Cuando Brasil 2014 es excusa para hacer literatura.

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*Por Silvia Araújo

 

El ingreso del fútbol a la literatura ha estado marcado por fuertes tensiones: entre  los que  profesan devoción y los detractores más acérrimos. Uno de los más fervientes opositores a este deporte fue Jorge Luis Borges, quien no desperdició oportunidad para manifestar su más profundo desprecio hacia ese juego al que reduce apenas a once jugadores que corren detrás de una pelota para tratar de meterla en un arco” y cuya popularidad le resulta incomprensible:

“Yo no entiendo cómo se hizo tan popular el fútbol. Un deporte innoble, agresivo, desagradable y meramente comercial. Además es un juego convencional, meramente convencional, que interesa menos como deporte que como generador de fanatismo. Lo único que interesa es el resultado final; yo creo que nadie disfruta con el juego en sí, que también es estéticamente horrible, horrible y zonzo (…) Y también es muy raro que siendo Inglaterra un país tan odiado – tan injustamente odiado – nadie le haya echado en cara el haberle metido al mundo ese juego tan estúpido. Yo creo que el haber impuesto el fútbol en el mundo es el peor crimen, el mayor crimen cometido por Inglaterra”.

Sin embargo, ni siquiera el mismo Borges pudo sustraerse a esta pasión popular y masiva y, junto a Bioy Casares en 1967, escribió un cuento dedicado al fútbol en sus Crónicas de Bustos Domecq, titulado “Esse est percipi” (Ser es ser percibido), en el que el  narrador descubre, no sin asombro, que ya no se juega al fútbol en los estadios y que lo que transmiten los locutores cada domingo no es más que una representación armada por los dirigentes de los clubes en sus despachos, una farsa transmitida por los medios:

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“No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”

Por otra parte, en el extremo opuesto del lado de los simpatizantes, aparece como insoslayable la figura del Negro Fontanarrosa, quien en un reportaje realizado por Guillermo Saccomanno realiza una somera genealogía acerca del ingreso del fútbol a la literatura argentina:

Cuando leía a los norteamericanos me daba cuenta de que ellos escribían sobre deporte. Hemingway sobre boxeadores, sobre toreros. Mailer sobre Clay. Philip Roth describe en uno de sus libros la literatura norteamericana como si se tratara de un partido de baseball. Pero acá esto no pasaba. De acuerdo, Cortázar y algún otro más habían escrito sobre box, pero sobre fútbol, nadie. Y el fútbol era y es nuestro deporte nacional. Uno que fue pionero fue el uruguayo Enrique Estrázulas que, creo que fue en Crisis, escribió sobre Pepe Sasía, un jugador magnífico. “Desde el barro” se llamaba el cuento. (En realidad, el nombre del relato es “Aprendiz de barro”) Y no transcurría en la cancha sino afuera. A mí me llamó mucho la atención ese cuento porque por este lado nadie escribía sobre fútbol. Hasta que empezó Soriano. Después, Sasturain. Y no muchos más. Quien más ayudó a difundir esta relación entre el fútbol y la literatura fue el periodista Alejandro Apo con su programa de radio. Es que escribir sobre fútbol no es contar un partido, lo que pasa en la cancha, sino lo que está afuera, lo que rodea y hace a la cancha. Como hicieron los norteamericanos con sus boxeadores: la pelea es lo de menos. Y lo que interesa no es el combate en sí sino lo que hace a su esencia”.

Es decir, el fútbol es apenas una excusa para hablar de otra cosa. Algo similar a lo que plantea Fixture, el proyecto que llevan adelante Anita, Nacho, Gonzalo y Alfonsina, editores de Chuy y de Malaletra, de Bahía Blanca, quienes se unieron para armar una antología que saldrá en el mes de junio de este año, al comienzo del Mundial Brasil 2014.

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HAY EQUIPO

Dicen los organizadores que Fixture es un pretexto, un motivo para reunir en una edición a artistas de diferentes lugares y estéticas. No es necesariamente un libro de fútbol ni del mundial, sino un “picadito astral”, en el que las obras conversan entre sí, con cierto dinamismo. La metodología de la convocatoria fue sortear los países que concurren a Brasil 2014 y asignarle uno a cada artista. A partir de allí cada uno produce su obra.

Entre los convocados aparecen:

Textos: Roberto Appratto, Diego Recoba, Seba Pedrozo, Damián Ríos, Manuel Podestá, Meli Depetris, Matías Moscardi, Oscar Fariña, Victoria Estol, Walter Lezcano, Lucas Oliveira, Vale Tentoni, Claudio Capelan, Marina Yuszczuk, Nico Arias, Mario Bellatín, Damián González Bertolino, Leo Oyola, Rodolfo Santullo, Romina Lanfranchini, Mario Ortiz, Marcelo Díaz, Luis Sagasti y Ricardo Strafacce.

Imágenes: Francisco Drisaldi, Massi Díaz, Leo Coccia, Leti Aiello, Guido Poloni, Andrés Farías, Agustín Rodríguez, Esteban Serrano, Violeta Avit, Gaucho Ladri, Natalia Quesada, Max Cachimba, Sandra Biondi, Jorge Gonzalez, Mariano Perarnau y Majo Petrosino.

Ahora bien, como el presupuesto les “sacó tarjeta roja”, los organizadores solicitan cooperación en su página, para financiar el proyecto. Las colaboraciones van desde $25, $50, $120 hasta $ 5000 y cada monto representa una contrapartida en premios o la preventa de Fixture a un monto inferior al precio que tendrá luego a la venta.

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En su página de Facebook ya se pueden leer fragmentos de algunos de los autores que integrarán el libro, así como también las ilustraciones que acompañarán a los textos.

En este sentido, proyectos como Fixture no hacen sino reafirmar la idea de que quienes están en el terreno del fútbol hacen literatura acaso sin proponérselo. Porque qué otra cosa, son: “barrilete cósmico”, “la mano de Dios”, “al rincón de las arañas”, “colgarla en el ángulo”, sino parte de una retórica popular colmada de hipérboles, de metáforas, de sinécdoques e hipálages,  que se renueva cada domingo. A esa retórica apela también Hernán Casciari. Escúchenlo.

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*Silvia Araújo es Profesora en Letras en la U.N.P.S.J.B. Especialista en Literatura Latinoamericana por la UNILA (Brasil) Es docente de la cátedra Literatura Argentina II y co-editora de #ND

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