Feria del libro, instrucciones de uso

Por Celina Salvatierra*

Un programa puede ser una simple enumeración, una conjunción de propuestas distribuidas en el papel, o incluso una serie de superposiciones. Muchas veces, se propone como una guía, un mapa que, ayudado por un eje de horarios, días y lugares, a veces por clasificaciones temáticas, nos sugiere posibilidades, recorridos, citas a las que daremos tiempo para ser parte de un auditorio, en las que podremos ahondar en temas de interés, o quizá también, -porqué no-, un programa de actividades puede ser una lista que, simplemente, no logre movilizarnos. En este punto, es necesario decir que la segunda etapa de la Feria del Libro de la ciudad, reinaugurada después de once años de ausencia, contó con un plus o dos desde su primer día. Fue posible entonces respirar la expectativa en torno a qué ocurriría (en el transcurso de las cuatro jornadas, del 20 al 23 de noviembre) y a eso sumar, además, algún que otro hallazgo a partir de intereses individuales, mejos objetivables. El más simple: ver qué pasaba. El más pertinente: conseguir un buen libro. El más aventurado: sorprenderse y conectarse con otros, observar de cerca la potencialidad de distintas personas que compartieron lo que hacen -fuera y dentro del campo literario-, y que estuvieron dispuestas a contar cúal estaba siendo su aporte. Más que nada, la feria trajo consigo una conjunción, una suma, y claramente -incluso bajo una intencionalidad manifiesta– se volvió un espacio múltiple, diverso, sin filtros.

Como se dijo, pasaron once años desde aquellos encuentros literarios–muchas veces motorizados por el siempre recordado Blas Cáceres, Elsa Sarcos; Marcelino Alvarado y otros actores culturales, como las bibliotecas populares–, más de una década, sin “fiesta” del libro en la ciudad. Si bien, es necesario decir que la autogestión no quiso quedarse quieta en los tres últimos años (con la Esfera Tejida, que propuso intercambios del libro usado y actividades varias, anuales y consecutivas), la iniciativa oficial reorganizó, convocó y propuso con el apoyo explícito del Ministerio de Cultura y de organizaciones públicas y privadas.

Por otra parte, la intención de este texto no es hacer una síntesis, (fuentes oficiales ya difundieron que hubo 30 mil asistentes) sino reivindicar el hecho de que la búsqueda de los lectores comunes quizá pudo estar más cerca del modo en el que aquel programa inicial podía volverse disfrutable.

En principio, producto del deambular por los stands del Centro Cultural se conocieron y reconocieron en mayoría actores y organizaciones locales y regionales: Lectosaurio, Bonsai “libros en miniatura”, publicaciones católicas, Editorial Universitaria, Comunidades Extranjeras, Comodoro Conocimiento, Dirección de Turismo, Fondo Editorial Provincial, Crónicas escolares, autores locales, entre otros. Junto a ellos, también estuvo -tal como se había anunciado- la Cámara Argentina del Libro (CAL), que reúne a editoriales mayores y a otras en crecimento. La CAL, es también el organismo que administra -desde 1982- la Agencia Argentina del Número Internacional Normalizado para Identificación de Libros (ISBN). En uno de los stands más grandes del lugar, la CAL sintetizó una propuesta que buscó complacer a la mayor cantidad de lectores, y Diego Ravenna, su librero-vendedor, charló con DOM sobre libros, literatura y los núcleos problemáticos de esta industria en el país.

Según sus dichos, han habido algunos movimientos de piezas en un tablero con jugadores fuertes-que no cambian del todo el panorama- pero que podrían hacerlo a futuro. En síntesis: hoy el mercado (producción y distribución) sigue copado por las editoriales del grupo Clarín (Planeta, Sudamericana, Emece, Lumen, Seix Barral, parte de Tus Quets) que podrían ver vistas por un ojo entrenado en la lectura selecta como máquinaras productoras de “best sellers”. Pero, a la vez, comienzan a sonar otras que, como Colihue, son identificadas por sus vínculos informales con el gobierno nacional, y, de acuerdo a lo que contó el librero, ese hecho de algún modo estaría diversificando la propuesta. Pero también hay un tercer elemento: hay esfuerzos de otras editoriales que buscan nuevos posicionamientos o nichos de venta. Por ende, el ejercicio de la Cámara es hacer llegar un catálogo más equilibrado hasta ferias del interior del país sumando así a Comodoro Rivadavia como el destino más austral, no sin antes haber participado en ferias de General Roca y Cipolletti.

En su búsqueda, DOM encontró a Ravenna custodiando títulos que, según dijo, había leído “con mucho placer”. Quizá, por ese gesto, y por las ganas de hablar de libros y de sus entretelones, Ravenna pareció ser una de esas figuras en extinción que todo lector desea y muchas veces añora: alguien que recomiende una buena obra y que le cuente una historia que ayude en su elección.

-¿Se puede hablar de alguna tendencia en la venta o consultas sobre los libros del stand?

R-No, el gusto es variado. Sale mucho Mafalta, ensayo, pensamiento nacional, historia. ¿Qué más me preguntaste?

-Sí, si en particular, las editoriales armaron algo para la feria comodorense.

R-Bueno, la Cámara Argentina del Libro hizo la convocatoria para cada editorial (son en total 24) y tenemos libros de todas. La Cámara apoya además a las ferias y a sus socios para que participen de los stands colectivos. Después ya queda en cada editorial lo que se muestra. Hay que decir que el cupo se limita según espacio, y que las propuestas se piensan según novedades o anticipando lo que puede funcionar.

-Y a qué se apostó en Comodoro, teniendo en cuenta que no hubo ferias pasadas en años anteriores y no se puede establecer qué tipo de libro se prefiere.

R-No, a eso lo maneja a criterio cada editorial. En general se da a conocer el sello, la producción editorial argentina, qué se edita, qué se trabaja. Dentro de eso, hay editoriales más establecidas, léase Siglo XXI con Galeano o Foucault, a la Flor que tiene a Mafalda, Gaturro, y otras, que pueden acercar cosas y que aprovechan que no son libros tan expuestos, como el caso de Argentinidad que tiene material para bibliotecarios, materiales para docentes, esas son las editoriales más chicas. De todas las que tenemos, 23 son de Buenos Aires y una, Comunicarte, es de Córdoba.

-¿Y cómo anduvieron las ventas?

R-Bien, hubo mucho movimiento, se notó que hay gustos muy variados, al traer un stand colectivo se aprovecha eso: tenemos narrativa, infantiles, docencia, ciencias sociales. En general hay un acercamiento interesante al libro.

-¿Los visitantes eligen solos o esperan recomendaciones?

R-Preguntan bastante, cosas que les interesa. Después está el laburo de cada uno, decir, “si te interesa esta línea tenés este otro material que está bueno”.

-Entonces. ¿Qué me recomendarías?

R-A mi me gusta mucho todo lo que hay. Pero en narrativa, tengo una novelita de un escritor portorriqueño -para el lector exigente-, que ganó el premio internacional de novela Rómulo Gallegos (2013), Eduardo Lalo.

Simoné, elegida de manera unánime por el jurado del Rómulo Gallegos, entre 200 obras de 17 países, tiene como personaje central a Li Chao, obrera china -que emigra a Puerto Rico y- que encuentra en el arte el escape a un trabajo de sol a sol en un restaurante chino. Esa historia, la de la chica que quizá podría recordarnos al personaje de Bailarina en la Oscuridad, de Lars Von Trier, es fruto de la inventiva y quizá del posicionamiento político de Lalo, profesor de Humanidades y Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico, quien es un crítico declarado de la relación cultural y política de su país con Estados Unidos.

R-Es un gran escritor. Es una hermosa novela de ediciones Corregidor. Después tenemos una colección interesante de textos de trabajadores de empresas recuperadas, clásicos del pensamiento contemporáneo, Foucault sin lugar a dudas. Hay mucho que se está editando sobre Foucault, hay que considerar que hay como 70 mil páginas inéditas, así que tendremos Foucault para rato.

-¿Con relación a la distribución a distintos puntos del país, ha cambiado el panorama?

R-En general se mantienen los grandes grupos, hay algunos cambios, pero las tendencias se mantienen. Ante eso la Cámara apoya a sus socios con convenios como el que tiene con el Correo Argentino, para que, lo más difícil que es el costo del transporte hasta el sur, quede de algún modo saneado, siendo la idea también llegar a ferias del libro en la mayor cantidad de provincias.

En particular, Ravenna es también librero independiente. Tiene “Orillas Libros”, y como editor, comentó que aunque es difícil competir con la industria masiva del libro, la experiencia de estar en contacto con otros títulos -más de culto- es, a su entender, lo que lo hace sentirse satisfecho. “El librero independiente sabe que no se va a llenar de plata pero con lo que hace le basta”, dice, remarcando que entonces el potencial está en: “publicar lo que merece ser publicado”.

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Como se dijo al principio de este texto, lo que quedó claro para quien vivió la feria fue que hubo una mirada amplia, integradora. De ese modo, referentes de distintos espacios culturales se unieron a la convocatoria, con conciertos y presentaciones de coros, exposición de obras plásticas, proyección de películas adaptadas para ciegos y disminuidos visuales, propuestas de interés general como la “Conferencia sobre ovnis” a cargo de Raúl Baigorria, además de una mesa y presentación de libro con periodistas deportivos y el preparador físico Fernando Signorini. A todo ese devenir heterogéneo, se sumaron charlas con los escritores Felipe Piña y Daniel Balmaceda. Entre ambos, la nota del día la marcó Piña, quien lamentó la coincidencia en horario y día con el encuentro River-Boca (jueves 20). No obstante, hubo asistentes que los siguieron a ambos, considerando que Balmaceda también trabaja una narrativa en perspectiva histórica. Sobre el fin de semana, hubo más presentaciones, ya locales, como la del libro Patrimonio cultural: debates actuales y múltiples miradas. La ciudad de Comodoro Rivadavia bajo el prisma patrimonialista”, coordinado por Graciela Ciselli y con el acompañamiento de Liliana Carnevale. Ciselli -quien tiene ya 25 años de escritura sobre historia regional–detalló a DOM que, el texto fue producto de un trabajo interdisciplinar que buscó articular el patrimonio cultural con otros aspectos de la vida social tales como el turismo, el ambiente, las políticas públicas, entre otros subtemas que se desprenden de ese núcleo duro. Si bien se trata de una producción teórica y metodológica conjunta (participan en el libro Aldo Enrici, Carnevale, Analía Orr, Mirta Figueroa, María Teresa Ortega, Silvana dos Santos y Jorge Kulemeyer), lo cierto es que el objeto de discusión ha sido siempre y mayormente la ciudad, lo histórico, arquitectónico, sus lugares y monumentos.

C-Pusimos en discusión todo eso. Es el primer libro escrito sobre la temática. Hay muchos congresos sobre patrimonio cultural pero muy pocos textos en Argentina. Hay encuentros, ponencias, exposiciones, pero algo trabajado concretamente, no hay. La veta novedosa es discutir el patrimonio cultural en su relación con el ambiente. Sobre eso, yo diría que no hay antecedentes. Por eso es un aporte. Y hace poco llevamos un capítulo a la Universidad Nacional de Córdoba, a una jornada de patrimonio cultural y legislación y –aunque estamos hablando de unas jornadas nacionales– nos dimos cuenta de que apenas se está trabajando este tema.

De acuerdo a lo que se dijo en el día de la presentación, más allá de su forma académica el texto es también para los vecinos, quienes guardan libros anteriores de investigación como material de consulta. Se aseguró que su lectura es fluida y que por eso este trabajo podía sumarse a las bibliotecas de consulta en ámbitos vecinales.

Tanto Ciselli como Carnevale forman parte de la Comisión General de Patrimonio y desde ese espacio, se logró la modificatoria de la ordenanza de patrimonio, como también la declaración de los sectores de Km 3, km5, km 8 y Astra como patrimonio cultural de la ciudad. En ese sentido, se dijo que se abre una protección sobre distintos aspectos: hay que hacer estudios ambientales previos a cualquier intervención, obra o modificación si se piensan para espacios públicos en esos barrios y en ese punto, consideran que es vital la difusión, para que los vecinos accedan a hacer acuerdos con el municipio incluyendo así la obra privada bajo el mismo paraguas. El patrimonio entonces se debate entre el interés social, los conflictos inmoviliarios, los alcances de las legislaciones locales vigentes y el interés de quienes logran reconocer el valor de los edificios y espacios, e incluso se abren paso para conservarlos y mantenerlos través de la autogestión.

Ya en otro punto, este tema que apasiona a las investigadoras, tendrá continuidad en un libro venidero cuyo título es “El patrimonio como huella de trabajadores petroleros en el territorio: el caso de YPF en Comodoro Rivadavia y su impronta cultural”. En tal sentido, este otro texto que ya está en imprenta, ahondará como lo anticipa su título, en un estudio de caso sobre barrio General Mosconi, cuyos detalles se compartirán con la comunidad en febrero, posiblemente de manera coincidente con el aniversario de la ciudad.

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En el universo de la feria, además, se trataron temas más cercanos a la lectura y de la literatura, como adecuaciones curriculares y otros asociados al “desafío de facilitar el camino de la alfabetización”. También se propuso hacer literatura en formatos convencionales con un taller de encuadernación, con un espacio para fabricación de libros de papel y creación de personajes, y hubo literatura en soportes no convencionales, con el taller “Poesías, literatura y origamis”. Se trabajaron distintos aspectos de la oralidad y se contaron cuentos a los chicos, muchos de ellos llevados por sus maestras y abuelas, e Istvansch (ilustador de libros álbum) integró una mesa debate sobre literatura infantil y juvenil en la que alumnos y docentes ocuparon gran parte de las filas del salón del hotel Lucania.

Por momentos, la asistencia a las actividades pareció ser dispar, y algunos participantes opinaron que esas variaciones tuvieron que ver con que la feria propuso un recorrido por distintos edificios cercanos entre sí, todos dentro del centro, pero que a la vez coincidieron horarios e invitaciones que desagregaron la participación. No obstante, el último día de feria logró más adhesión a pesar de la lluvia.

EDUCACIÓN Y LITERATURA

EN OTROS SOPORTES

El aula vidriada del centro cultural fue laboratorio de experiencias. A su cargo estuvo Fernando Nízzola, integrante del Equipo Técnico Juridisccional (ETJ-TIC) que trabaja en la implementación de Conectar Igualdad, quien atendió a los curiosos que pasaron por ahí e hizo demostraciones varias con tres netbooks del programa nacional. Desde allí, propuso una serie de juegos experimentales que apuntaron a afilar la mirada de los jóvenes, adolescentes y niños pero también de los docentes en torno a lo que se puede hacer con esas computadoras. En su charla con DOM, Nízzola resaltó que, el uso e implementación de tecnologías de la información y comunicación (TIC) en la escuela depende mucho de la posibilidad de “perder el miedo” a la exploración. El caso concreto es que, quitando a las escuelas que tienen determinado tipo de especialización más cercana la informática, en general muchas otras comunidades educativas vivencian una suerte de estancamiento o quietud dándole a las computadoras un uso básico.

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N-Muchas veces pasa que mostramos cómo funciona el microscopio y los docentes y alumnos quedan encantados, y si uno va a algunas escuelas puede verlos guardados con sus envoltorios originales.

Con ese diagnóstico, como representante local del programa, realizó demostraciones una y otra vez para chicos y grandes durante los cuatro días. Explicó el uso de software para tareas de física, ciencias naturales, para hacer realidad aumentada como forma de incentivo del hábito de lectura, puso en marcha software y aplicaciones que están a la mano, pero que al parecer no son objeto de devoción, en general, en las escuelas.

N-El modelo “uno a uno”, sintetiza el modelo teórico del programa nacional. Implica, que, cada alumno de escuelas secundarias, niveles superior y especial accedan a una terminal portátil. Dicho diseño teórico contempla entonces propuestas didácticas y curriculares pero también de acompañamiento para elaborar otras estrategias para la adaptación necesaria de los instrumentos en la dinámica del aula. Se añade a lo anterior la necesidad de mostrar acciones posibles, como se hizo en la feria.

-¿Cómo se puede caracterizar el uso efectivo que hacen los chicos?

N-El uso es dispar. Queda mucho por hacer en términos de capacitación docente que permita el ingreso y el uso del dispositivo en el aula. Hoy en día se requiere que ese ejercicio funcione -además- como requisito de una instancia de capacitación. Es algo administrativo, pero la intención es avanzar en ese aspecto y hacer ajustes. Los chicos usan mucho la computadora para cuestiones personales. Estamos lejos de ir a la escuela y ver a los pibes siempre trabajando, pero en ese sentido estamos transitando el camino de concientizar y pasar al uso efectivo en el aula.

¿Y cuáles son las dificultades principales que presenta ese uso?

N-Pasa lo mismo que con el libro. Cuando el libro irrumpió seguramente era lo nuevo y desconocido. Hay resistencia entre algunos docentes pero son pocos los que se animan a decir que esto no es válido. Además en ningún momento se habla de sustitución. Hay temas que requieren el uso de tecnología y otros no, incluso la tiza y el pirrazón sirven a los fines de enseñanza. La idea es descubrir nuevas formas, siempre sin imposición. Nosotros queremos que ellos vivencien una experiencia de inclusión con TIC, ir rompiendo la inercia.

Para la feria, y en pos de ese cambio cultural por el que abogan quienes trabajan en este marco, se propuso descomponer los elementos de la arena a través del uso del microscopio, entre otras curiosidades.


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-Los chicos vieron los cristales de la arena, animalitos que están en muestras selladas, como moscas de la fruta de la zona norte del país, o huevos de los camarones, fibras de lana, entre otros elementos del mundo que no están accesibles a simple vista. También mostramos lo que se puede hacer con la cámara de tiempo: documentar un amanecer, pasar del hielo al agua, o cómo germina una semilla, es decir horas traducidas en segundos. Además está la cámara de movimiento, como es el caso de la que se emplea para física y cinemática.

Una de las atracciones más cercana a la enseñanza de la literatura fue la de contar un cuento con realidad aumentada. Nízzola tomó un texto infantil de su hijo, imprimió y asignó códigos con la netbook, y siempre que chicos y grandes se mostraron interesados, leyó la historia mostrando los dibujos que ya tenía más el adicional de las imágenes en 3D que se vieron en otra pantalla. El libro con el que trabajó hizo hincapié en la función que cumplen los distintos sentidos: olfato, gusto, vista, tacto. Aspectos que pudieron verse de manera detallada gracias al aporte en tres dimensiones. En ese caso, de acuerdo a lo que explicó, se empleó “un modelo 3D con generación de código QR” que posibilitó incluir información que no vino originalmente en las páginas de papel.

Por otra parte, Conectar está apoyando además a la Audioteca “Leer escuchando” -que funciona en la Biblioteca Municipal- para que, personas ciegas, disminuidas visuales y ambliopes puedan acceder a archivos de sonido (con textos literarios patagónicos) también a través de código QR. La idea es que quienes estén interesados puedan escuchar desde el celular las distintas grabaciones que estén disponibles. El blog que reúne lo trabajado hasta el momento es http://audiotecaleerescuchando.blogspot.com.ar/ . Para eso, la audioteca obtiene no sólo el apoyo de Conectar Igualdad sino también de autores de la región que dan autorización para compartir con esta modalidad su obra, de voluntarios que asisten para leer y grabar, y también de las radios Crónica, LU4 y  Radio Universidad, que prestan sus estudios.

Javier Ruíz, integrante de la Audioteca, comentó que el aula vidriada sirvió también como lugar para que quienes quisieran, pudieran hacer preguntas sobre las aplicaciones que pueden ser utilizadas por personas con capacidades diferentes, entre ellas, “el software lector de pantalla y el de cine audiodescriptivo para ciegos”. Este último, consiste en un cine que no se ve (los asistentes se cubrieron los ojos) sino que se escucha, teniendo un relato con mayor cantidad de detalles y de referencias en torno a la acción. Ruíz quiso compartir también que esta propuesta captó el interés de quienes pasearon por la feria, donde se proyectaron las películas “El secreto de sus ojos” (2009), de Juan José Campanella, el drama “Anita” (2009) Marcos Carnevale, y “Cuestión de principios” (2009) de Rodrigo Grande.

R-Son todas formas de incluir a personas que no podían acceder al cine o a la literatura. Hay películas que las tiene la Biblioteca Argentina para Ciegos (BAC) que, a su vez, está vinculada a la Organización nacional de ciegos de España (ONCE). Ellos reciben e intercambian y tienen una filmoteca muy grande, descrita por españoles. En ese sentido, también hay guionistas especializados para este tipo de actividades. Además, como servicio, dentro de poco vamos a tener computadoras adaptadas para Internet en la biblioteca. Pronto va a estar el servicio instalado para la comunidad.

Después de pasar por ese punto del recorrido de la feria, los visitantes pudieron hacerse preguntas en torno al uso de dispositivos tecnológicos para facilitar el acceso a contenidos –literarios, y de distinto tipo, si se quiere– y el objetivo estuvo cumplido. Esto es porque si hay una necesidad, -considerando sobre todo la de escuchar una buena historia o de vivir una experiencia-, el uso de tecnología se va volviendo un camino en vez de ser un objetivo final.

En tanto, si bien las problemáticas que giran en torno al hábito de la lectura es un tema para especialistas, un dato interesante, lo aportó Ezequiel Murphy, organizador del encuentro del libro usado “La Esfera Tejida”, en la charla sobre autogestión que se realizó el sábado en el Ceptur. Yendo más allá de las apariencias, Murphy dijo que: “son pocos los espacios donde se enseña realmente a leer; si entendemos a la acción de leer en tanto buscar, seleccionar, reflexionar, indagar, apropiarse de la literatura, es decir, no del cuerpo del libro, sino de su contenido”. Bajo la lógica del gestor cultural que habla desde la práctica, los encuentros que giran alrededor del libro tienen, entonces, varios desafíos. En principio seguir sumando experiencias pero también profundizarlas de manera creativa. Lo interesante, como ocurre en todas las acciones culturales, es también el hecho de que al hacer, se abre la posibilidad de evaluar, desarmar, fortalecer y volver a andar para proponer encuentros que alcancen a nuevos públicos y sumen también, y porqué no, otras miradas.

*Publicado originalmente en Revista DOM, diario Crónica, Comodoro Rivadavia.

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