zapping.

Más allá de los debates, de sus continuidades y rupturas, la propuesta aquí es un análisis de lo particular.

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¿QUÉ FORMATO, Y QUÉ SERIE ELEGIRÍA?

El contenido elegido: la serie. ¿Por qué? Por sus múltiples temáticas, géneros y fascinantes personajes que nos permitirán conocer infinitos aspectos de la vida humana. Pero también porque cambiaron las reglas del juego, la nomenclatura de comedia de situación o melodrama les queda chica, ya que quizás sea un desprendimiento del cine, o de la televisión misma. ¿Estamos frente a un nuevo arte?.

Las series, originalmente llamadas telefilm durante la edad dorada de la TV en la década del ’50, fueron concebidas desde las entrañas mismas de la televisión, con sus lógicas y reglas: bellas figuras televisables (star system) con quienes el público pudiera ejercer empatía y de quienes se enamorarían a lo largo de entretenidas historias; que, a su vez, estaban atravesadas por las normas de la industria: temporadas con una cantidad exacta de capítulos, divididos en bloques en donde la publicidad y los auspiciantes tenían protagonismo. En cuanto a su estructura narrativa, la serie respetaba la modalidad de folletín, con entregas periódicas con una unidad argumental auto-conclusiva en sí misma, y pocas veces con líneas abiertas para su continuidad. Esta unidimensionalidad de las series cambió a fines de la década de los ’90, cuando el canal de cable HBO abrió una puerta con su slogan “It’s Not TV, It’s HBO” (No es TV, es HBO).

Desde 1986, el canal codificó su señal para que sólo pudieran recibirla quienes pagaban su suscripción, sin la obligación de recurrir a la publicidad o a otro tipo de financiamientos tradicionales. Entonces, el ingreso que obtenía de sus abonados les permitió un alto porcentaje, neto, destinado a la producción de contenidos. Así, los consumidores de HBO, que pagaban por sus servicios, desde 1998 comenzaron a disfrutar de series como Sex and the City, The Sopranos, The Wire y Six Feet Under.

En la misma época X-Files, Ally McBeal y Buffy la cazavampiros fueron éxitos entre el público, pero claramente había una diferencia. Los productos HBO establecieron una nueva vara para las series, que tanto los críticos como los espectadores apoyaron y glorificaron. Apareció una nueva propuesta en la TV en donde se comenzaron a priorizar las buenas actuaciones, la alta calidad de producción, los directores prestigiosos, las bandas sonoras excelentes, y los guiones, sobre todo los guiones. Así, los capítulos dejaron de ser auto-conclusivos, para pasar a contar una historia tan compleja y extensa que obliga a ver todos los episodios, y todas las temporadas. A esta nueva estructura la acompañó la salida al mercado de los DVDs. Entonces, si no llegabas a casa para ver en vivo las últimas aventuras de Carrie Bradshaw, podías quedarte tranquila porque en unos meses tendrías toda la temporada completa (sí, ellas, panacea de la era posmoderna) a la venta, para verla cuando quisieras en tu casa. Así fue como las temporadas y sus capítulos, paulatinamente, fueron dejando de formar parte exclusiva del aparato de TV, para convertirse en un contenido de las pantallas. Tanto los DVDs como Internet, en uno de sus múltiples usos, funcionan como dispositivos que facilitan el acceso y el rescate de las series.

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X-Files

De este modo, las series comenzaron a salir de la caja madre, pero también así fue como comenzaron a crecer las historias bien contadas de la pantalla chica. HBO se convirtió en una marca registrada de excelencia. Con los ojos cerrados podemos elegir cualquier producto de esa cadena y va a estar bien. No sólo por su calidad, sino por las temáticas o porque los grandes problemas sociales que confrontamos cotidianamente son contados con una exquisita fotografía. Las series ícono de este canal principalmente nos obligan a pensar: sobre nuestros propios límites, sobre la ética, la moral, el amor, la muerte, la justicia y el sexo.

EL NACIMIENTO DE UN PROTOTIPO

Si hay una serie clave para HBO, que además refiere al nacimiento de la nueva era de la TV, es The Sopranos: un relato gángster sobre la mafia ítaloamericana ubicada en New Jersey a fines del siglo XX. Es la historia de Tony Soprano, jefe de familia -de dos familias: de una organización criminal y de la suya propia- que, atormentado por angustias existenciales, debe hacer terapia.

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David Chase, su creador, reinventa el universo gángster. En una primera instancia, podríamos decir que aparecen los clichés de las películas de la Cosa Nostra como las pastas, Italia, la ópera, los infiltrados, los asesinatos a sangre fría y las mujeres; en donde Tony Soprano y sus secuaces no son muy diferentes del estereotipo de los mafiosos. Legalmente, Tony se dedica a la industria de la basura (así de ambiguo lo presenta), pero en realidad es una fachada para llevar a cabo sus verdaderos negocios. Su círculo cercano está compuesto por Big Pussy, Silvio Dante, Paulie y su sobrino Christopher, quienes deben entregarle periódicamente un sobre de dinero que proviene de la venta ilegal de DVDs y ropa, pasando por prostitución y extorsión a gremios, hasta apuestas, estafa, robos y algunos asesinatos. Su base de operaciones está repartida entre sus oficinas del prostíbulo Bada Bing! y de la carnicería Satriale’s, pero las reuniones formales se realizan en el restaurante Vesuvio de su amigo Artie.

En el mundo de la mafia existen constantes amenazas de muerte y, a todo momento, se puede entrar en un conflicto con otro jefe de familia. Es por eso que Tony intenta ser cauteloso con sus movimientos, piensa las posibles situaciones, las consulta con su círculo íntimo: es un estratega. Sabe que su Tío Junior puede desencadenar una guerra (en sus dos familias) si no le da el porcentaje del negocio que quiere, sabe que debe mantener cerca y vigilar a los Aprile, y de Johnny Sack nunca se fía.

Tony es un hombre de los excesos. No puede controlar sus ataques de furia, tiene un apetito voraz de comida, alcohol y sexo, es altamente violento y carece de límites morales. Esos rasgos atraviesan también su convivencia con su otra familia, compuesta principalmente por su esposa Carmela, con quien tiene una relación tirante, y por sus hijos adolescentes A.J. y Meadow quienes se irán de la casa pronto. También lo rodean su madre Livia, una mujer incapaz de expresar felicidad, que hace sentir culpable y miserable a Tony cada vez que está cerca; y su hermana vividora y embustera Janice. Con ellos su vida criminal no está blanqueada, pero todos saben. Y él intenta mantener esas dos vidas en orden y armonía: por ejemplo, puede acompañar a su hija a buscar universidad y, paralelamente, perseguir a un ex mafioso a quien tendrá que matar porque se vendió a los federales. Engaña constantemente a su mujer, pero con regalos extravagantes como abrigos de piel y joyas mantiene su furia en silencio.

Sin embargo, The Sopranos propone una nueva faceta sobre esta cosmovisión, y sobre el género también: porque existe una crisis latente sobre lo que no se dice, sobre lo que se sabe y sobre lo que se silencia. Quienes no son directamente criminales, son testigos silenciosos de lo que ocurre, las esposas y los hijos deben mantener las formas, pero con mucho esfuerzo para reconocer los límites. Esto genera angustias, depresiones muy profundas por no poder nombrar o verbalizar lo que sucede a su alrededor (imperdibles las sesiones de terapia de Carmela, Meadow y la propia Dra. Melfi). Y los mafiosos van a terapia, o a rehabilitación porque no pueden controlar sus excesos, se divorcian o tienen prácticas sexuales extrañas porque necesitan canalizar la ansiedad que les provocan sus pericias.

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Es así como en el primer capítulo vemos a Tony Soprano en el consultorio de la psicóloga Jennifer Melfi. Llega allí porque sufre una serie de desmayos que no tienen ninguna causa fisiológica. A lo largo de esos primeros 50 minutos nos enteraremos de que Tony sufre de ataques de pánico y está deprimido porque una familia de patos, que había hecho nido en su pileta, lo abandonó. ¿Cómo es posible que el mismo hombre, en el mismo momento en que manda a matar y a descuartizar a un integrante de la mafia checa, sea conmovido por el abandono de unos patos? Se trata, claramente, del carácter bidimensional de este hermoso y querible personaje. Pero sobre todo representa lo contradictorios que somos los seres humanos.

Tony constantemente rememora la vieja escuela, de la que dice venir, un universo mafioso donde existía, sin embargo, el respeto, los valores, la honestidad y la lealtad. Dice que los hombres se parecían a Gary Cooper, que eran americanos duros, fuertes, silenciosos, en quienes se podía confiar. Pero ahora, en cambio, no existen esos valores: vivimos en un mundo globalizado en el que el sistema capitalista se diluye, no hay respeto por lo sagrado o los mayores (jefes de familia) En el que la traición está en juego constantemente y las ratas pueden ser tus amigos o parientes más cercanos. Entonces, Tony va a terapia y se droga con prozac para seguir adelante con sus responsabilidades en ambas familias. Sin embargo, el tipo duro está en crisis, se siente débil y frustrado por no poder controlar lo que pasa a su alrededor, por no entender las nuevas reglas. Lo supera saber que alguien es capaz de matar a un animal, pero le parece bien matar al enemigo porque interfiere en las ganancias.

Pero entonces, si en Tony Soprano están depositados todos los males de la sociedad y todos los excesos, ¿por qué lo elegimos y lo amamos? Principalmente, porque lo otro sí es el terror; el mundo a su alrededor es aún más corrupto, con policías y gobernantes débiles, con escuelas y con una iglesia que se rige por intereses propios y egoístas. Pero además porque Tony es un gánster y, por su misma definición, un antihéroe, un hombre común pero que supera sus indolencias y miedos para lograr sus fines.

LA SEDUCCIÓN DEL ANTIHÉROE

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La figura del antihéroe, en contraposición al héroe, proviene de un origen marginal, no posee cualidades virtuosas, pero sí es extraordinariamente inteligente y determinado para perseguir sus objetivos, que no son sublimes. En el caso de Tony Soprano, podemos afirmar que estas características se respetan, pero además durante las seis temporadas presenciaremos sus aventuras heroicas. Tony emprende un viaje, en momentos con fines loables, con métodos deshonestos, que inclusive considera alternativos al orden preestablecido; sus hazañas están guiadas por su propia moral y sus propios valores, opuestos a la de su comunidad. Durante el recorrido veremos a un Tony ambivalente y contradictorio para, finalmente, encontrarse consigo mismo, reconocer su propia subjetividad, sus propios deseos y sus propios placeres. En esta línea, Georg Lukács dice que el héroe de la novela,  podríamos arriesgar aquí el antihéroe serial, asume una psicología que refleja la tensión del hombre moderno entre su subjetividad y el mundo externo.

De este modo, Tony nos seduce y nos atrae. Quizás, porque él no siente culpa ni miedo, sino que disfruta y experimenta placer al ver que un hombre que le pide dinero prestado luego no podrá devolvérselo, y deberá cobrárselo de otras formas. Quizás, porque representa los deseos más oscuros que tenemos cada uno de nosotros, quizás porque sea la expiación de los miedos propios de nuestro tiempo. En este sentido, la Dra. Melfi, siendo el único personaje por fuera de  la familia, representa la mirada del espectador y, junto con ella nos sentimos profundamente atraídos por Tony, queremos conocerlo más, fantaseamos con utilizar su poder e influencias, esperamos con ansias la próxima sesión, pero siempre desde la butaca del consultorio.

La serie The Sopranos se convirtió en hito de la TV, consagró un nuevo estilo de época que se reproduce y nos sorprende constantemente; rompió las reglas del género de gángsters, así como también fundó una nueva generación de personajes: los antihéroes seriales, y Tony Soprano -interpretado por el entrañable James Gandolfini- fue el primero de la nueva era dorada de la televisión. Gracias a él existen los otros hombres y mujeres de la TV, sin escrúpulos, capaces de sortear cualquier regla moral o legal para lograr sus objetivos, iguales de ambivalentes, con planteos profundos sobre la humanidad y la sociedad misma, que nos hicieron y hacen pensar como lo hace Tony.

Esta nueva generación está compuesta principalmente por: Walter White (Breaking Bad), Dexter Morgan (Dexter), Don Draper (Mad Men), Carrie Mathison (Homeland), Georgy House (House M.D.), Francis “Frank” Underwood (House of Cards), Patty Hewes (Damages), Enoch “Nucky” Thompson (Boardwalk Empire), Benjamin Linus (Lost), y la lista sigue.

Ahora, querido televidente, solo resta sentarse en el sillón de casa y deleitarse con las mayores obras de la cultura masiva del siglo XXI. Y para llevar a cabo esta ardua tarea hoy contamos con la colaboración de una invaluable herramienta: Internet, instrumento fundamental para rescatar aquellos contenidos que nos significan. Porque si la televisión es el Aleph ¿qué es Internet?.  

FICHA

The Sopranos (Los Sopranos) Cadena: HBO. Período: 1999-2007. Temporadas: 6 de 13 episodios cada una. (86 episodios en total).  Creador/ Showrunner: David Chase. Guionistas: David Chase, Terence Winter, Robin Green, Mitchell Burgess y otros. Canción original: “Woke Up This Morning” de Alabama 3. Protagonistas: James Gandolfini, Edie Falco, Lorraine Bracco, Michael Imperioli, Dominic Chianese, Tony Sirico, Steven Van Zandt (guitarrista de Bruce Springsteen).

Bibliografía consultada:

-Abruzzese, Alberto y Mieoni, Andrea (2002). Zapping. Sociología de la experiencia televisiva. Madrid: Cátedra

-Borges, J.L.: “El Aleph”, en El Aleph, Emecé, 2006, Buenos Aires.

-Fontanarrosa, R.: “El Especialista o La verdad sobre ‘El Aleph’”, en El rey de la milonga y otros cuentos, De la Flor, 2005, Buenos Aires.

-Lukács, G.: Teoría de la novela, Edhasa, Barcelona, 1971.

-Nochimson, M.P.: “Waddaya Lookin’ At?: Releyendo el género de gánsters a través de The Sopranos”, en Kilometro 111 – Ensayos sobre cine, Nº10: Series y Cine Contemporáneo, Universidad del Cine, Buenos Aires, Mayo 2012.

-Onandia Garate, M.: “Tres obras maestras de la ficción televisiva: The Sopranos, The Wire y Mad Men”, en Bilduma Ars, Nº 3, Universidad del País Vasco, 2013.

-Rincón, Omar: “Narrativas mediáticas o cómo se cuenta la sociedad del entretenimiento” Gedisa. 2006

-Schwarzböck, S.: “Las series de televisión y lo cinematográfico”, en Kilometro 111 Ensayos sobre cine, Nº10: Series y Cine Contemporáneo, Universidad del Cine, Buenos Aires, Mayo 2012.

-Vourz, V.: “Los Sopranos: la ‘famiglia’ como S1”, en Ética y Cine Journal, Nº 3, 2013.

-Williams, R.: “La tecnología y la sociedad”, en Causas y azares, Nº 4, Invierno 1996

 *Julieta Álzaga es Tesista de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires; Productora General del Festival Internacional de VideoDanzaBA; y asistente del Programa de doble titulación franco-argentino “La Condamine” de la Universidad del Salvador.

 

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