¿Sueñan los androides con la muerte? (sobre el Hard Boiled en Frank Miller y otros)

* Por Imanol Prieto

[huge_it_slider id=”3″]

Hardboiled” es una palabra, que del inglés al español significa endurecido, como también representa un tipo de narración que tiene antecedentes en la tradición de la novela negra norteamericana de la primera mitad del siglo pasado, en historias apelaron a la violencia física y a protagonistas con escasos o ningún escrúpulo como requisito, y que fueron escritas bajo la influencia de Dashiell Hammet y Raymond Chandler, reconocidos pilares del policial. En el cómic de Frank Miller, de nombre Hard Boiled, el personaje central (llamado por momentos Unidad 4, Carl Seltz o Nixon) se la pasa regando balas e insultos a diestra y siniestra, como si no le importara mucho lo que le vaya a ocurrir.

Reconfigurada a lo que consideramos ultraviolento o gore sobre la década de los 90, la tira de Miller aparece como material digno de ser revisitado ante la llegada de las continuaciones de películas como 300, y Sin City. En lo que hace al núcleo de Hard Boiled, este derrame de sangre tiene encubierta otra historia (como siempre ocurre), que se encuentra escondida entre los cortocircuitos de nuestro personaje y que llega a develar el terrible error de cálculo de sus controladores. Hay allí evidencia de un desfase por el que Carl Seltz, descubre que no es humano, sino robot apaciguado por imágenes de una familia feliz, que lo calman y vuelven sumiso, al menos en apariencia. Esa imposible adaptación del sujeto es lo que Miller quiere mostrar (y que podría tener cierta similitud con el relato “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” de Philip K. Dick) y por lo que nuestro personaje principal pareciera tener el pretexto de hacer desastres a más no poder.

El descontrol emerge por el hecho de que el protagonista se ve inmerso en un problema interno: lo que él cree ser en verdad es mentira y su propósito verdadero no le cuadra en sus cabales. Estamos en el complejo dilema de un sujeto que ignora su objetivo (avalado por el sistema) y que es domesticado a fuerza de recuerdos como placebo. Carl Seltz se percata de que no es él mismo, sino Nixon, o hasta podríamos decir que ni tampoco es este último, ya que ese nombre es una proyección de sus semejantes. Él se encuentra en proceso de descubrirse androide, controlado por una compañía para que haga su trabajo sucio, que es eliminar a los otros autómatas que quieren obtener el poder en este mundo futurista. Este “error del sujeto” que plantea Miller, esta construcción de la identidad de alguien que no puede tenerla supuestamente, hace del cómic algo interesante: en vez de tener un solo personaje coexisten tres capas del mismo, tres instancias de la que no podemos distinguir cual es la que más importa o la que más se apegue a la realidad que el sujeto anhela. Pero además, sin éstas, no podría constituirse una perspectiva para que el lector entendiera de qué va este personaje que vive atacado por migrañas y que es capaz de generar escenarios de violencia extrema, de los que disfruta sin ningún horror aparente.

El cómic no podría entenderse de esta manera si no fuera la destreza del dibujante Geof Darrow, legado de Moebius, detallista veraz, quien también tiene una manía por los mundos dentro de otros mundos, llegando al límite (igual que en Hard Boiled) en “El garaje hermético”, un cómic de experimentación pura. Moebius demuestra en “El garaje hermético” que la ciencia ficción puede ser llevada a niveles espectaculares cuando no se sabe para dónde irá la cosa después. Por otro lado, Darrow (quien fue el diseñador conceptual de los escenarios de Matrix), toma el concepto de Miller y lo exprime hasta el más ínfimo detalle: no se olvida nada y agrega lo que él cree necesario para que la historia continúe. En el cómic se puede ver ese futuro desolador. Se puede notar la ausencia de reflexión en los sujetos, el libertinaje llevado a la desmesura de su concepto. La nada, que equivale a la muerte masiva, como si no importara a este nuevo mundo la aniquilación de los otros. Todo esto, es transmitido a través del dibujo, en las páginas completas de una sola escena, en los momentos en donde la acción se detiene y en los que Nixon cumple el deseo (a medias) de destruirse –internamente– para encontrarse. Y llega un problemático final: el sujeto se define físicamente, pero decide ser aquella proyección que le fue impuesta porque no desea reconstruir su identidad. En esa elección de lo predeterminado aparece el brillo de Hard Boiled: su personaje se alinea a otros, también ultraviolentos, que no tienen un anclaje identitario que los redima o los libere del placer que les produce la destrucción total.

9782731630497_1_75

Por su parte, “La Naranja Mecánica” de Stanley Kubrick, basada en la novela del mismo nombre de Anthony Burgess, también nos demuestra esta búsqueda de identidad por parte de un sujeto que transita la vida siendo violento. Alex, con sus drugos, violan, matan, reniegan de un sistema que los terminará atrapando de formas distintas y que resultará definitorio en torno a sus identidades. Tanto Alex, que se vuelve carne de cañón en aquel recordado experimento conductista, como sus compañeros, permanecen al margen del mismo sistema, en un estado indefinido. Es en el capítulo 21 de la novela donde Burgess desliza que la identidad del hombre se ve forzada a ser violenta o tranquila, considerando que esa definición enmarca un experimento donde el sistema descarga su propia violencia sobre un Alex reducido a ratón de laboratorio.

000_co_pitch-cover

Sin embargo, estos lenguajes y formatos no son el único vehículo de historias violentas: basta revisar el animé Neon Genesis Evangelion (NGE), más conocida como “Evangelion”, como otro ejemplo de las posibilidades del HB. Allí los personajes sufren una pérdida de identidad que es atravesada por peleas que los hieren de manera extrema, tanto física como mentalmente. En consecuencia, la violencia aquí cobra dos sentidos: los personajes saben que son objetos de un sistema y, a la vez, que a ese sistema no le interesa la pérdida de vidas sino que persigue una causa mayor. Asimismo, estos personajes se ven inmersos en una lucha por no dejar que sus propias mentes los violenten al extremo de perder la cordura. La ultraviolencia y su relación con el dilema identitario es, entonces, combustible esencial en el Hard Boiled, que parece hacer uso de ambientes futurísticos y de tramas macabras. En ellas, el ejercicio de la violencia, deja huellas tanto en el plano físico como en la psiquis de los personajes.

En este breve recorrido, ese dilema identitario en un contexto de sobresaturación de la información parece ser una constante. Las obras, incluyen un dejo filosófico que arroja interrogantes en torno a un futuro posible pero más que eso, también a distintos escenarios del pasado y del presente.

Evangelion
Evangelion

* Imanol Prieto es estudiante de la carrera de Letras en la UNPSJB

y músico en la banda punk Malditos Bastardos.

Anuncios