Algunas versiones del llegar. Reseña de "Efectos colaterales"

*Por Hernán Bergara

En textos mitológicos, bíblicos y antiguos, pero acaso más que nunca hoy, una escena se repite: el que arriba, el que llega, es el que cuenta con las mejores condiciones para decir quién es. Para decidir quién es. En esta escena, el ser es el llegar. O en la lengua cotidiana de los cuerpos: llegar es presentarse. Presentarse performativamente: decidir, incluso en el momento, el relato de la propia identidad.

Esta secuencia de dos movimientos, el de llegar y el de (literalmente) identificarse, marca uno de los ejes centrales del primer libro de relatos de Pablo Besarón. Dos movimientos contradictorios, por cierto: uno nómade (llegar, venir de, arribar accidental o premeditadamente), el otro sedentario (asentar el ser, un acto iterativo, de insistencia en lo mismo). Los personajes de los diez relatos de Besarón llegan; de largas ausencias, de abandonos, de la muerte, del pasado. Y en el momento en que llegan, experimentan la oportunidad de torcer su propio pasado –de “faltarle el respeto”, el largo respeto al pasado, esa plataforma indispensable para la construcción de una fisonomía verosímil de todo lo que es actual, real- en la creación instantánea de identidades. Ser otro es sencillo en estos personajes, despojados del problema de la identidad, desapegados de la trampa del pasado y, por lo tanto, intercambiables. Lo cotidiano, entonces, aparece como lo que es: una impostura que hay que repetir con prolijidad. Los personajes de Besarón no son ni brutales, aunque asesinen, ni crueles, aunque abandonen, ni buenos, aunque restituyan la integridad de una familia herida. Sería imposible juzgarlos con una moral dramática como la nuestra, a ellos inaplicable. Se desprende de esto el hecho de que en este libro no existe el drama: nadie es imprescindible, la muerte y el abandono tienen remedio. No hay espacio para lo trágico. Los personajes de Efectos colaterales deciden con sabiduría salomónica. No hay aquí sino decisiones arropadas como personajes. Una impronta y un tono políticos que se desentienden de todo obstáculo afectivo que pudiera disolver su lucidez. Desprendidos del discurso afectivo como demora de sus actos, los personajes de Efectos colaterales actúan con el riguroso sentido de un deber, implacables, sin dudar. Como medios.

Este despliegue de los relatos doblega, en algunas escenas, lo verosímil, y los pone en el borde de lo maravilloso y de lo fantástico: un hijo que resucita en la imaginación (y tal vez no solamente en la imaginación) de Olegario en “En otro lugar”; un muerto que parece estar narrando la apenas sorprendente historia de su vecina muerta que sin embargo sigue viendo telenovelas. En cualquier caso, los límites de lo real parecen ser impuestos por políticas de realidad, y este libro, que no comparte las nuestras, se vuelve por ello fascinante: allí donde se espera una catártica sorpresa ante un hecho extraño, hay un silencio nada sobreactuado. Allí donde escucharíamos denuncias morales, queda una atmósfera que lo naturaliza todo sin que esa naturalización evoque, por ejemplo, el clásico silencio ante la opresión. Son textos cuyos personajes muestran, sin ser vistos, que otro mundo, ligeramente distinto, es posible. Y que lo ligeramente distinto es el principio de lo intolerable. El resultado son estos efectos colaterales, imperceptibles, casi, en una tradición, en una fisonomía cultural, en un rostro mínimamente desconocido respecto del de ayer, que es otro porque ha venido al hoy amanecido sin algo, o con algo, casi igual y, por eso mismo, apenas -y es suficiente- apoyado en lo siniestro.

hernán bergara

 

 

FICHA

Pablo Besarón

Buenos Aires: Simurg, 2013

 

*Hernán Bergara es escritor, músico y docente.  Nacido en Capital Federal. Desde 1989 reside en Puerto Madryn (Chubut) Patagonia. Docente en la UNPSJB, sede Trelew, y en el ISFD 803, Puerto Madryn. Autor de Papeles (relatos). Publicó reseñas críticas y trabajos de teoría y crítica literaria en diversos medios gráficos regionales y nacionales como Ñ, Pasado Por-venir, Museo Salvaje y Tela de Rayón.

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